Por qué tienes que ir al Delta del Ebro: las mejores puestas de sol, un paseo en barca y la isla de Buda
Las puestas de sol en el Delta del Ebro son extraordinarias. FOTO : TURISME LA RÀPITA.

Por qué tienes que ir al Delta del Ebro: las mejores puestas de sol, un paseo en barca y la isla de Buda

En el Parque Natural del Delta del Ebro puedes dar un paseo en barca entre arrozales, contemplar las dunas, espiar a las aves y pegarte el mejor chapuzón. La puerta de entrada es Amposta, en Tarragona.

Ángeles Castillo | Julio 11, 2026

Los humedales, como las Tablas de Daimiel, son los grandes desconocidos. Destino preferente para los ornitólogos y los amantes de la observación de aves, pero olvidado muchas veces por la mayoría. A pesar de que suelen ofrecer estampas de una horizontalidad estremecedora a causa del espejo que son sus aguas, los arrozales que las reverdecen, las playas asilvestradas y la variopinta fauna que las habita. Por no hablar de los atardeceres con un sol encendiéndolo todo como si fuera un poema de Hölderlin reescribiéndose. Una dicha que consagra y que tira del hombre hacia lo alto, algo así. Esto pasa en el Parque Natural del Delta del Ebro. Un lugar en el que se ve la luz, en términos de comunión con la poderosa naturaleza, de éxtasis paisajístico, que además se renueva con cada estación.

Qué ver en el Delta del Ebro

Hay que adentrarse en la desembocadura del Ebro, en la provincia de Tarragona, entre las comarcas del Bajo Ebro y del Montsià. Es ese río que nace en Fontibre (del latín Fontes Iberi, Fuentes del Ebro; literal), en la Cantabria del valle de Campoo, y viene a juntarse con el mar aquí, tras pasar por Palencia, Burgos, Álava, La Rioja, Navarra, Zaragoza, Huesca y Lérida en un recorrido de 930 kilómetros. Al Ebro le debemos una de las zonas húmedas más importantes del litoral mediterráneo. Cómo no iba a serlo si aquí paran entre 50.000 y 100.000 aves de 400 especies diferentes, y más de 700 de flora. Y si conviven río, mar, playas, dunas, lagunas, islas fluviales, salobrales y bosques de ribera.

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Una barca tradicional en el Delta del Ebro. FOTO: MARC PASCUAL/PIXABAY.

De hecho, es el mayor delta del Mediterráneo, detrás del Nilo, que no se puede comparar a ningún otro, con una superficie de 24.000 kilómetros cuadrados, y el del Ródano, que se extiende a lo largo y ancho de 500 km². El nuestro abarca 320 km², como una flecha que se adentra en el mar nada menos que 25 km desde Amposta. Por supuesto, es el humedal más grande de Cataluña y está en el olimpo de Europa Occidental, tras el Parque Regional de la Camarga, en el sur de Francia, y el Parque Nacional de Doñana, junto a El Rocío.

Cómo llegar a la desembocadura del Ebro

La desembocadura está, concretamente, entre los términos municipales de Deltebre y Sant Jaume D'Enveja. La forma más fácil de llegar es por el desvío hacia Amposta desde la AP-7. Una vez en esta localidad, hay que dirigirse a Deltebre y seguir las indicaciones en dirección a Riumar-Desembocadura del Ebro. El parque es inmenso, así que hay que elegir, norte o sur.

Uno de los imprescindibles es la playa del Trabucador, a 10 kilómetros del pueblo marinero de la Ràpita. Una lengua de arena totalmente salvaje que permite el baño en dos mares, el mar abierto y el mar de la bahía de los Alfacs. Este istmo conecta con la península de la Banya. Un paraíso del surf y el mejor lugar para ver una puesta de sol extraordinaria.

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La playa del Trabucador es uno de los imprescindibles del Delta del Ebro. FOTO: TURISME LA RÀPITA.

A la Punta del Falgar se la conoce como el desierto del Delta del Ebro y solo se puede acceder a ella a pie, recorrido que se restringe, en parte, en los meses de verano. La imagen del faro en blanco y rojo, que llaman la Faroleta, emergiendo entre las arenas es inolvidable. El paisaje dunar y la bahía son un regalo para la vista. Se conoce como la playa de los Espejismos, porque se llena de ellos cuando el sol se olvida de ser piadoso y se vuelve reincidente.

Otro de los lugares que le dejan a uno con la boca abierta es la isla de Buda, consagrada al cultivo del arroz bomba, que la defiende del avance sostenido del mar. Esta isla se empezó a formar en el siglo XVIII y es un santuario de aves; más de 350 especies la han elegido como su residencia. La enriquecen las antiguas casas de los primeros habitantes, sus caminos, lagunas, bosques y, en especial, los caballos, procedentes de La Camarga.

Una isla, arrozales, dunas y las aves

La isla está tan protegida que solo se puede acceder a ella libremente alojándose en la Masía Illa de Buda. Una masía estilo valenciano de finales del XIX que en tiempos albergó a los colonos que cultivaban los arrozales. Está pensada para grupos de entre 15 y 26 personas. Si no, siempre nos quedará verla desde otro punto de vista, que puede ser el mirador del Zigurat de Riumar, al final del paseo fluvial de El Garxal, un lugar de por sí mágico y muy celebrado; el mirador del Migjorn, que lleva el nombre del ornitólogo David "Bird" Bigas; o a bordo de uno de los barcos turísticos que recorren el delta, una experiencia ineludible.

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La laguna de L'Encanyssada es la más extensa del Delta del Ebro. FOTO: TURISME LA RÀPITA.

Todo este parque natural es un destino preferente para los locos del birdwatching, pero L'Encanyssada lo es en particular. Se trata de su laguna más extensa, con cuatro miradores para no perderse los rituales de las aves, en los aledaños del Poble Nou del Delta. Un pueblo encantador entre palmeras, donde se levanta la emblemática Casa de Fusta, centro de información y a la par museo ornitológico. Si L'Encanyssada es la laguna más grande, La Bassa de Les Olles es la más pequeña, pero igualmente embaucadora, como todo alrededor, mires donde mires.

TURIUM TIPS

El arroz es el producto estrella del Delta del Ebro. Podrás probarlo en los múltiples restaurantes de la zona. Con bogavante, negro, con verduras, con cangrejo azul o con pato, la carne autóctona.
Los mejillones, las ostras, las galeras o los langostinos también son protagonistas y se pueden degustar en la mayoría de establecimientos. Dicen que tienen un sabor único por la calidad de las aguas del parque.
No te pierdas los atardeceres en cualquiera de los rincones del Delta. Acuérdate de llevar los prismáticos y el repelente de mosquitos.
El puente Lo Passador, que une Deltebre y Sant Jaume d'Enveja, se inauguró en 2010 y es todo un símbolo. Hasta entonces se cruzaba en barca. También desde aquí tendrás vistas privilegiadas y atardeceres únicos.
El Centro de Interpretación de las Barracas del Delta, en Sant Jaume d'Enveja, ofrece una exposición muy interesante sobre las barracas, con maquetas y fotografías históricas y una construcción tradicional.