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Ni París ni Lyon, esta es la ciudad francesa ideal para viajar sin prisas y comer bien
Ni París ni Lyon, esta es la ciudad francesa ideal para viajar sin prisas, comer bien y pasear mucho
Un casco antiguo muy bien conservado, un mercado tan activo como delicioso y acceso directo a los viñedos de Borgoña: Dijon ofrece una forma muy clara y agradable de viajar por Francia.
El nombre de Dijon es una de esas palabras que, sin darte cuenta, se cuelan en tu día a día. Abres la nevera, coges un tarro de mostaza y ahí está, impreso en la etiqueta como si fuera un concepto doméstico más que una ciudad real. Pero Dijon existe —y de qué manera—. Es capital histórica de Borgoña, antigua sede de uno de los ducados más poderosos de Europa y hoy una ciudad manejable, culta y sorprendentemente cómoda. Y es, además, una de las ciudades más bonitas de Francia.
Situada en el corazón de Bourgogne-Franche-Comté, Dijon combina patrimonio medieval, tradición gastronómica y una relación seria y natural con el vino. Se deja recorrer a pie, se explica bien y tiene la virtud de ofrecer mucho sin pedir esfuerzo a cambio.
Dijon, una ciudad con pasado ducal
Para entender Dijon hay que volver a los siglos XIV y XV, cuando la ciudad fue capital del Ducado de Borgoña, uno de los territorios más influyentes de Europa occidental. Desde aquí gobernaron los duques Valois —Felipe el Atrevido, Juan sin Miedo, Felipe el Bueno y Carlos el Temerario—, que convirtieron Borgoña en una potencia económica, política y cultural que rivalizó directamente con la monarquía francesa y el Sacro Imperio.
Ese pasado se ve. El Palais des Ducs de Bourgogne no es un edificio aislado, sino el verdadero corazón de la ciudad. Fue residencia ducal durante siglos y hoy sigue marcando el centro simbólico y físico de Dijon. En su interior conviven patios medievales, ampliaciones clásicas y el Museo de Bellas Artes, uno de los más importantes de Francia fuera de París.
La riqueza de aquel ducado no procedía solo del poder militar o político, sino del comercio, del vino y de una red de ciudades prósperas.

El recorrido del búho: una guía urbana bien pensada
El parcours de la chouette —el recorrido del búho— es uno de los ejemplos más inteligentes de cómo una ciudad puede explicarse sin saturar al visitante. A lo largo del casco antiguo, pequeñas placas metálicas con la silueta de un búho marcan un itinerario que conecta los principales puntos históricos, arquitectónicos y culturales de Dijon.
Lejos de ser un simple reclamo, el recorrido está bien calibrado: no es largo, no obliga a seguirlo de principio a fin y permite desviarse con naturalidad. Funciona como una narrativa urbana que se adapta al ritmo del caminante. Iglesias góticas, casas de entramado de madera, plazas recogidas y edificios ducales se colarán en tu paseo.
El símbolo del búho tiene además un origen concreto. La pequeña escultura tallada en uno de los contrafuertes de la iglesia de Notre-Dame se convirtió con el tiempo en un emblema local, asociado a la protección y la buena fortuna.

Comer en Dijon: más allá de la mostaza
Hablar de Dijon es hablar de gastronomía, pero conviene ir un paso más allá del tópico. La mostaza de Dijon es solo la puerta de entrada. Aquí la cocina borgoñona se basa en producto, salsas trabajadas y vinos que forman parte de la receta.
El Marché des Halles de Dijon, diseñado por Gustave Eiffel, es una parada clave. Funciona varios días a la semana y permite entender qué se come aquí: quesos de la región, carnes, panes artesanos y especialidades locales como el pain d’épices. Es un mercado para comprar y para observar.
Hay bistrós bien afinados donde probar clásicos borgoñones —boeuf bourguignon, œufs en meurette— y restaurantes que reinterpretan la cocina regional con técnica actual.

Dónde dormir: historia en el centro
Para una experiencia verdaderamente alineada con el espíritu de Dijon, hay un nombre que destaca por encima del resto: Grand Hôtel La Cloche Dijon – MGallery. Situado frente a la Place Darcy, en el límite entre el casco histórico y las grandes avenidas, este hotel es el más emblemático y premium de la ciudad.
Inaugurado en 1884, La Cloche ha sido durante más de un siglo el gran hotel de referencia de Dijon. Por sus salones han pasado políticos, artistas, viajeros ilustres y generaciones de burguesía borgoñona. Su fachada clásica y su interior elegante reflejan la idea de lujo francés tradicional: discreto, bien construido y pensado para durar.
El hotel combina habitaciones amplias, algunas con vistas a los jardines Darcy. Se puede salir caminando hacia el centro histórico, regresar a descansar y volver a salir sin depender de transporte. Además, tanto su restaurante como su bar funcionan como extensión natural de la vida urbana, no como espacios aislados para los huéspedes del hotel.
Vino, viñedos y escapadas cortas
Dijon es la puerta de entrada natural a la Route des Grands Crus, una de las rutas vinícolas más prestigiosas del mundo. A pocos minutos en coche o tren aparecen nombres como Gevrey-Chambertin, Nuits-Saint-Georges o Beaune. Incluso sin ser experto en vino, recorrer estos pueblos ayuda a entender por qué Borgoña ocupa un lugar central en la cultura gastronómica europea.
