Termas al aire libre y buen vino: esta ciudad es una de las más tranquilas de España y es perfecta para vivir
Si tu idea de escapada perfecta incluye agua caliente, buen vino y cero prisas, probablemente estés pensando en Ourense y todavía no lo sabes.
Ourense es una ciudad de interior en Galicia, una comunidad acostumbrada a mirar al mar. Esa condición la ha mantenido históricamente al margen de los grandes relatos turísticos, pero también le ha permitido conservar una identidad muy definida. Situada en el punto donde confluyen el Miño, el Sil y el Arnoia, Ourense ha sido desde época romana un lugar de paso, de reposo y de agua. Una ciudad construida alrededor de un recurso natural que sigue marcando su vida cotidiana: las aguas termales.
Los romanos la llamaron Aquae Aurientis y establecieron aquí uno de los complejos termales más importantes del noroeste peninsular. Dos mil años después, el agua continúa brotando a más de 60 grados en distintos puntos de la ciudad y forma parte del día a día de sus habitantes. Ourense es hoy el mayor conjunto termal urbano de Europa, con pozas públicas junto al río, balnearios históricos y paseos fluviales donde bañarse es una costumbre compartida. Esa continuidad histórica explica buena parte del carácter local.
Por qué Ourense es la ciudad de los puentes
Ourense no se entiende sin sus puentes. El Miño estructura la ciudad. A lo largo de los siglos, cruzarlo fue una necesidad estratégica y simbólica, y por eso la capital ourensana ha ido sumando pasos que hoy funcionan como una auténtica línea temporal de la ingeniería gallega.
El más antiguo y emblemático es el Puente Romano, también conocido como Ponte Vella. Su origen se remonta al siglo I, cuando los romanos trazaron aquí la Vía XVIII que conectaba Braga con Astorga. Aunque la estructura actual es fruto de reformas medievales y modernas, su perfil marca la imagen clásica de la ciudad. Durante siglos fue el único acceso sobre el Miño y hoy es un puente peatonal que conecta el casco histórico con la zona termal. Cruzarlo al atardecer, con la catedral al fondo y el vapor saliendo del río, es Ourense en estado puro.
Muy cerca se encuentra el Puente del Milenio, inaugurado en 2001 como símbolo de la ciudad contemporánea. Su pasarela elevada y su diseño curvo ofrecen una de las mejores vistas del Miño y funcionan como mirador peatonal.
El Puente Nuevo, del siglo XX, responde a una lógica más funcional y fue durante décadas el principal acceso rodado a la ciudad. Su presencia recuerda el crecimiento urbano hacia la margen derecha y el papel del icónico río Miño como eje de expansión.
Completan el conjunto el Puente de Ribeiriño, el Puente de Oira y varias pasarelas peatonales que cosen barrios y paseos fluviales. Lejos de ser simples infraestructuras, estos puentes organizan la vida urbana y permiten recorrer la ciudad caminando junto al río.

Una ciudad atravesada por el agua
En Ourense el agua emerge. Brota del subsuelo, atraviesa la ciudad y define su ritmo desde hace más de dos mil años, pero el verdadero corazón termal se encuentra en pleno centro urbano, en As Burgas, el punto donde el pasado romano y la vida cotidiana actual se encuentran sin intermediarios.
Las Burgas son un conjunto formado por la Burga de Arriba, la Burga de Abaixo y la piscina termal moderna. Las aguas manan a más de 60 grados y constituyen el origen mismo de la ciudad. Aquí se asentaron los romanos cuando fundaron Aquae Aurientis, y aquí sigue fluyendo el agua que convirtió a Ourense en capital termal. Es una plaza viva, integrada en el trazado urbano, donde vecinos y visitantes se cruzan a diario.
Desde As Burgas, el recorrido natural conduce hacia el Miño. El río funciona como una extensión lógica del sistema termal, con pozas públicas repartidas a lo largo de su cauce. A Chavasqueira, Muíño da Veiga, Outariz y Burga de Canedo forman uno de los mayores complejos termales al aire libre de Europa, accesible durante todo el año y especialmente singular en invierno, cuando el vapor se mezcla con la niebla del río.
Este vínculo directo entre ciudad y agua es lo que diferencia a Ourense de otros destinos termales. El baño forma parte del paisaje, del paseo y del día a día. Y esa continuidad explica por qué Ourense no ha convertido sus termas en un reclamo puntual, sino en la base sobre la que se construye su identidad.

Un casco histórico pequeño y muy gastronómico
El centro histórico se articula en torno a la Praza Maior, una de las pocas plazas mayores con pendiente de España. A su alrededor se despliega una red de calles estrechas, soportales y plazas donde la ciudad muestra su versión más amable.
La Catedral de San Martiño, de transición entre románico y gótico, guarda el Pórtico del Paraíso, una joya policromada del siglo XIII que no debe pasar desapercibida en tu visita. Muy cerca aparece la zona de vinos, especialmente las calles Lepanto, Santo Domingo y los alrededores del Mercado de Abastos.

La mejor gastronomía gallega está en Ourense
Ourense es una de las ciudades donde mejor se come del norte de España sin necesidad de grandes discursos gastronómicos. El producto manda y el vino, cómo no, acompaña.
En el Mercado de Abastos, recién renovado, conviven puestos tradicionales con pequeñas barras donde probar marisco, empanadas o vinos de la Ribeira Sacra y Valdeorras. Es un lugar completamente imprescindible si quieres entender el pulso real de la ciudad.
Entre las direcciones más sólidas destacan Nova, con estrella Michelin, que propone una lectura contemporánea del recetario gallego desde el respeto absoluto al producto, y A Taberna, un clásico donde el vino tiene tanto peso como la cocina. Para algo más informal, Bar Orellas o Pulpería Asador La Feria siguen demostrando que la sencillez bien ejecutada no pasa de moda.

La importancia de los vinos gallegos
Ourense es la puerta de entrada a dos denominaciones clave: Ribeira Sacra y Valdeorras. Desde la ciudad se llega en menos de una hora a cañones fluviales, viñedos en bancales imposibles y pequeñas bodegas familiares.
La Ribeira Sacra ofrece uno de los paisajes vitivinícolas más espectaculares de Europa. Los miradores del Sil —como Cabezoás o Vilouxe— permiten entender qué significa realmente la viticultura heroica. Valdeorras, por su parte, ha convertido la uva godello en una referencia nacional.
Además, uno de los grandes aciertos de Ourense es su entorno inmediato. A pocos kilómetros aparecen espacios como el Cañón del Sil, el Parque Natural Serra da Enciña da Lastra o el valle del Arnoia, ideales para escapadas cortas.
