Si ya conoces Marrakech, esta otra ciudad fabulosa de Marruecos debería ser tu próximo destino
La ciudad marroquí de Fez alberga una de las mayores medinas del mundo, la universidad más antigua en funcionamiento y algunos de los mejores talleres artesanos del norte de África.
Con una sola cifra, Fez se entiende rápidamente: más de 9.000 calles y callejones conforman su medina histórica. Este dato suele aparecer en las guías de viaje, pero cobra otra dimensión cuando uno intenta atravesarla, como ocurre en Marrakech. Lo que desde el aire parece un tejido urbano compacto se convierte, a pie, en una sucesión casi infinita de pasadizos, plazas ocultas, talleres, mezquitas, fondouks y patios interiores. Fez sigue siendo compleja, imprevisible y, en ocasiones, incluso incómoda. Por eso resulta tan fascinante.
Fundada a finales del siglo VIII, la ciudad fue durante siglos el gran centro intelectual, religioso y comercial del Magreb occidental. Mucho antes de que Rabat se convirtiera en capital política y de que Casablanca asumiera el papel de motor económico, las decisiones que marcaban el rumbo de Marruecos pasaban por aquí. Esa herencia continúa presente en su arquitectura, en sus instituciones y en una forma de entender la ciudad que sigue girando alrededor de la vida comunitaria y los oficios tradicionales.

Fez, una ciudad que sigue funcionando como una ciudad
La medina de Fez el-Bali, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1981, suele aparecer en las listas de los conjuntos urbanos históricos mejor conservados del planeta. Pero reducirla a una joya patrimonial sería quedarse corto. La diferencia fundamental respecto a otros cascos históricos es que aquí la actividad cotidiana sigue siendo la protagonista.
Desde primera hora de la mañana, miles de personas cruzan sus calles para trabajar, comprar, estudiar o acudir a los mercados. Los talleres producen mercancías destinadas tanto al mercado local como a la exportación. Los hornos comunales continúan funcionando. Los comerciantes mantienen redes de distribución que llevan siglos adaptándose a los cambios económicos.
El visitante se encuentra inmerso en una ciudad viva. Esa sensación aparece constantemente. Un callejón aparentemente anodino puede desembocar en un taller de ebanistería donde tres generaciones de una misma familia trabajan la madera de cedro. Un edificio sin ningún atractivo exterior puede esconder uno de los patios más espectaculares de la ciudad. La lógica urbana de Fez obliga a mirar con atención.

La capital artesanal de Marruecos
Hablar de artesanía en Marruecos suele conducir inevitablemente a tópicos visuales: alfombras, lámparas, cerámicas o bandejas de metal. Fez permite ir un poco más allá y entender cómo funcionan realmente estos procesos productivos.
La ciudad sigue siendo uno de los grandes centros manufactureros del país. Sus talleres elaboran algunos de los mejores zelliges de Marruecos, esos mosaicos geométricos que decoran desde riads históricos hasta hoteles de lujo y proyectos contemporáneos de interiorismo en Europa y Oriente Medio. Lo mismo ocurre con el trabajo de la madera de cedro o la yesería decorativa.
No es extraño encontrarse con arquitectos, diseñadores y compradores internacionales recorriendo la ciudad en busca de proveedores. Muchos de los elementos decorativos que aparecen hoy en hoteles de autor o residencias privadas de alto nivel proceden de talleres situados tras fachadas prácticamente invisibles.
Las famosas curtidurías representan el ejemplo más conocido de esta tradición productiva. La de Chouara, probablemente la más visitada, sigue utilizando técnicas que apenas han cambiado durante siglos. Las grandes cubas de piedra llenas de tintes naturales constituyen una imagen reconocible, pero lo realmente interesante es comprobar que el lugar continúa siendo una infraestructura industrial activa y económicamente relevante.

La ciudad del conocimiento
La relación de Fez con el conocimiento comenzó hace más de mil años. Aquí se encuentra la Universidad Al Qarawiyyin, fundada en el año 859 por Fatima al-Fihri. Diversas instituciones académicas la consideran la universidad en funcionamiento más antigua del mundo.
Durante siglos, estudiantes, teólogos, matemáticos, astrónomos y juristas llegaron a Fez desde distintos territorios del mundo islámico. La circulación de ideas formó parte de la identidad de la ciudad tanto como el comercio o la artesanía. Aún hoy, muchas de sus bibliotecas, madrasas y espacios religiosos recuerdan esa dimensión intelectual que la diferencia de otros destinos marroquíes.
La Madrasa Bou Inania, construida en el siglo XIV, sigue siendo uno de los mejores ejemplos de arquitectura meriní conservados en el país.

Dormir en un palacio y perderse en Fez
Parte del atractivo actual de Fez reside en la calidad de sus alojamientos históricos. La ciudad ha desarrollado una escena hotelera mucho menos mediática que otras zonas de Marruecos, pero particularmente interesante para quienes valoran la arquitectura y el diseño.
Muchos de los mejores hoteles ocupan antiguas residencias aristocráticas restauradas con enorme cuidado. Lugares como Riad Fès, Palais Amani o Karawan Riad permiten experimentar la posibilidad de habitar temporalmente edificios concebidos para una vida doméstica completamente distinta a la actual.
Más allá de los hoteles, la mejor estrategia para descubrir Fez sigue siendo la menos sofisticada. Caminar. Sin itinerarios cerrados. Sin intentar marcar todas las ubicaciones en un mapa. La ciudad recompensa las desviaciones y los errores de orientación mucho más que la acumulación de planes.
No es una de las visitas más top de Marruecos solo porque conserve mejor su pasado que otras, ni porque resulte más auténtica —una palabra cada vez más vacía —, sino porque mantiene una densidad cultural difícil de encontrar.