La esencia del Mediterráneo llega a la Gran Vía de Madrid
Amanda Digón y Pepe Nufrio dan vida a Ella y Ale, dos de los protagonistas de 'El alma al aire'.

La esencia del Mediterráneo llega a la Gran Vía de Madrid

Stage Entertainment España convierte las canciones de Alejandro Sanz en el hilo conductor de 'El alma al aire', su primera producción creada íntegramente en España. Una historia contemporánea y luminosa que habla de raíces, de identidad y del valor de encontrar nuestro lugar.

Gonzalo Varela | Octubre 6, 2026

Hay algo familiar en 'El alma al aire' que conquista al público desde el primer momento: un pueblo del sur, el mar, personajes que podrían vivir a pocos kilómetros de nosotros y canciones que forman parte de la memoria musical de varias generaciones. Con esos materiales, Stage Entertainment ha levantado desde cero una de sus apuestas más singulares, un musical concebido y producido en España que se estrenará el próximo 1 de octubre en el Teatro Ocaso Coliseum, en plena Gran Vía madrileña. Hablamos de una producción que toma como punto de partida una cultura cercana al público nacional y la traslada al lenguaje de los grandes espectáculos musicales, con una historia contemporánea y una puesta en escena desarrollada específicamente para ella.

No se trata de una biografía de Alejandro Sanz ni de un concierto construido alrededor de sus grandes éxitos; sus canciones proporcionan el lenguaje musical de una obra original en la que el repertorio del artista madrileño encuentra significados nuevos. Algunas composiciones adquieren una dimensión distinta al ponerse en boca de personajes que atraviesan sus propios conflictos, mientras que otras encuentran su lugar en los momentos más luminosos de la trama. «Nunca imaginé que pasaría lo que está pasando en los ensayos: es como si las canciones hubieran sido escritas para contar este relato», explica Amanda Digón, una de las protagonistas; «tienen algo superpoético y hablan de muchísimas cosas».

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La historia transcurre en la aldea de Gazule, imaginada por el dramaturgo Álvaro Tato, pero con conflictos muy actuales.

Su compañero Pepe Nufrio comparte la sorpresa: «La música de Alejandro Sanz toca un montón de palos, y eso provoca que el musical sea de una enorme variedad. Cada tema posee algo diferente, pero todos conservan ese elemento suyo, esa belleza, esas imágenes tan emocionantes que sabe crear». Dicha diversidad permite que el espectáculo transite entre registros muy diferentes sin abandonar el universo reconocible del compositor.

El argumento se desarrolla en Gazulea, una pequeña localidad del sur sometida a las tensiones que afectan hoy a numerosos destinos: el crecimiento del turismo, la presión sobre los vecinos y el temor a que una comunidad termine perdiendo aquello que la vuelve diferente. Frente a esa transformación, sus habitantes intentan defender su forma de vida y sus raíces. El conflicto enfrenta distintas maneras de entender el futuro del pueblo y sitúa a los personajes ante decisiones que afectan tanto a sus relaciones personales como a su vínculo con el lugar en el que han crecido.

Un espectáculo con luz propia

En ese escenario se cruzan los dos jóvenes protagonistas, Ella (Amanda Digón) y Ale (Pepe Nufrio). Su historia invierte una idea muy presente en nuestra época, la necesidad de marcharse para descubrir quiénes somos. «Parece que se ha extendido la idea de que, para encontrarte, tienes que irte, viajar, estudiar fuera. 'El alma al aire' es preciosa porque plantea que, a veces, para encontrarse, lo que hay que hacer es quedarse donde están tus raíces y descubrir quién eres realmente», explica Amanda. La pertenencia adquiere así un sentido que va más allá de la nostalgia: tiene que ver con la posibilidad de elegir en qué lugar construir una vida y con la manera en que cada generación se relaciona con sus orígenes.

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El espectáculo supone el debut en la Gran Vía madrileña de los dos actores.

Las canciones aparecen como parte de la propia narración. Ése era uno de los grandes riesgos de una producción construida a partir de un repertorio tan conocido como el de Alejandro Sanz: evitar la sucesión de escenas concebidas únicamente para conducir al siguiente éxito. El público llegará al teatro con sus propias asociaciones emocionales, pero la historia propone escuchar esas mismas composiciones desde la perspectiva de Ella, Ale y los demás habitantes de Gazulea. «La dramaturgia es buenísima», continúa Amanda; «las canciones emergen de la escena con tanta naturalidad que, desde el patio de butacas, tardas unos segundos en darte cuenta de que estás oyendo 'Quisiera ser'. Eso es lo que hace que sea un musical y no un concierto unido por unas cuantas frases».

De ahí surge una paradoja que los actores principales del show tienen muy presente. «Creo que mucha gente vendrá por la música de Alejandro Sanz y se quedará por la historia», afirma Pepe. El propio Sanz quiso desde el principio que el espectáculo no girara alrededor de su figura, sino que sus composiciones sirvieran para construir personajes y situaciones nuevos. El repertorio constituye, por tanto, el punto de partida de una obra que aspira a sostenerse por su argumento y por la relación que el público establezca con ella.

La producción posee, además, una particularidad poco habitual en los grandes musicales: no existe un montaje previo que reproducir. No hay una escenografía estrenada en Broadway o el West End ni personajes definidos durante años por otros intérpretes. Cada elemento se pone en pie por primera vez. El reparto participa en un proceso en el que las decisiones artísticas son flexibles y en el que una propuesta surgida durante los ensayos es capaz de contribuir a dar forma a una escena.

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«Es la primera vez que se hacen estas escenas en voz alta y con actores», subraya Amanda; «tenemos espacio para probar cosas nuevas; no llegas con referencias visuales ni con otras producciones detrás. Entras en la sala y hay mucho juego».

La pareja protagonista conoce bien el 'otro' modelo. Ambos coincidieron anteriormente en 'Cabaret' y llegaron a 'El alma al aire' después de procesos diferentes: él había participado cuatro años atrás en una primera fase de desarrollo; ella se incorporó mucho más tarde a las audiciones. La química que ya habían construido sobre el escenario terminó jugando a su favor. Esa experiencia compartida les proporciona una complicidad especialmente útil en un montaje en el que deben descubrir juntos la personalidad de sus personajes y la evolución de su relación. Ahora trabajan sin molde previo. «En los musicales que son franquicia, los personajes cuentan con una posición determinada sobre las tablas, las luces tienen que estar claramente definidas... Aquí somos los primeros en dar vida a algo», afirma Nufrio, «es como si hubieran escrito el texto y nosotros saliésemos por primera vez de esas páginas».

El proceso obliga a probar, descartar y volver a empezar. El equipo creativo, de amplia experiencia internacional, participa en esa búsqueda junto al reparto. La colaboración permite combinar el saber acumulado en grandes producciones con el conocimiento de los intérpretes sobre los códigos culturales y las formas de expresión que aparecen en el espectáculo. «Están muy abiertos a escucharnos, a preguntarnos cómo expresamos determinadas cosas los españoles», explica Pepe. Y Amanda añade: «Al ser extranjeros poseen también una visión de los españoles que a nosotros mismos nos falta. Potencian aspectos que aquí daríamos por hechos, y, cuando necesitan orientación cultural, se apoyan mucho en los consejos que podemos darles».

El mar, en escena

Esa voluntad de reconocerse atraviesa la estética del montaje. 'El alma al aire' mira al Mediterráneo sin convertirlo en una postal; el vestuario, la ambientación y el movimiento buscan la naturalidad de personajes actuales, alejados deliberadamente de la sofisticación de otros grandes títulos internacionales. El paisaje, la luz y los elementos cotidianos del pueblo contribuyen a construir un entorno en el que los intérpretes se desenvuelven con familiaridad y en el que la identidad se expresa también a través de los pequeños detalles.

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Para Digón el cambio resulta especialmente evidente: «Nunca había tenido una sensación tan intensa de estar como en casa. Vengo de interpretar a Sally Bowles en 'Cabaret', una inglesa que vive en la Alemania de los años 30, o a personajes americanos. Casi siempre llevo peluca, tacones... Ahora, por primera vez, hacemos un poco de nosotros mismos. Somos gente de aquí vestida como la gente de aquí».

La creación de las coreografías, la integración de las canciones y la definición de las relaciones entre los personajes avanzan de manera conjunta, con ajustes que pueden afectar a distintas partes del montaje. «Hay que tener paciencia y confiar mucho», resume Amanda.

Para los integrantes de una de las parejas protagonistas, el estreno cuenta con una dimensión personal. Ambos se formaron fuera de España y durante algún momento de sus carreras imaginaron que su futuro profesional los llevaría a asentarse en Estados Unidos o en el West End londinense. Paradójicamente, su desembarco en la Gran Vía llega ahora con una producción profundamente vinculada a su propio país. «Siempre he querido estar en la Gran Vía. Había participado en otros musicales en Madrid, pero nunca en esta calle imprescindible», reconoce Nufrio, «y mi debut ha llegado con el proyecto perfecto». «Los dos hemos estudiado fuera y hubo momentos en los que pensamos que quizá nos quedaríamos allí. Sin embargo, de pronto, nos estrenamos en la Gran Vía con algo que no podría ser más de aquí», añade Digón.

Después de años mirando hacia Broadway y Londres, esta vez el viaje se hace en sentido contrario, gracias a una historia nacida aquí, interpretada desde códigos propios y de aire mediterráneo y construida sobre canciones que millones de personas conocen antes incluso de ocupar su butaca. El reto consiste en conseguir que, cuando se levante el telón, las escuchen como si fuera la primera vez.