Ni Lisboa ni el Algarve, este es el precioso destino portugués que tienes que visitar en tu próxima escapada
El Algarve ya lo conoces. Lisboa también. La sorpresa ahora está en Setúbal, un rincón con playas salvajes, vino propio y un ritmo local que engancha desde el primer paseo.
Si eres de los que adoran el buen tiempo y disfrutan de descubrir las ciudades y los pueblos portugueses, sabrás que el Algarve está saturado de reservas imposibles y playas repletas de toallas. Por eso los locales con experiencia en escapadas de costa apuntan ahora hacia Setúbal.
Situada a 48 kilómetros de los atardeceres de Lisboa y conectada por autopista en menos de 50 minutos desde la capital, la ciudad se ha convertido en una especie de secreto a medias: es suficientemente conocida entre locales y lisboetas como para tener ambiente, pero no lo bastante promocionada en los catálogos turísticos como para vivir la presión internacional que sufre el sur.
Según datos de Turismo de Portugal, la región de Setúbal recibió en 2023 poco más de 500.000 visitantes, frente a los más de 5 millones que pasaron por el Algarve. La diferencia se nota en el agradable ritmo cotidiano y en la disponibilidad de espacio.
Pero Setúbal no es únicamente otro lugar con playas, sino una ciudad portuaria con una identidad muy marcada. Fue un centro pesquero de primer nivel desde el siglo XIX y aún mantiene esa cultura marinera, con uno de los puertos más activos del país y un mercado, el de Livramento, considerado entre los diez mejores de Europa.
Además, la bahía de Setúbal, incluida en el selecto club de las bahías más bellas del mundo por la asociación internacional homónima, está rodeada por dos escenarios naturales de peso: la sierra de Arrábida, con su parque natural protegido, y el estuario del Sado, hábitat de una colonia estable de delfines.
Playas con espacio en un entorno protegido en Setúbal
El gran reclamo de Setúbal son sus playas, que compiten en belleza con las del sur, pero con menor presión humana. La sierra de Arrábida esconde calas de difícil acceso como Praia dos Coelhos o Portinho da Arrábida, que forman parte de un área natural protegida de 108 km² donde el baño está regulado para evitar daños ambientales. El agua es fría, como en casi todo el Atlántico, pero la calidad es sobresaliente: muchas playas de Setúbal ondean Bandera Azul.
En la otra orilla, la península de Troia ofrece 18 kilómetros continuos de arena blanca. Se accede en ferry desde el puerto, un trayecto de apenas 20 minutos que atraviesa el estuario del Sado. Allí vive la única comunidad residente de delfines mulares de Portugal, con unos 30 ejemplares censados y monitorizados por biólogos locales. Esta franja de costa combina hoteles de cinco estrellas, campos de golf y restos arqueológicos romanos, un contraste poco común.

Para comer, nada como Portugal
La cocina de Setúbal gira alrededor del pescado y el marisco, y aquí se habla en serio de producto. El plato más famoso es el choco frito, sepia rebozada y frita que en restaurantes como Casa Santiago se sirve en raciones generosas y con un estatus casi patrimonial. También son imprescindibles las sardinas asadas, sobre todo en verano, y la caldeirada, un guiso de pescado que forma parte de la tradición casera.
En materia de vinos, Setúbal da nombre a una de las Denominaciones de Origen más antiguas de Portugal. El moscatel de Setúbal, un vino generoso con alto contenido aromático, es la estrella. Bodegas históricas como José Maria da Fonseca, fundada en 1834, ofrecen visitas a sus instalaciones en Azeitão, a pocos kilómetros de la ciudad. Allí también se producen tintos y blancos de calidad con viñedos situados entre la sierra y el mar.

Un destino abierto todo el año
El calendario turístico de Setúbal es más flexible que el del Algarve. La temporada alta existe, claro, pero incluso en julio y agosto la densidad de visitantes es mucho menor. En otoño e invierno, la ciudad mantiene actividad gracias al puerto, los mercados y la gastronomía. La cercanía a Lisboa (menos de una hora en coche) la convierte en una excursión recurrente para los lisboetas, pero también en un lugar interesante para quien busque una base distinta a la capital, con más tranquilidad y precios menos inflados.
Para el viajero de lujo o estilo de vida, la oferta de alojamientos boutique crece cada temporada, con hoteles en edificios rehabilitados y casas de campo reconvertidas en alojamientos de diseño en las afueras. El Hotel Casa Palmela es ideal para disfrutar esta maravilla portuguesa por todo lo alto.
