"Apostar por el talento también beneficia a los territorios"

María Porto Galerista y fundadora de MP&DB Art Gallery

"Apostar por el talento también beneficia a los territorios"

¿Qué puede aportar el arte a un destino más allá de embellecerlo? La galerista María Porto está convencida de que la cultura es una herramienta capaz de generar identidad, cohesión y desarrollo. En el marco del Foro Internacional Turium 2026, conversará con el creador Belin sobre el talento emergente y la construcción de territorios más auténticos y con una mayor capacidad para dejar huella.

Gonzalo Varela | Junio 8, 2026

Durante demasiado tiempo, el arte fue considerado un complemento dentro de la oferta turística de un destino, 'algo' que visitar entre monumentos, restaurantes y hoteles. Sin embargo, cada vez son más los lugares que entienden que la cultura desempeña un papel mucho más relevante: ayuda a construir identidad, justifica el viaje por sí misma y forja vínculos emocionales difíciles de replicar.

María Porto lleva años trabajando precisamente en ese espacio donde creación, talento y escenario se encuentran. Como galerista, ha acompañado la trayectoria de numerosos artistas y ha comprobado cómo una obra, una exposición o una apuesta cultural sostenida en el tiempo es capaz de transformar la percepción de una comunidad mucho más que cualquier campaña de promoción.

Su participación en el Foro Internacional Turium 2026, donde mantendrá una conversación con el autor español Belin (responsable del galardón Turium Connecting Excellence Award 2026), girará precisamente en torno a esa capacidad del arte para generar valor duradero. La trayectoria del creador jienense, que ha llevado su obra desde el ámbito urbano hasta galerías, museos y proyectos internacionales, ilustra cómo el talento puede convertirse en uno de los mejores embajadores de un territorio.

Cada vez más destinos incorporan la cultura a su propuesta de valor. Desde tu experiencia como galerista, ¿qué aporta el arte contemporáneo a la identidad y la singularidad de un territorio?

Más allá de su valor estético, el arte tiene la capacidad de generar relatos, provocar reflexión y establecer conexiones emocionales entre las personas y el lugar que visitan o habitan. Ayuda a diferenciar un destino porque refleja su personalidad, su historia, sus inquietudes y su manera de relacionarse con el mundo actual. Cuando un lugar apuesta por la cultura y por sus creadores, construye una identidad propia, auténtica y difícilmente reproducible. Además, el arte actúa como un puente entre lo local y lo internacional. Permite proyectar la singularidad de un sitio hacia el exterior, al tiempo que enriquece la experiencia de quienes lo visitan.

Apostar por el talento, acompañarlo y darle visibilidad no solo beneficia a los artistas, sino también a los territorios de los que proceden

El turismo ético plantea la necesidad de crear riqueza sin diluir la identidad local. ¿Qué papel pueden desempeñar los artistas y los agentes culturales en ese equilibrio entre desarrollo económico y preservación del carácter de un destino?

El turismo ético debe entender la cultura como un patrimonio vivo, no como un decorado. Y, en ese sentido, los artistas son esenciales porque contribuyen a que el desarrollo económico vaya acompañado de una preservación real del carácter, la diversidad y el alma de los destinos.

Belin es uno de los protagonistas de esta edición del foro y un ejemplo de creador que ha llevado su obra desde el ámbito urbano a galerías, museos y proyectos internacionales. ¿Qué lecciones pueden extraerse de trayectorias como la suya sobre la capacidad del talento para transformar la percepción de un lugar?

La trayectoria de Belin demuestra que el talento puede convertirse en uno de los mejores embajadores de un territorio. Cuando un artista logra proyectar su obra a escala internacional, también lleva consigo una parte de su origen, de su identidad y de la cultura que lo ha visto crecer. Pienso que casos como el suyo evidencian que la creatividad tiene una enorme capacidad para transformar la percepción de un lugar. Muchas veces, un artista consigue generar más interés, admiración y curiosidad por un territorio que cualquier campaña de promoción convencional, porque lo hace desde la autenticidad y desde un lenguaje universal como es el arte. Además, su evolución desde el ámbito urbano hasta galerías, museos y proyectos internacionales muestra que no existen fronteras entre la cultura local y la proyección global. Al contrario: cuanto más sólida es la identidad de un creador, mayor es su capacidad para conectar con públicos diversos en cualquier parte del mundo. La principal lección es que apostar por el talento, acompañarlo y darle visibilidad no solo beneficia a los artistas, sino también a los territorios de los que proceden. El éxito de creadores como Belin contribuye a construir una imagen más dinámica, innovadora y contemporánea de esos lugares y genera orgullo de pertenencia y nuevas oportunidades culturales y económicas.

En un mundo cada vez más globalizado, muchos jóvenes artistas encuentran precisamente en su identidad, en su entorno y en su experiencia particular una fuente de inspiración y diferenciación

¿Qué tendencias, inquietudes o nuevas formas de entender la creación estás detectando en las generaciones más jóvenes?

Colaborar con artistas emergentes me permite observar de cerca cómo están evolucionando las formas de creación y las preocupaciones de las nuevas generaciones. Lo que percibo es una gran necesidad de autenticidad y de conexión con la realidad que los rodea. Son creadores muy conscientes de los desafíos sociales, medioambientales y tecnológicos de nuestro tiempo, y esas cuestiones están muy presentes en su trabajo. También veo una actitud mucho más abierta hacia la interdisciplinariedad. Ya no existen fronteras tan definidas: combinan pintura, fotografía, vídeo, arte digital, instalación o nuevas tecnologías con absoluta naturalidad. Lo importante para ellos es encontrar el lenguaje más adecuado para expresar una idea o una emoción. Otra tendencia interesante es la búsqueda de experiencias más participativas y de un diálogo más directo con el público. Hay un interés creciente por generar reflexión, interacción y comunidad, más allá de la contemplación tradicional de la obra. Al mismo tiempo, percibo una revalorización de lo local, de las raíces y de las historias personales. En un mundo cada vez más globalizado, muchos jóvenes artistas encuentran precisamente en su identidad, en su entorno y en su experiencia particular una fuente de inspiración y diferenciación. En definitiva, veo una generación muy preparada, inquieta y comprometida, que entiende la creación no solo como una forma de expresión artística, sino también como una herramienta para cuestionar, conectar y aportar nuevas miradas sobre la realidad.

Las galerías acercamos el arte contemporáneo a la sociedad, creamos espacios de diálogo, reflexión y encuentro. Somos una pieza esencial para el desarrollo cultural

Más allá de los grandes museos y eventos internacionales, ¿qué importancia tienen las galerías como espacios de descubrimiento y acompañamiento del talento emergente?

Muchas veces somos quienes identificamos el potencial de un artista en sus primeras etapas y decidimos caminar junto a él en la construcción de su trayectoria profesional. Nuestro trabajo va mucho más allá de organizar exposiciones. Acompañamos a los creadores en su desarrollo, generamos oportunidades, establecemos conexiones con coleccionistas e instituciones y contribuimos a dar visibilidad a nuevas propuestas artísticas. En numerosos casos, somos el primer impulso que permite que un talento emergente encuentre su lugar y alcance una mayor proyección. Además, las galerías acercamos el arte contemporáneo a la sociedad, creamos espacios de diálogo, reflexión y encuentro. Por eso considero que somos una pieza esencial para el desarrollo cultural, porque no solo mostramos obras, sino que ayudamos a construir carreras, a generar comunidad y a fortalecer el tejido creativo de nuestro entorno.

¿Qué ingredientes consideras imprescindibles para dejar un legado real y duradero?

Desde mi experiencia, una iniciativa cultural capaz de transformar realmente una comunidad o un destino necesita, ante todo, autenticidad, compromiso y visión a largo plazo. Los proyectos que dejan huella no son los que buscan un impacto inmediato, sino los que nacen de una conexión genuina con el territorio, con sus personas y con su identidad. La cultura tiene una enorme capacidad para generar pertenencia, diálogo y cohesión, pero, para ello, las personas deben sentirse parte del proyecto y no simples espectadoras. Cuando una iniciativa consigue involucrar a artistas, instituciones, empresas y ciudadanía, su impacto se multiplica y se vuelve mucho más sostenible en el tiempo. También considero imprescindible apostar por el talento y la educación. Crear espacios donde los artistas puedan desarrollarse, donde surjan nuevas oportunidades y donde las nuevas generaciones tengan acceso a la cultura es una de las mejores formas de construir un legado duradero. Y, por supuesto, hace falta continuidad. Muchas veces hablamos de transformación, pero la verdadera transformación requiere tiempo, constancia y una estrategia clara. Cuando una iniciativa cultural logra combinar todos estos elementos, deja de ser un evento puntual para convertirse en un motor de desarrollo, identidad y crecimiento.