Buena gastronomía y encanto medieval: este pueblo de Burgos tiene el mejor lechazo asado y también un cráter de sal único en Europa
Poza de la Sal es una villa medieval en la comarca burgalesa de la Bureba con unas salinas impresionantes en forma de cráter. Atravesar sus plazas, perderse por sus callejuelas y recrearse en sus casas de cuento de camino al castillo es mágico.
Al lado de Frías, sobrado de encanto y pintoresco como el que más, encontramos un pueblo que no le va a la zaga. Se trata de Poza de la Sal, que tiene todas las de ganar en cuestión de atractivo turístico, pese a que no pueda presumir de ser la ciudad más pequeña de España.
Este pueblo de la comarca de la Bureba, al norte de Burgos, hace honor a su nombre y tiene en las salinas, que ya eran explotadas en época romana, su mina de oro. Se trata, en realidad, de un diapiro, una depresión circular semejante a un cráter que parece abrazar al pueblo. Este diapiro, con un radio de 2,5 kilómetros, es punto de interés geológico máximo a nivel mundial.
Poza de la Sal, una villa medieval y salinera
Así que, además de conocer una villa medieval con todas las de la ley, se puede visitar el que está considerado el mayor salero del Viejo Continente, de donde llegaron a salir hasta 100.000 kilos de sal diarios en sus mejores tiempos.
Precisamente, a mediados del siglo XV se construyeron el castillo y la muralla para defender las salinas y su distribución. Su propiedad pasó por manos varias hasta que, en 1564, Felipe II decretó su monopolio, que concluyó en 1888. La extracción de sal fue abandonada definitivamente en Poza en 1974. Cuando se recuperó el paraje, en 2001, ya fue con vistas al turismo y la divulgación cultural.

Las salinas no son sino el preludio de un casco antiguo memorable que hay que ganarse a pie, como mandan el empedrado, la liturgia y los cánones. Desde la plaza Nueva, que mandó construir en 1660 Juana de Rojas y Córdoba, V marquesa de Poza, se pasa a la plaza Vieja a través de la puerta del Conjuradero. Se llama así porque, desde su balcón corrido, los curas conjuraban los nubarrones negros que amenazaban las cosechas y la producción de sal.
Qué puedes ver en Poza de la Sal
Una vez cruzado el umbral, se está ya en este conjunto histórico-artístico de excepción, que preside la iglesia de San Cosme y San Damián, templo gótico de finales del XIII, pero con reformas posteriores, de lo que da fe su fachada de estilo barroco.
Después, el arco de la Villa da entrada a la plaza del ayuntamiento, un edificio del siglo XVI con dos arquerías formadas por tres arcos de medio punto en armonía con el conjunto, también porticado. A renglón seguido, empieza el laberinto de calles y callejuelas, con casas apoyándose unas en otras para salvar la pendiente, ceñidas por la protectora muralla y ganando en altura en su búsqueda de la luz.

Los materiales de construcción de las viviendas también contribuyen a este encantamiento, por lo mucho que tienen de cuento y ambiente mágico. Así, están hechas de aparejo de mampostería o sillería en la planta baja, donde acostumbra a haber zaguán y cuadra. Y de adobe y entramado de vigas de madera, incluso de enlucido de yeso, en el piso superior, donde se abre la solana, galería corrida orientada al sur o al este, típica de las viviendas del Norte. No faltan los escudos nobiliarios aquí y allá.
Un castillo para proteger la sal y una ciudad romana
En este callejear se descubren asombrosos rincones, floridos o no, más o menos antiguos. Subiendo se llega al castillo, en la cima de un macizo rocoso tan vertical que es prácticamente inaccesible. Se halla en el borde oriental del diapiro, por lo que su control estaba asegurado, al igual que el de la villa y la Bureba. Hubo uno primero, levantado a finales del siglo IX por el conde Diego Rodríguez Porcelos, quien repobló Poza en la misma época que construyó el castillo de Pancorbo y fundó Burgos. Y otro posterior, del XIV, a instancias de la familia Rodríguez de Rojas.

Desde el castillo se divisa el espectacular cráter. Muy cerca, para no perderse detalle, está el Centro de Interpretación de las Salinas.
Si se sale de la villa hacia las salinas, se pasa por un conjunto de lavaderos, abrevaderos y fuentes del siglo XVIII. Aunque es anterior, ya que hay obras relacionadas con Flavia Augusta y la explotación romana del Salero, tales como el tramo inicial del acueducto, el puente, algunos manantiales y la calzada.
Recordemos que sobre el castro de Salionca, vinculado a las salinas, los romanos fundaron dicha ciudad, que tuvo al menos dos templos. Flavia Augusta está siendo actualmente excavada por los arqueólogos.
La cuna de Félix Rodríguez de la Fuente
A todo esto se suma que la villa salinera es el lugar donde nació y se crio Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980), el naturalista que hizo historia de la televisión con su serie El hombre y la tierra. Además de crear conciencia medioambiental cuando los linces, por poner un caso, no estaban protegidos. Su labor continúa en el centro de interpretación dedicado a su vida y su legado.
Tampoco podemos pasar por alto que Poza es el paraíso del lechazo al horno, así como de la morcilla. Aunque en honor a la verdad hay que decir que esto pasa en Burgos en general. Siempre que se oigan las campanas de la catedral, como reza el dicho, cosa posible porque queda a solo 45 kilómetros.