El mejor refugio de invierno está en Huesca, entre pistas de esquí y montañas nevadas
Aramón Formigal-Panticosa es el mayor destino de esquí en España. Foto : Aramon.com

El mejor refugio de invierno está en Huesca, entre pistas de esquí y montañas nevadas

Entre montañas nevadas, fiestas después de un día de ski y un ambiente que combina deporte, ocio y estilo, Formigal ha consolidado su título como el gran refugio invernal de los Pirineos españoles.

Aleks Gallardo | Enero 2, 2026

A veces, lo difícil no es llegar a la cima, sino mantenerse en ella. Y eso es exactamente lo que ha hecho Formigal, temporada tras temporada, desde que en los años sesenta se convirtiera en sinónimo de esquí en España.

Situada en el valle de Tena, en pleno Pirineo aragonés y a poco más de dos horas de Zaragoza, esta estación —hoy unida a Panticosa bajo el dominio Aramón Formigal-Panticosa— ha sabido modernizarse sin perder su espíritu alpino. No hace falta viajar hasta Helsinki para vivir el invierno, miles de viajeros repiten el mismo ritual en el norte de España: cambiar el reloj por el termómetro, el móvil por los guantes, y las prisas por la nieve.

No es casualidad que Formigal siga siendo el destino de montaña más buscado de Aragón, con uno de los paisajes más espectaculares del invierno. Su secreto está en que ofrece pistas amplias, hoteles acogedores, buena gastronomía y un ambiente que combina lo deportivo con lo social.

En Formigal se esquía, pero también se come, se celebra y se contempla el paisaje. No es solo una estación: es un pequeño ecosistema invernal que sigue conquistando a los que llegan por primera vez… y también a los que juraron que no volverían a ponerse unos esquís.

Una estación con historia y futuro

El dominio Aramón Formigal-Panticosa cuenta hoy con más de 180 kilómetros esquiables repartidos en seis valles, conectados por modernos remontes. Las cotas van desde los 1.500 a los 2.250 metros, con un desnivel que garantiza nieve casi toda la temporada. Pero lo que la diferencia es su capacidad para adaptarse a todo tipo de esquiador.

Desde las pistas azules de Anayet —ideales para principiantes— hasta las rojas y negras de Izas o Portalet, Formigal ofrece variedad y calidad de nieve incluso en los inviernos más caprichosos. Además, la estación ha incorporado en los últimos años áreas para freeride controlado, zonas de ski cross, circuitos de raquetas y un calendario de eventos para todos los gustos. 

Lo más curioso es que, pese a su tamaño, la estación mantiene una atmósfera de cercanía. En parte porque el valle de Tena sigue siendo uno de los más auténticos del Pirineo aragonés, con pueblos que conservan la arquitectura de piedra, tejados de pizarra y chimeneas troncocónicas llamadas espantabrujas. 

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Aramón Formigal-Panticosa es el mayor destino de esquí en España. Foto: Aramon.com

El valle de Tena: naturaleza en mayúsculas

Si algo distingue a Formigal es su entorno. El valle de Tena es uno de los más espectaculares del Pirineo, un anfiteatro natural rodeado de picos que superan los 3.000 metros, como el Balaitús o el Infierno. En los días despejados, las vistas desde las pistas de Tres Hombres o Collado son de las que justifican el madrugón.

Más allá del esquí, el valle ofrece rutas de senderismo invernales, excursiones con raquetas, trineos tirados por perros y miradores naturales. En el embalse de Lanuza, por ejemplo, el reflejo de las montañas en el agua helada convierte cualquier paseo en un espectáculo visual. Y en Panticosa, a solo 15 minutos, el antiguo balneario termal sigue siendo una parada imprescindible para quienes buscan descanso entre baños calientes y silencio absoluto.

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Mucho por hacer en Formigal

A media mañana, cuando las pistas empiezan a llenarse de huellas, el sonido de los esquís se mezcla con la música de fondo y el aroma a chocolate caliente. En las jornadas más luminosas, lo mejor es detenerse un rato en el Hotel Saliecho, a pie de pistas, donde el calor del spa y el silencio de las montañas crean un contraste casi perfecto. Desde sus ventanales, el blanco del paisaje se transforma lentamente en luz dorada, esa hora mágica que anuncia que el día se está acabando, pero el invierno sigue intacto.

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Hotel Saliecho, un clásico del invierno en Formigal. Foto: Aramon.com

Cuando cae la tarde, la estación se transforma. La nieve se enfría, los cascos se sueltan y el sonido de los altavoces anuncia que empieza el otro ritual de Formigal: el après-ski. Aquí el punto de encuentro tiene nombre propio —Marchica— y todo el mundo lo sabe. Bajo la carpa, con copas de vino caliente, DJ en directo y risas de fondo, la jornada cambia de ritmo. No importa si vienes con grupo, pareja o solo: Marchica es el lugar donde todo ocurre. 

Esa mezcla entre deporte y vida social es parte de la identidad de Formigal, pero el valle de Tena ofrece mucho más. A apenas unos minutos de la estación está Sallent de Gállego, un pueblo que parece congelado en el tiempo, con su puente medieval de piedra y su iglesia gótica del siglo XVI.

Allí, entre casas de tejado de pizarra y calles empinadas, se esconden algunos de los mejores restaurantes de la zona. Uno de ellos es Vidocq, un clásico contemporáneo donde la cocina de montaña se vuelve sofisticada sin perder autenticidad: guisos lentos, productos del valle y una bodega excelente.

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El aprés ski de moda está en Marchica. Foto: Aramon.com

Quien busca calma absoluta encuentra su lugar en el Balneario de Panticosa, un pequeño mundo aparte enclavado entre montañas. Las aguas termales, famosas desde el siglo XIX, fluyen a más de 30 grados incluso cuando todo alrededor está cubierto de nieve. Desde sus ventanales, el paisaje se vuelve cinematográfico: el vapor del agua, el bosque y el silencio. 

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Balneario de Panticosa. Foto: Balneario de Panticosa

Pero si hay un alojamiento que ha redefinido el concepto de dormir en la montaña, son Las Mugas. Seis cabañas semienterradas en la ladera de la estación, con techos de cristal para mirar las estrellas desde la cama y desayunos al amanecer con la nieve como único testigo. No hay cobertura, ni ruido, ni distracciones: solo la sensación de estar, literalmente, dentro del paisaje. Una de esas experiencias que explican por qué Formigal ha conseguido evolucionar sin perder su alma.

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Dormir con vistas a las estrellas en Las Mugas. Foto: Las Mugas

TURIUM TIPS

Dormir en Las Mugas: un refugio bajo las estrellas donde la nieve se convierte en silencio.
Tomar un vino caliente en Marchica: el après-ski más animado del Pirineo.
Cenar en Vidocq: uno de los mejores restaurantes de montaña de Aragón.
Relajarte en el Balneario de Panticosa: rodeado de montañas y vapor.
Ver amanecer desde Tres Hombres: la pista con las mejores vistas del valle.