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Estas son las playas fluviales más bonitas de Galicia para darte un chapuzón este verano
Estas son las playas fluviales más bonitas de Galicia para darte un chapuzón este verano
Las olas no son imprescindibles para pasar un buen verano. Entre cañones, bosques y antiguos puertos fluviales, Galicia esconde playas de agua dulce donde el paisaje es otra cosa.
Un país con casi 8.000 kilómetros de costa sigue reservando algunos de sus mejores baños lejos del mar. Mientras las playas mediterráneas baten récords de ocupación cada agosto, muchos gallegos y amantes "da terriña" llevan generaciones escapando a los ríos cuando aprieta el calor. Es una tradición que precede al turismo de masas y que tiene mucho de conocimiento local: saber en qué curva del río el agua mantiene la temperatura perfecta, dónde se forma una lengua de arena después de las crecidas o qué chiringuito merece el desvío.
Hablamos de lugares que siguen conservando esa sensación de paisaje vivido. Aquí no abundan las hamacas en fila ni los paseos marítimos. En cambio, aparecen bosques autóctonos, puentes medievales, viñedos imposibles y pueblos donde el baño forma parte de la rutina estival.

Playa fluvial de A Cova (O Saviñao, Lugo)
Nuestra favorita. La Ribeira Sacra suele asociarse inmediatamente a sus bancales de viñedo y a los miradores sobre el cañón del Sil. Sin embargo, pocos lugares para vivir un auténtico verano gallego como la playa fluvial de A Cova, situada en el municipio lucense de O Saviñao. El agua pertenece al embalse de Santo Estevo, cuya calma hace que el paisaje recuerde más a un lago alpino que a un río gallego.
Su gran atractivo reside precisamente en esa combinación: arena, césped, bosque y las laderas cubiertas de viñas que ascienden desde la orilla. Es habitual llegar en kayak o incluso en pequeñas embarcaciones recreativas, ya que dispone de pantalán. Durante los meses cálidos se convierte en uno de los mejores puntos para descubrir la Ribeira Sacra desde el agua, una perspectiva que permite entender por qué la viticultura heroica sigue siendo una de las señas de identidad de este territorio. Muy cerca se encuentran además bodegas abiertas a visitas y algunos de los miradores más espectaculares del Sil.

Playa fluvial de Tapia (Ames, A Coruña)
A apenas veinte minutos de Santiago de Compostela, el río Tambre forma una de las zonas de baño más agradables de Galicia. La playa fluvial de Tapia sorprende por el tamaño de su área recreativa y por el excelente estado de conservación del entorno.
El agua suele mantenerse limpia incluso durante los meses centrales del verano gracias al caudal del Tambre. Las grandes robledas proporcionan sombra natural durante buena parte del día, algo que los visitantes habituales agradecen especialmente en julio y agosto. Es uno de esos lugares donde conviven familias compostelanas, senderistas que recorren la ribera y aficionados al piragüismo, sin que el espacio pierda tranquilidad.

Playa fluvial de O Corgo (Muíños, Ourense)
En pleno Parque Natural Baixa Limia-Serra do Xurés aparece una de las playas interiores más sorprendentes de Galicia. O Corgo ocupa una orilla del embalse das Conchas donde la calidad del agua y el paisaje montañoso crean una sensación poco habitual en el interior peninsular.
La cercanía con las antiguas vías romanas y con las termas naturales del entorno permite construir una escapada muy distinta al típico día de playa.

Playa fluvial dos Franceses (A Veiga, Ourense)
En el extremo oriental de Galicia, a los pies del Macizo de Pena Trevinca, la playa fluvial dos Franceses demuestra que la montaña también puede tener su propia playa. Se encuentra en el embalse de Prada, alimentado por el río Xares, y su combinación de agua tranquila, arena, praderas y bosques la ha convertido en uno de los grandes destinos estivales del interior gallego. El nombre tiene una explicación curiosa: hace referencia a los numerosos emigrantes de A Veiga que regresaban desde Francia para pasar aquí sus vacaciones de verano, una imagen que acabó dando identidad al lugar.
La playa está equipada con pantalán, duchas, merenderos y amplias zonas de sombra, además de ofrecer en temporada actividades como alquiler de kayaks, piraguas y tablas de paddle surf. Desde el embarcadero también parten paseos en catamarán por el embalse, una forma diferente de descubrir un paisaje que cambió para siempre tras la construcción de la presa de Prada en los años cincuenta, cuando el antiguo pueblo de Alberguería quedó sumergido bajo sus aguas.

Playa fluvial de A Calzada (Ponte Caldelas, Pontevedra)
A Calzada pasó a la historia en 2015 al convertirse en la primera playa fluvial de España en obtener la bandera azul, un reconocimiento que hasta entonces parecía reservado al litoral. Más que un titular, el galardón confirma algo que se percibe al llegar: la calidad excepcional de sus aguas, la conservación del bosque de ribera y una gestión que ha convertido este tramo del Verdugo en una referencia para el baño de interior.
El arenal, de unos 250 metros de longitud, alterna pequeñas zonas de arena con amplias praderas donde la sombra de robles, castaños y abedules resulta casi tan valiosa como el propio río. Un paseo fluvial comunica el centro de Ponte Caldelas con la playa siguiendo el curso del Verdugo, una caminata breve y agradable.

Pozo do Boi o playa fluvial de Vilatuxe (Lalín, Pontevedra)
En una comarca más conocida por el cocido de Lalín que por sus zonas de baño, Pozo do Boi funciona como un secreto bien guardado. Situada junto al río Deza, en la parroquia de Vilatuxe, esta playa fluvial evita cualquier sensación de masificación.
Uno de sus rasgos más interesantes es la distribución del espacio. Un pequeño puente conecta dos áreas claramente diferenciadas: una gran carballeira que ofrece sombra durante las horas centrales del día y una explanada abierta donde tomar el sol junto al río. La excelente oxigenación y la transparencia del agua favorecen la presencia de truchas. Muy cerca comienza la ruta que conduce hasta la espectacular Fervenza do Toxa, la cascada más alta de Galicia, y al monasterio románico de Carboeiro, dos visitas que merecen la pena.