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El convento portugués con la ventana más bella del mundo: es Patrimonio de la Humanidad
Crecer sin perder el alma
CoolRooms da el salto internacional con dos aperturas en los próximos meses en Portugal. Y lo hace con su impronta, sin renunciar a la esencia que la ha convertido en toda una referencia en la gestión de hoteles exclusivos en palacios históricos.
CoolRooms ha cruzado la frontera. Esta compañía española, que lleva casi una década recuperando edificios emblemáticos para transformarlos en hoteles con identidad propia y donde impera la excelencia, abre este año en Oporto el Palacio Duarte, y previsiblemente a finales de 2027 inaugurará también el Palacio do Patriarcado, en Lisboa.
Aquí comienza su expansión internacional, y no podría haberlo hecho en mejores condiciones: la marca llega a Portugal con el respaldo de una colección asentada en España y una visión muy clara de hacia dónde encaminarse. “Nuestros hoteles son la perfecta fusión entre historia, placer e innovación”, resume su presidente, Miguel Ardid, quien fundó esta empresa sobre una premisa que sigue intacta: rehabilitar edificios icónicos en lugares donde el entorno forma parte de la propia experiencia.
“Nos enamoramos de los espacios antes de calcular su rentabilidad”, afirma. Esa manera de mirar los inmuebles –como objetos con memoria, no como meros alojamientos– es lo que distingue estos establecimientos, en un mercado donde el lujo tiende a homogeneizarse.

De Madrid a Sevilla
Su incursión en el país luso llega después de consolidar dos propiedades en España que funcionan como el ADN visible de la firma. El Palacio de Atocha, en Madrid, ocupa un edificio de 1852 ubicado en el encantador barrio de Las Letras. Sus 34 habitaciones –de dimensiones poco usuales en la capital, entre 34 y 104 metros cuadrados– preservan la luz singular que Velázquez y Goya inmortalizaron en sus lienzos, y la figura de Hermes preside la entrada como alusión al éxito de su primer propietario.
En Sevilla, el Palacio de Villapanés lleva el relato a otro registro: el edificio barroco del siglo XVIII que fue hogar del Almirante López-Pintado conserva sus tres patios, sus columnas de mármol y cuatro siglos de historia sevillana, que conviven en armonía con piezas de Patricia Urquiola. Dos hoteles distintos, pero una misma convicción, la apuesta por recuperar y poner en valor lo auténtico, aquello que no se puede fabricar.

Con esa trayectoria, crecer tiene una lógica que Ardid describe como natural. “El arte de recibir huéspedes forma parte de nuestra identidad global, de nuestra manera de concebir el mundo. Por eso nuestro objetivo es crecer en localizaciones urbanas premium, con una tradición cultural propia y activos arquitectónicos singulares capaces de convertirse en verdaderos referentes internacionales”, señala. En este sentido, la expansión no es solo geográfica, es también la confirmación de que el modelo que han puesto en marcha con éxito en nuestro país funciona en ciudades con otro idioma, pero con la misma cultura del patrimonio y la hospitalidad.

Oporto y un palacio con historia
La primera apertura en el país vecino será el Palacio Duarte, a escasos metros del río Duero, en el barrio de São Nicolau, dentro de un centro histórico que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1996. Como todos los hoteles de la firma, su pasado, y este se remonta cinco siglos atrás, es parte de su encanto. En el siglo XVIII alcanzó su esplendor bajo la familia Pacheco Pereira y después acogió al Banco Aliança, a una compañía ferroviaria con vocación africana y a la Escuela Superior Artística. Cada inquilino dejó aquí su huella; de hecho, el escudo de la empresa de ferrocarriles aún decora el techo del salón noble.
Desde 2023, el edificio está recuperándose a la manera de CoolRooms, con mimo y preservando la verdad del lugar. Lo que encontró la marca al llegar era un tesoro en estado de espera al que ha dado vida: la escalera de granito rococó, los techos de casetones pintados con motivos florales, el lucernario elíptico de estuco y las namoradeiras (bancos junto a las ventanas desde los que las mujeres aguardaban el regreso de sus hombres del mar). Ese detalle íntimo y cargado de melancolía atlántica resume lo que caracteriza los proyectos de esta firma. Y no es la grandiosidad (que también), sino el rastro humano que un edificio lleva impreso en la piedra.