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Ruta por los pueblos más bonitos del Matarraña: paisajes únicos y tesoros góticos en Teruel
Ruta por los pueblos más bonitos del Matarraña: paisajes únicos y tesoros góticos en la Toscana de Teruel
Hay que aventurarse por esta comarca de Teruel para contemplar su excelencia arquitectónica, disfrutar de la belleza de sus paisajes y probar sus delicias gastronómicas. Esta ruta pasa por La Fresneda, Valderrobres y Calaceite. Abierta, por supuesto, a cualquier desvío e improvisación.
Viajar por la comarca del Matarraña, en el extremo nororiental de Teruel, no es cualquier cosa. Es una tierra bendecida por la naturaleza, con un paisaje cambiante que va desde las cumbres de los Puertos de Beceite hasta los pinares de Monroyo, entre ríos, desfiladeros, olivares y viñedos, anticipando ya el valle del Ebro y haciendo gala de una gran biodiversidad. Una tierra que, además, ha sabido conservar su legado arquitectónico de una manera que hoy resulta prodigiosa. No es de extrañar que se la haya bautizado como la Toscana española. Solo hay que ver el encanto que lucen sus pueblos para constatar la validez del apodo.
En el Matarraña se puede hacer la ruta del arte rupestre, que pasa por Cretas, Mazaleón o Beceite, con pinturas que se engloban dentro del arco levantino, declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco; la de los íberos, que abarcaría Calaceite, Cretas, Mazaleón y Valdetormo; o la del gótico, que nos lleva hasta Valderrobres, La Fresneda, Fórnoles, Peñarroya de Tastavins o Lledó. En total, son 18 pueblos. A esta comarca le pasa como al Maestrazgo, que no se sabe por dónde empezar porque todos los pueblos tienen su aquel. Nosotros nos hemos quedado, de momento, con estos tres.
La Fresneda, un pueblo de película (de Vicente Aranda)
A la orilla del río que da nombre a la comarca, y surcado también por el arroyo del barranco de los Canales, se encuentra este pueblo de apenas 460 habitantes, rodeado de olivos, pinares, almendros y campos de cereales. Lo abrazan dos colinas. La coronada por el Castillo Calatravo, levantado sobre un asentamiento íbero, desde el que se goza de una panorámica privilegiada de los Puertos de Beceite. Y la otra, por la ermita de Santa Bárbara, cuyos restos hablan de su pasado espiritual y astronómico, situándonos además en el terreno de la leyenda.

Un pueblo que puede resultar perdido y que, sin embargo, atesora un palacio renacentista, una iglesia del siglo XVI y hasta mazmorras de tiempos pretéritos. Tanto patrimonio y de tal calibre le valió ya en los años ochenta la calificación de conjunto histórico-artístico. Y también que lo eligiera Vicente Aranda como escenario de su película "Libertarias".
A La Fresneda se accede por el antiguo arco de entrada a la muralla, el portal de Xifré, que conduce hasta la que está considerada una de las plazas más bellas de Aragón. La plaza Mayor, de forma triangular, acoge la Casa Consistorial, magnífico edificio gótico-renacentista con una gran lonja, pero también un buen número de casonas señoriales de los siglos XVII y XVIII. A partir de aquí, ya hay que perderse por sus calles empedradas y laberínticas. La calle Mayor luce soportales bajos y da paso a los callejones de la antigua judería.
Hay que prestar atención al palacio del Marqués de Tosos y al de la Encomienda, que fue residencia del comendador de la Orden de Calatrava, donde se almacenaban los productos agrarios recaudados. Igualmente, son de destacar la capilla del Pilar, de los siglos XVII-XVIII, y la iglesia de Santa María la Mayor, que conforma la silueta del pueblo bajo los restos del castillo, adscrita a diversos estilos por las numerosas reformas sufridas a lo largo del tiempo.
Valderrobres, un castillo-palacio y una iglesia góticos
A los pies de Valderrobres, al abrigo de altas montañas, como la Peña Aznar o La Caixa, con su característica forma, pasa el Matarraña, dividiendo el pueblo en dos: el casco antiguo y la parte nueva, donde viven la mayoría de sus 2.555 habitantes, que no está nada mal para la zona. Ya solo la entrada nos pone en situación. Para conquistarlo hay que cruzar el puente medieval, de cuatro ojos, y atravesar la muralla por el portal de San Roque, una de las siete puertas que tuvo.

No es un escenario de ficción, aunque lo parezca. Es uno de los pueblos más bonitos de España, sin exagerar. Lo es por el conjunto histórico-artístico, que corona la iglesia de Santa María, exponente máximo de la arquitectura gótica en Aragón, y que se ve enaltecido por el castillo-palacio de Valderrobres, asimismo gótico, y el ayuntamiento, que es ejemplo magnífico de palacio renacentista aragonés. Curiosamente, palacio e iglesia estuvieron unidos. Normal si se piensa que fue construido por los obispos zaragozanos, que habitaron en él desde el siglo XIV hasta la segunda mital del XVII. Fue residencia ocasional de doña Leonor de Alburquerque y doña María de Castilla.
Como se ve, Valderrobres es principal. Así lo quiso el arzobispo de Zaragoza a partir de 1307, tras la Reconquista, cuando se convirtió en el amo y señor feudal de estos pagos. La parte vieja mantiene la estructura original, organizándose en calles zigzagueantes en pendiente. Aún se ven restos de las murallas antiguas, como el Portal Vergós. La Fonda de la Plaza presenta elementos góticos como el torreón esquinero, las almenas y las gárgolas. Otras viviendas como el Palau o el Torreón de Valentinet también tienen lo suyo. Al Renacimiento pertenecen las casas Foz, Pereret o Molés.
Calaceite, capital cultural del Matarraña
Vamos de pueblo bonito en pueblo bonito. Calaceite, capital cultural del Matarraña, también se lleva la palma en este sentido. No es tan grande como Valderrobres, ni tan pequeño como La Fresneda. En su caso, son 961 habitantes. Viven a la sombra de los cerros de San Antonio, San Cristóbal y el del Castillo, que también lo tuvo, aunque no queda ni la sombra. Y, además del río Matarraña, ven sus tierras bañadas por el Algás, que hace de límite con la provincia de Tarragona por el noreste.

De nuevo, este casco histórico ofrece un viaje en el tiempo con sus edificios señoriales, sus plazas y pórticos. Hoy podemos disfrutar de la época dorada que vivió en tiempos pasados al contemplar la fachada renacentista del ayuntamiento, con lonja y antigua cárcel en la planta baja y galería con arquillos en la segunda. Al pasear por la calle Mayor, la calle Maella o la plaza de los Artistas, atentos a las casas blasonadas con los balcones de forja.
Al cruzar la plaza de España, lugar de reunión, donde antaño tenía lugar el mercado, se celebraban asambleas y se ajusticiaba a los presos. Al visitar la iglesia parroquial de la Asunción, de estilo barroco, construida sobre la primitiva iglesia gótica. O al entrar en el Museo Juan Cabré, que lleva el nombre del arqueólogo calaceitano que impulsó las excavaciones en la comarca.
Porque al patrimonio arquitectónico hay que sumar el arqueológico. En el término municipal de Calaceite están localizados varios poblados ibéros: el de San Antonio, el Tossal Redó, Els Castellans, Les Umbries y Les Ferreres. Además, no hay que perderse la torre de Calaceite, que fue parte de la muralla y hoy es una vivienda; los portales-capilla, como el del Pilar, o la capilla renacentista de San Roque. Y a todo esto hay que sumar que aquí se dieron cita buena parte de los grandes de la literatura en español, a raíz de que el chileno José Donoso, autor de "El obsceno pájaro de la noche", lo eligiera como refugio creativo. Esto convocó a Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes o Mario Vargas Llosa.