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La ciudad italiana más bonita y desconocida: está entre Milán y Turín, con paisajes únicos
La ciudad italiana más bonita y desconocida: está entre Milán y Turín, rodeada de paisajes únicos
Vercelli es una ciudad medieval del Piamonte, entre Milán y Turín, con un halo de misterio. Por sus torres, sus leyendas y la historia de sus fabulosos arrozales. Como si fuera el escenario de una novela del profesor Umberto Eco.
La piamontesa Vercelli apenas es conocida porque se halla a la sombra de dos gigantes como son Milán, la ciudad italiana construida sobre túneles secretos, y Turín; entre Suiza y el mar de Liguria. Hablamos de una ciudad pequeña, de unos 45.000 habitantes, frente al casi millón y medio que tiene la primera y los 850.000 de la segunda. Y pese a que atesora obras maestras, es conocida como capital europea del arroz. Una ciudad perfecta para disfrutar de Italia.
Vercelli está rodeada por extensos arrozales, que han conformado y enriquecido su paisaje, dotándola de pintorescos ingenios hidráulicos para llevar el agua a los terrenos de cultivo y de casas de labranza con solera. Es un patrimonio histórico, cultural y territorial único. Se cultivan hasta cien variedades de arroz, entre ellas el Riso di Baraggia Biellese e Vercellese.
Vercelli y el paisaje idílico de los arrozales
Tal vez su estampa más característica, fuera del marco urbano, sea la del Canal de Cavour cuando llega la primavera y los arrozales se transforman en un mar a cuadros. Como si fuera un tablero de ajedrez o las olas cuadradas que se entreven desde el mirador de las Ballenas en la remota pero cercana isla de Re (Francia). Las nubes reflejándose en las aguas y las pequeñas construcciones campestres surgiendo como islas. En verano, crecen las plántulas de arroz y todo se vuelve verde brillante.

Fueron los monjes cistercienses los que introdujeron el cultivo del arroz allá por el siglo XV en la llanura de Vercelli, convirtiendo en cultivables tierras cubiertas de bosque, de las que en la actualidad aún queda como vestigio el Bosco delle Sorti della Partecipanza.
De ahí surgieron las "grange", centros residenciales y agrícolas que tenían su centro en la abadía de Santa Maria di Lucedio, en Trino, hoy convertida en una granja moderna, Principado de Lucedio, a la que, sin embargo, rodea el misterio y la leyenda. Como si fuera el escenario de una novela del profesor Umberto Eco, tan amigo de lo medieval.
Qué ver en Vercelli, la capital europea del arroz
Este es el entorno de Vercelli, que presume, ya en el terreno más artístico, de la basílica de San Andrés, ejemplo de arquitectura gótico-románica; de los frescos de la iglesia de San Cristoforo, y de catedral, o mejor dicho, duomo, que para eso estamos en Italia. Además, las calles de su centro histórico guardan siempre alguna que otra sorpresa, que pueden ser palacios o torres medievales.

Empezamos por la Basilica di Sant’Andrea, la iglesia medieval que es una de las grandes joyas de Vercelli. Se empezó a construir en 1219 a petición del cardenal Guala Bicchieri y quedó completada en 1227. Una fecha en la que aún persistía el románico, que se adivina en su estructura a dos aguas y sus dos campanarios laterales, y se anticipaba el gótico, al descubierto en su gran rosetón central y todo su interior. Complejidad arquitectónica aparte, con su toque lombardo, destaca por la variedad cromática de sus materiales: blanco, rojo y verde.
De la biblioteca del Duomo a los frescos de San Cristoforo
El Duomo de Vercelli es posterior a la basílica, de 1572, y está dedicado a San Eusebio, su primer obispo y patrón del Piamonte, donde está esa joya desconocida que es el lago de Orta. Aunque tiene sus orígenes nada menos que en el siglo IV, época del santo, se fue transformando con el paso de los años y al gusto de cada época hasta quedarse con su aspecto actual, que es del XVI. Al campanario medieval, presidiendo la Piazza D’Angennes, se suma la fachada barroca y la gran cúpula del siglo XIX.
Entre sus muros están enterrados el beato Amadeo IX de Saboya, así como otros miembros de la antigua casa gobernante de Italia, entre ellos Carlos I, Carlos II o Víctor Amadeo I. Para colmo, el adyacente Palacio Arzobispal esconde un tesoro, convertido en museo, y una Biblioteca Capitular de primer orden, donde se custodian el Libro de Vercelli, uno de los códices poéticos más antiguos del inglés (siglo IX), y el Códice Vercellensis, considerado el manuscrito más antiguo de los cuatro evangelios en latín (350 d.C.).

A la iglesia de San Cristoforo se va sobre todo a contemplar los fabulosos frescos del pintor renacentista Gaudenzio Ferrari, llamado el Milanés, que la decoran al completo. El edificio se levantó en 1515 sobre otro del XII, y luce majestuoso también por su gran balaustrada de mármol policromado.
En el casco antiguo se alza igualmente la iglesia de Santa Caterina d’Alessandria, de 1350, de la que sobresale el altar con coro de madera, una pintura del XVI sobre el matrimonio místico de la santa y los frescos del XV que salieron a la luz tras las obras de restauración acometidas en 2015.
La ciudad de las cincuenta torres
Las torres hacen inconfundible a Vercelli. Como a San Gimignano, el pueblo más bonito de la Toscana. En la Edad Media llegó a tener cincuenta, vinculadas a los palacios de las familias principales. Una de las que han sobrevivido es la Torre dell’Angelo, en la emblemática Piazza Cavour. Es de base cuadrada, aunque se vuelve octogonal y gótica en su mitad, y ya decimonónica al final con remate de almenas. No le falta la leyenda con intervención angelical. En cuanto a la plaza, corazón de la ciudad, es porticada con arcos apuntados jugando a los colores.

Muy cerca, con vistas a la Piazza dei Pesci se eleva la Torre di Città. Cuadrada y muy austera, es la más antigua —probablemente del siglo XII— y la más alta de las torres nobles, con sus 38 metros. En el siglo XIII fue adquirida por el ayuntamiento y en 1377 se le incorporó un reloj, gran innovación para la época, junto con tres campanas.
Otra es la Torre dei Tizzoni, la correspondiente al palacio de los Tizzoni, que eran gibelinos —partidarios del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico—, y enemigos, por tanto, de los Avogadro, güelfos —partidarios de la autoridad papal—. La torre es octogonal y está incorporada a la iglesia de San Marcos.
De la huella medieval al arte contemporáneo
Esta iglesia medieval de San Marcos se acondicionó para convertirse en un innovador espacio cultural consagrado al arte contemporáneo, ARCA, fusionando lo antiguo con lo moderno.
Además, en Vercelli se puede visitar el Museo Borgogna, con obras que van desde el siglo XIV al XX, procedentes de la colección del filántropo Antonio Borgogna (1822-1906). A estas se sumaron después las procedentes del Instituto de Bellas Artes, así como de iglesias y monasterios caídos en desgracia de la propia ciudad piamontesa. Están alojadas, además, en el Palazzo Ferrero, que fue la residencia del coleccionista. Solo el lugar ya merece la pena.