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La ciudad italiana que está conquistando a quienes se cansaron de Milán: aquí nació el vermut
Fue la primera capital de la Italia unificada, vio nacer el vermut moderno y alberga algunos de los museos más interesantes del país. Durante demasiado tiempo, todo eso quedó eclipsado por otras ciudades italianas. Hasta ahora.
A las seis de la tarde en Turín es mejor estar en la calle. Los bares empiezan a llenarse, aparecen las primeras copas de vermut sobre las mesas, los camareros sacan pequeños platos para acompañar la bebida y la conversación fluye. Aunque esta escena hoy forma parte del estilo de vida de media Europa, lo que muchos olvidan es que ese ritual nació aquí. En 1786, Antonio Benedetto Carpano creó el vermut moderno en una pequeña tienda de la ciudad, dando origen a una costumbre que acabaría viajando mucho más lejos que él mismo.
Es una ciudad que ha influido enormemente en la cultura italiana: fue la primera capital del país tras la unificación, vio nacer la industria automovilística moderna con Fiat y ha marcado la historia del diseño, el cine y la gastronomía. Sin embargo, nunca se ha esforzado en exhibir esos logros. Mientras muchos viajeros buscan alternativas a destinos cada vez más saturados, Turín se presenta como una de las ciudades más sofisticadas y agradables del norte de Italia.

Una ciudad que se descubre caminando
Hay pocas capitales europeas tan cómodas para recorrer a pie. Gran parte de la culpa la tienen sus soportales, más de dieciocho kilómetros que conectan buena parte del centro histórico y permiten caminar durante horas sin apenas abandonar su protección. Bajo ellos conviven cafeterías centenarias, tiendas de diseño, librerías, pequeñas galerías y comercios históricos que hacen que el paseo nunca resulte repetitivo.
El recorrido suele comenzar en Piazza Castello, aunque no hace falta seguir un orden estricto. Desde allí se llega fácilmente al Palacio Real, al Palazzo Madama o a la iglesia de San Lorenzo, cuya extraordinaria cúpula diseñada por Guarino Guarini es una de las grandes obras maestras del barroco europeo. Un poco más adelante espera Piazza San Carlo, la plaza donde se despliega todo el pasado aristocrático de la ciudad.
En algún momento (o muchos) aparecerá la Mole Antonelliana. Da igual por dónde se camine: su aguja acaba encontrando la forma de asomarse entre los tejados. El edificio nació con la intención de albergar una sinagoga, aunque hoy es la sede del Museo Nacional del Cine, una visita imprescindible incluso para quienes no recuerdan el nombre del último director premiado en Cannes. El ascensor panorámico que atraviesa el enorme vacío central hasta el mirador ofrece una de las mejores vistas sobre los Alpes (cuando el cielo está despejado).
Quien quiera seguir explorando puede cruzar el río Po hasta el Monte dei Cappuccini o subir a la Basílica de Superga, diseñada por Filippo Juvarra.

Mucho más que el lugar donde nació el vermut
Si tuviesemos que definir Turín a través de un momento del día, lo haríamos con el aperitivo. La tradición tiene raíces profundas: Antonio Benedetto Carpano creó aquí el primer vermut moderno a finales del siglo XVIII y, desde entonces, la ciudad mantiene una relación muy especial con esta bebida.
La experiencia, sin embargo, empieza bastante antes. Por la mañana merece la pena hacer una parada en Caffè Al Bicerin para probar la bebida que le da nombre: una mezcla de espresso, chocolate caliente y crema servida en vaso que lleva acompañando a los turineses desde el siglo XVIII. Muy cerca, Mulassano sigue presumiendo de haber popularizado el tramezzino, mientras que Caffè Torino y Baratti & Milano continúan siendo dos direcciones imprescindibles.

Pero hablemos de comida, que estamos en Italia. Los agnolotti del plin, el vitello tonnato, la carne de fassona o los tajarin forman parte de una tradición culinaria que encuentra en la cercanía de las Langhe una despensa excepcional. Quienes quieran entender esa conexión entre producto y territorio encontrarán en Porta Palazzo, considerado el mayor mercado al aire libre de Europa, uno de los lugares más interesantes para pasar la mañana.
Y cuando llegue la noche, merece la pena reservar mesa en Ristorante Del Cambio, frente a Piazza Carignano. Abierto desde 1757, con eso lo decimos todo.

Una ciudad que dejó atrás (no del todo) la imagen industrial
Durante mucho tiempo, Turín estuvo inevitablemente asociada a FIAT y esa historia sigue formando parte de su identidad, pero la ciudad ha ampliado el foco.
OGR Torino es el resultado de esa transformación. Los antiguos talleres ferroviarios del siglo XIX albergan hoy conciertos, exposiciones, festivales y algunas de las propuestas culturales más interesantes del país. En otra antigua fábrica de la ciudad, la Pinacoteca Agnelli ocupa la célebre pista de pruebas diseñada sobre la cubierta del edificio de Lingotto, donde hoy conviven obras de Canaletto, Matisse o Picasso con una de las arquitecturas industriales más icónicas del siglo XX.
La oferta artística continúa en la Fondazione Sandretto Re Rebaudengo y la Fondazione Merz, dos espacios fundamentales para entender el peso que ha adquirido el arte contemporáneo en la ciudad, especialmente durante la celebración de Artissima, una de las ferias más prestigiosas de Europa.

El ambiente cambia por completo en San Salvario. Antiguamente un barrio popular vinculado a la estación de Porta Nuova, hoy reúne algunas de las librerías más interesantes, bares de vinos naturales, restaurantes creativos y pequeñas galerías que mejor representan el momento actual de Turín. También Quadrilatero Romano merece una visita al caer la tarde.
Para dormir, pocos hoteles tan auténticos como el Principi di Piemonte | UNA Esperienze. Inaugurado en los años treinta, sigue siendo una referencia del lujo italiano gracias a su ubicación, su spa y unas habitaciones desde las que, en los días claros, es posible ver la línea de los Alpes.