Un viaje por la Costa Azul con Picasso: por qué la Riviera francesa sigue siendo el lugar más idílico e inspirador
Antibes es una villa amurallada frente al mar. FOTO : KYLE SPENCER/UNSPLASH.

Un viaje por la Costa Azul con Picasso: por qué la Riviera francesa sigue siendo el lugar más idílico e inspirador

Vamos a seguir a Picasso no de museo en museo, sino de pueblo en pueblo, y de mansión en mansión, por la siempre tentadora Costa Azul. Nos hemos encontrado con mucho callejón con encanto, bellísimas marinas y gran amor al arte, cómo no.

Ángeles Castillo | Junio 2, 2026

Nos hemos propuesto seguirle los pasos a Pablo Picasso, pero no de museo en museo, sino de pueblo en pueblo por la Costa Azul. Ya se sabe que el malagueño estiró hasta aquí su Mediterráneo natal. Podríamos parar en Saint-Tropez y tomarnos algo a su salud en el mítico café Sénéquier, esa joya vintage en rojo frente al puerto que nos recuerda a la nouvelle vague. O en Arles, que Picasso conoció en los años veinte, tan relacionado con Van Gogh.

Pero nos vamos derechos a Antibes para después recalar en Vallauris, seguir hasta Cannes y terminar en Mougins, con epílogo en el castillo de Vauvenargues, al pie de la montaña Sainte-Victoire, que es donde está enterrado el pintor, en un guiño a su querido Cézanne.

Es cierto que la Riviera francesa es sinónimo de lujo y glamour, de yate y bon vivant, pero también de naturaleza prodigiosa, con calas de una belleza casi irreal, y de pueblos recoletos de calles empedradas, con buganvillas por doquier y mucho colorido, pastel o no. Enseguida todo se muestra tan radicalmente mediterráneo como en una película de Godard.

Antibes, entre el lujo y la bohemia

A Picasso lo encontramos en Antibes, la ciudad fundada por los griegos como Antípolis. Aquí se instaló el autor de Las señoritas de Avignon con la joven Françoise Gilot en 1946, nada más acabar la Segunda Guerra Mundial y procedente de París. Tuvo de taller nada menos que parte del Château Grimaldi, en el punto más alto de las murallas, que había sido residencia de obispos en la Edad Media y de la célebre familia monegasca. Hoy es el el Museo Picasso, que alberga una colección de sus pinturas, esculturas, cerámicas y dibujos, además de exposiciones temporales de otros artistas.

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Port Vauban es uno de los lugares míticos de Antibes. FOTO: KMARIUS/PIXABAY.

Desde el propio museo sale un paseo marítimo que sigue el trazado de las murallas con unas vistas que recordarás siempre. No falta ni una obra de Jaume Plensa, "Le Nomade". Antibes ofrece la estampa perfecta de mar y barcos, consumada en Port Vauban, el puerto fortificado por el famoso ingeniero militar en el siglo XVII, donde se juntan las barcas tradicionales con los megayates. Más allá de las marinas, Antibes presume de casco antiguo amurallado, lleno de galerías de arte, talleres de artesanos y restaurantes con terrazas panorámicas. Tiene hasta su propio Notre Dame, del siglo XIII, y un alabadísimo mercado provenzal.

El encanto se hace mayúsculo cuando se llega al barrio de Safranier. Aquí vivió Nikos Kazantzakis, a quien le debemos la novela Alexis Zorba (1946), llevada al cine por Michael Cacoyannis como Zorba, el griego, con un inolvidable Anthony Quinn como protagonista. Además, no hay que perderse el Fort Carrer, construido en el siglo XVI sobre una península rocosa para proteger el puerto de los ataques enemigos, y hay que darse un chapuzón en la Plage de la Gravette, entre murallas. Para explorar los alrededores, nada como coger la ruta de senderismo que serpentea a lo largo del cotizado Cap d’Antibes.

Vallauris, la ciudad de la cerámica

Mientras Picasso vivía en Antibes iba y venía a Vallauris, que fue donde se enamoró para siempre de la cerámica y donde terminó instalándose en 1948. En esta otra localidad de la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, el malagueño conoció a Jacqueline Roque, su última compañera y segunda esposa, que trabajaba precisamente en la tienda de la alfarería Madoura. Con Jacqueline se casó aquí en 1961, cuando ya vivían en La Californie (Cannes) y justo antes de trasladarse a la mansión de Notre-Dame de Vie en Mougins, que serán las dos siguientes paradas de este viaje.

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El Museo Picasso de Vallauris es un capilla con su obra "Guerra y paz". FOTO: VALLAURIS TOURISME.

En Vallauris es obligado visitar la Chapelle de la Paix, una capilla con bóveda de cañón decorada con la obra de Picasso titulada "Guerra y paz". Pese a que esta villa tiene un sobresaliente patrimonio cultural, un destacado puerto deportivo y tentadoras playas, se la conoce sobre todo por su tradición alfarera, que le ha valido la catalogación como Ville et Métiers d'Arts.

Que Picasso se instalara aquí no hizo sino elevar a los altares el oficio y convocar a otros artistas, de la talla de Matisse y Chagall. De hecho, en los años cincuenta vivió su época dorada. Hoy, lo mejor es perderse por sus calles y recorrer de cabo a rabo la avenida Clemenceau, donde se congregan la mayor parte de talleres, aunque la cerámica está por todas partes y, por supuesto, en su museo.

Cannes, una mansión belle époque en una villa de cine

Esta ciudad, una de las más visitadas de la Costa Azul, junto a sus vecinas Niza, Mónaco y Saint-Tropez, nos remite directamente a su festival y, por tanto, al séptimo arte, de paseo por la mítica Croisette. Pero Cannes, con todos sus glamurosos hoteles y sus reclamos turísticos de lujo, es también el lugar donde Picasso se instaló en 1955 junto a Jacqueline Roque, en La Californie.

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Cannes también tiene un casco antiguo de calles empedradas. FOTO: JANNIS LUCAS/UNSPLASH.

Una villa estilo belle époque sobre las colinas, una de las muchas que hay en Cannes, que la pareja abandonó en 1961 ante la posibilidad de perder las vistas al mar y el archipiélago de Lérins por un proyecto inmobiliario. Aunque parezca mentira, Cannes tiene un barrio antiguo de callejuelas estrechas y empedradas llamado Le Suquet, situado sobre una colina, junto al Vieux Port.

Desde lo alto se obtiene una panorámica excepcional, y según se sube se puede ir descubriendo la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza (XVI); el Museo de la Castre, junto a las ruinas del castillo medieval; la Tour du Masque de Fer (s. XII), relacionada con la leyenda del Hombre de Hierro; y el mercado Forville, cubierto y de estilo provenzal. El puerto, como siempre, atrae como un imán, por las fachadas que dan al mar y los barcos.

Mougins, el Montmartre de la Costa Azul

En el periplo vital de Picasso, a Cannes le siguió Mougins, en el distrito de Grasse, la patria del perfume. No se alejó mucho, apenas seis kilómetros, pero hacia el interior. La mansión Notre-Dame de Vie, contigua a la capilla del mismo nombre, era un edén con jardines mediterráneos, piscina y vistas a la bahía de Cannes y el macizo del Esterel. Lo tenía todo para enamorarle y le enamoró.

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La Chapelle Notre-Dame de Vie en Mougins. FOTO: CIUDAD DE MOUGINS.

La villa, de 800 metros cuadrados, propiedad de la familia Guinness, había sido escogida previamente por Winston Churchill para sus vacaciones, que dedicaba a pintar. Tras morir Picasso, el 8 de abril de 1973, y ser enterrado en el castillo de Vauvenargues, la Casa del Minotauro, como quedó bautizada, pasó a manos de un marchante y coleccionista de arte holandés.

Mougins, fundada por los romanos en el siglo I a.C. en lo alto de una colina, tiene fama de ser uno de los pueblos más coquetos de Francia y también de los más artísticos. Se dice de él que es un museo al aire libre por la cantidad de artistas que han pasado por él y dejado huella. Está en lo alto, es medieval, de calles empedradas y muy floridas, con mil galerías de arte y otros tantos ateliers, y está rodeado de una exuberante naturaleza.

Uno no se espera encontrar un sitio así en un lugar tan rural. Sensación que también se tiene en Montolieu, con nada menos que 15 librerías. Además, desde la torre de su iglesia románica se puede ver su trazado urbanístico en forma de caracol.

TURIUM TIPS

No te pierdas las vistas desde el faro de la Garoupe en Antibes. Es un espectáculo. Antes está la iglesia marinera Notre-Dame de Bon-Port.
En la Place Isnard de Vallauris puedes ver la escultura que Picasso donó a la villa en 1949, "El hombre del cordero". Ahora a la plaza se la conoce así.
Puedes alojarte en el hotel Le Mas Candille (desde 380 euros), un verdadero paraíso, en la onda de Mougins. O en La Lune de Mougins (desde 163 euros), rodeado de cipreses, pinos y olivos, también muy provenzal y en la misma villa.
Date el lujo de comer en Le Rendez-Vous de Copains, en el corazón del barrio antiguo de Cannes. Se sirve comida casera y tapas gourmet. La cocina local también se puede probar en Les Saveurs de Provence, en Vallauris, con animada terraza.