Estos son los jardines más bonitos de Francia: están suspendidos en un acantilado y parecen un cuadro surrealista
El horizonte y los Jardines de Étretat. Foto : Instagram @jardins_d_etretat

Estos son los jardines más bonitos de Francia: están suspendidos en un acantilado y parecen un cuadro surrealista

En lo alto de un acantilado normando, encontramos los Jardins d’Étretat: un jardín de esculturas vegetales con una geometría imposible.

Aleks Gallardo | Agosto 31, 2025

A 90 metros sobre el nivel del mar, el Jardins d’Étretat se asoma al borde de un acantilado como si vigilara la costa. En estos jardines la naturaleza no se limita a crecer: se esculpe, se moldea y se convierte en un paisaje que desafía lo previsible. Desde el primer momento, uno entiende que no está frente a un parque más, sino ante una obra pensada para sorprender y provocar. 

Normandía tiene muchos rincones pintorescos, como Mont Saint Michel, pero pocos logran lo que este jardín: obligarte a mirar en todas direcciones. El océano queda a tus pies, los acantilados se alzan a un lado y, entre todo, una colección de esculturas vivas juega con las perspectivas y la luz. No hay truco: el espectáculo es real y está ahí, a merced de las estaciones y del clima.

Un acantilado con historia y carácter

Antes de ser un laboratorio creativo al aire libre, esta parcela tuvo su propia historia. A finales del siglo XIX, la actriz francesa Madame Thébault (amiga del pintor Claude Monet) decidió instalarse en este promontorio frente al canal de la Mancha. Fascinada por la luz, la roca blanca y el paisaje, plantó aquí su primer jardín, inspirado precisamente en la mirada impresionista de Monet.

Más de un siglo después, la paisajista rusa Alexandra Stepanova tomó el relevo, pero en lugar de recrear un jardín clásico, decidió reinterpretarlo. El resultado: un espacio dividido en zonas temáticas, cada una con una estética y una intención casi teatral. El visitante no solo pasea: recorre una narrativa visual.

Los jardines están encaramados a la cima de Falaise d’Amont, uno de los acantilados más icónicos de Étretat. Desde aquí, las vistas sobre el arco natural y la aguja de roca, esas formaciones que Monet y Courbet inmortalizaron en sus lienzos, son directamente un robo de aliento.

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Arte paisajístico en Jardins d'Étretat. Foto: Instagram @jardins_d_etretat

Una ubicación privilegiada

Étretat no es un pueblo costero al uso. Con apenas 1.200 habitantes, vive de cara al mar y bajo la sombra de unos acantilados de tiza blanca que han seducido a pintores, escritores y viajeros desde hace más de un siglo. Sus calles estrechas, salpicadas de casas con entramado de madera y pequeños cafés, son el contrapunto humano a la grandiosidad del paisaje.

La imagen más famosa de la localidad es la de sus formaciones rocosas: la Porte d’Aval, un arco natural que se adentra en el mar, y la Aiguille, una aguja caliza que se eleva 70 metros sobre las olas. Gustave Courbet, Claude Monet y Eugène Boudin las convirtieron en iconos pictóricos; Guy de Maupassant las describió en sus cuentos. Hoy siguen siendo el telón de fondo perfecto para paseos a pie, rutas de senderismo y, por supuesto, para visitar los Jardins d’Étretat, que  flotan justo sobre esta escena.

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Los exuberantes acantilados de Étretat. Foto: Ilnur Kalimullin (Unsplash)

Esculturas que respiran en los Jardins d’Étretat

La poda en estos jardines se convierte en escultura viva. Los setos adoptan formas de rostros, espirales y volúmenes abstractos que parecen moverse según cambia la luz o desde donde los mires. Es un jardín para caminar, pero también para observar sin prisa, buscando cómo cada figura vegetal dialoga con el mar y el cielo.

En la zona llamada “Jardín de las Emociones”, por ejemplo, los arbustos esculpidos representan expresiones humanas: sorpresa, calma, alegría.

El recorrido también incluye piezas de arte contemporáneo en metal, piedra y cerámica, estratégicamente colocadas para provocar contraste con la suavidad orgánica del entorno. Ese diálogo entre naturaleza y obra humana es constante: no hay un rincón sin una pequeña provocación visual.

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Figuras en Jardins d'Étretat. Foto: Alesia Kazantceva (Unsplash)

Consejos para disfrutarlo al máximo

La mejor hora para visitarlo es a primera de la mañana o hacia el final de la tarde, cuando la luz baja resalta los relieves y sombras de las esculturas. Si eres de los que busca la foto perfecta, ese es tu momento.

El recorrido no es largo, pero conviene dedicar al menos una hora para recorrerlo sin prisa. Llévate calzado cómodo (hay escalones y caminos de grava) y una chaqueta cortavientos, porque la brisa en la cima es omnipresente y no entiende de estaciones.

Por último, si quieres completar la experiencia, combina la visita con un paseo por la playa de guijarros de Étretat y una subida al acantilado opuesto, Falaise d’Aval, para obtener la perspectiva inversa.

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Jardins d’Étretat. Foto: Matteo Carassale (Turismo Normandía)

TURIUM TIPS

Bajar a la playa de guijarros y escuchar el sonido de las olas rompiendo contra las piedras blancas.
Subir al acantilado de Falaise d’Aval para obtener la mejor vista de la Porte d’Aval y la Aiguille.
Visitar la iglesia de Notre-Dame d’Étretat una joya gótica que vigila el pueblo desde lo alto.
Explorar el mercado local para probar quesos normandos o sidra artesanal.