Dicen que es el pueblo medieval más bonito de España: todo de piedra, con flores y a un paso de Francia
Peratallada ha conservado el encanto de su arquitectura tradicional. FOTO : TURISMO PERATALLADA.

Dicen que es el pueblo medieval más bonito de España: todo de piedra, con flores y a un paso de Francia

Peratallada es un pueblo medieval de calles laberínticas y empedradas, lleno de flores y con coquetos restaurantes y tiendas de artesanía. Está en el Baix Empordà, muy cerca de las mejores calas de la Costa Brava, y se conserva de maravilla.

Ángeles Castillo | Marzo 24, 2026

El Ampurdán, en la tan deseada y preciosa Girona, acostumbra a hacernos estos regalos. Unos pueblos de piedra encantadores que no solo nos sumergen en su amplificada belleza, sino que nos imponen un ritmo de vida más lento. Por estas calles empedradas llenas de flores, con el azul anticipando el cercano mar y el respeto por una forma de hacer las casas y las cosas, lo que reina es la lentitud. Peratallada, uno de los pueblos medievales mejor conservados de España, si no el que más, es el claro ejemplo de ello. Con permiso del vecino Pals, por supuesto. ¿Prisas? Aquí el tiempo se detiene. Y no solo por el viaje a la Edad Media.

Qué puedes ver en Peratallada, en el Ampurdán

Si en Cadaqués, más allá de Dalí, caemos rendidos ante la rotundidad del blanco y el azul, expresión máxima de lo marítimo y lo marinero, en Peratallada lo hacemos ante la contundencia de la piedra, que la lleva en su nombre. Una villa fortificada de naturaleza feudal en el Baix Empordà, glorificando el patrimonio histórico-artístico de Cataluña. Al igual que Hostalric, está protegida por murallas medievales y custodiada por el castillo y su torre del homenaje.

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Peratallada se encuentra en el Baix Empordà, en Girona. FOTO: PIXABAY/JAIME ALCOVER.

Sus estrechas y laberínticas calles, como corresponde a su idiosincrasia, te llevarán directamente a la plaza Mayor, que engrandece el conjunto y lo vuelve más pintoresco aún con sus soportales. Un escenario al estilo de Pézenas, la villa de Francia donde vivió el gran Molière. Peratallada también es puro teatro, en el más literal (y literario) sentido de las palabras, y además está a un paso del país vecino, algo que siempre se agradece. Entre uno y otro pueblo, el ampurdanés y el occitano, solo median 215 kilómetros.

Turismo rural en un pueblo encantador

Puestos a hacernos felices, Peratallada tiene una iglesia románica, la de Sant Esteve, de principios del siglo XIII. Se agradece, y mucho, que no haya abandonado a lo largo de los siglos su línea eminentemente rural y que no se haya doblegado ante los delirios arquitectónicos y urbanísticos de décadas pasadas, a pesar de los tentadores cantos de sirena.

Peratallada ha apostado por un turismo que mira hacia adelante sin haber dejado de hacerlo hacia atrás, en un loable equilibrio, visible por todas partes. Sus viviendas más características, las que tienen lo bajos recubiertos con bóvedas de piedra para usarse de almacén o bodega, lucen buhardilla o granero y hasta puede que patio, están aún en pie, rehabilitadas y aguantando el tipo.

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Las calles estrechas y empedradas de Peratallada. FOTO: PIXABAY/HJRIVAS.

Además, por esas calles serpenteantes y llenas de rincones dignos de admirar abundan restaurantes y tiendas de artesanía de los que hacen las delicias de los visitantes. El complemento perfecto para la visita al castillo, que fue el centro de la baronía de los Peratallada ya en el siglo XI, en torno al cual fue creciendo la población, aunque hay estructuras arquitectónicas que hablan de una fortaleza más antigua. Como todos los de su especie, se eleva desafiante dominando sus alrededores, y con un palacio del XIV orientado a levante.

Una villa fortificada con castillo y tres murallas

Nunca había cobrado tanto sentido lo de villa fortificada, porque hasta tres murallas con sus torres la protegieron, comunicadas, hipotéticamente, por puentes a la altura del paseo de ronda. A este triple amurallamiento, del que aún se pueden ver aquí y allá algunos lienzos, se sumaba el foso, que llega a unos siete u ocho metros de profundidad en algunos puntos. Por aquel entonces, y antes, Peratallada era Petra Scissa o Petra Tallada, topónimos que están documentados a partir del siglo X. Y no son los únicos.

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Una vista de Peratallada con sus casas y sus torres. FOTO: TURISMO PERATALLADA.

Como Peratallada, pertenecen a Forallac también Fonteta y Vulpellac, a quienes les unen sus pintorescos cascos antiguos. Fonteta presume, asimismo, de la iglesia de Santa María, datada en 904, que a su base románica suma su puerta renacentista y un rosetón. Y en cuanto a Vulpellac, cuenta igualmente con un castillo-palacio y con la iglesia parroquial de Sant Julià y Santa Basilissa.

A un paso de las mejores calas de la Costa Brava

Este conjunto tan histórico como artístico -volvemos a Peratallada, aunque vale para sus vecinos- tiene, para colmo, la fortuna de estar muy próximo a las mejores calas de la Costa Brava, como son Sa Riera, Sa Tuna o Aiguablava, en Begur, o S'Alguer, en Palamós. Todas son del estilo, paradisiacas, con casitas de pescadores, pinos piñoneros queriendo asomarse al mar, veleros completando la postal y la orografía haciendo de las suyas con acantilados de vértigo.

Un Mediterráneo este capaz de hacernos olvidar, aunque sea pasajeramente, las míticas (¿o habría que decir mitológicas?) islas griegas. Por cierto, en 1976 se halló en estos lares un enócoe griego, la vasija que servía para sacar el vino de la crátera, en el Mas del Bou Negre. También Peratallada tiene un pasado, y divinamente grecolatino.

TURIUM TIPS

El 26 de abril tendrá lugar la XXI Feria de las Hierbas. Una ocasión para adentrarse en el mundo de las hierbas frescas y secas, así como de las plantas medicinales y derivados como ungüentos, salsas, licores y panes.
En el hostal Blau de Peratallada no solo estarás alojado en una casa de piedra del siglo XVI, sino que podrás deleitarte con un desayuno con productos de proximidad -embutidos artesanos, mermeladas caseras, etc-, incluido en el precio de la habitación (desde 100 euros).
Este pueblo ampurdanés está lleno de restaurantes que son una tentación. Uno de ellos es El Borinot. Entre sus exquisiteces, canelón de pollo trufado con salsa de parmesano y crujiente de jamón ibérico. Atención a sus arroces. Y sin olvidar sobre la mesa que esta es tierra de vinos.
Ussing Art es uno de los talleres artesanos que animan estas calles. Capitaneado por un ceramista, Martin Ley Ussing, que da vida a los animales (peces, pájaros o reptiles), fundiendo tradición y experimentación.