El pueblo medieval de Cuenca que atesora una de las iglesias más sorprendentes de España
Alarcón te promete un viaje a la Edad Media gracias a su castillo, que es Parador de Turismo, y a sus torres vigías y calles empedradas. Pero también un paseo por el arte contemporáneo. Es un pueblo-isla en la meseta castellana.
Ya descubrimos los imprescindibles de Cuenca, del teatro romano de Segóbriga al monasterio de Uclés. Pero ahora vamos a quedarnos en el que quizá sea su pueblo más bonito y monumental para deleitarnos sin prisa. Así lo imponen el ritmo y el espíritu del propio Alarcón. No ya porque sea una villa amurallada con calles empedradas y castillo detenida en el tiempo. Ni porque esté abierta al aire puro de su naturaleza surcada por el Júcar, que se embalsa como un mar fluvial de fondo. Es que entre algunos de sus muros más solemnes se cultiva el arte contemporáneo. No se puede olvidar que en Cuenca ciudad está el Museo de Arte Abstracto Español. Reina la calma.
Hay que decir que la vista es soberbia y hasta desafiante. Como si la fortaleza árabe, estratégicamente situada en el Pico de los Hidalgos, quisiera ser conquistada, mientras el núcleo urbano, de apenas 173 habitantes, presume de imagen armónica por el protagonismo de la piedra. Podría ser una isla. Salta a la vista desde el mirador. El balcón desde el que todo asoma: el río, sus hoces, la pequeña represa de Henchideros, las torres vigías y el protagonista, el castillo.
Alarcón, un pueblo medieval en Cuenca
No ha habido que irse tampoco muy lejos, ni perderse en territorios ignotos. Alarcón está a solo dos horas de Madrid, ruta directa por la A-III, carretera de Valencia, pero el viaje es claramente a otra época. Hay iglesias, casonas y palacios, escudos de armas y fachadas de rotunda mampostería. Un bien de interés cultural, un conjunto histórico-artístico. A un lugar así solo se puede entrar por una puerta de muralla. Y la hay: la Puerta del Campo.

Después, habrá que traspasar el umbral de otras dos puertas, la del Calabozo y la del Bodegón, para situarse a los pies del castillo, rendidos también en cierto modo. Tiene fama de ser uno de los mejor conservados de España. De hecho, es Parador de Turismo desde 1964, rodeado por las tres líneas de muralla originales y con el patio de armas utilizado como jardín y aparcamiento.
La torre del Homenaje, renacentista, impone su majestuosidad sobre el edificio gótico. El castillo de Alarcón, una vez conquistado por las tropas de Alfonso VIII en 1184, fue objeto de deseo de los sucesivos reyes de Castilla, que se volcaron en él, le dotaron de fuero propio (1186) y le otorgaron el señorío de los territorios de alrededor. Así fue como el Infante Don Juan Manuel, el autor de "El conde Lucanor", lo recibió de manos de Fernando IV, ya en el siglo XIV. Se sabe que aquí escribió si no esta, otras de sus obras literarias. A continuación, la ciudadela perdió su gloria, sufrió lo que es el olvido y cayó en sucesivas manos hasta que en 1963 fue expropiado y convertido en parador.
Los Murales de Alarcón, arte en una iglesia
Precisamente, en la plaza que lleva el nombre de Don Juan Manuel está uno de los edificios más nobles de la villa, el palacio del Concejo, de cuño renacentista, de dos plantas, con galería porticada y rematado por pequeños pináculos. Pero a donde tenemos ganas realmente de llegar es a la iglesia de San Juan Bautista, ya desacralizada, de origen románico, trazas del siglo XVI y portada herreriana. El templo acoge los Murales de Alarcón, con mayúscula, del artista Jesús Mateo, una obra moderna pintada a la manera antigua.

Jesús Mateo comenzó los primeros bocetos en 1994 y fue dándoles forma con absoluta libertad hasta configurar un universo propio a partir de un lenguaje contemporáneo de gran dramatismo. Sobre estos muros están los orígenes de la vida, los sueños, la bóveda celeste o la finitud. El proyecto cobró tal dimensión que al año siguiente nació una asociación cultural retomando la vieja idea del mecenazgo artístico. Contó enseguida con el apoyo del Obispado de Cuenca y más tarde, en 1997, con el patrocinio oficial de la Unesco, que lo declaró de interés artístico mundial. Mateo dio por terminada su obra en 2002, ocho años después.
Una galería de arte en un palacio
Vamos ahora al palacio de los Castañeda, con fachada renacentista. Con el tiempo, fue centro de salud y sede del Museo Ourvantzoff (El Ruso), del pintor y coleccionista Miguel Ourvantzoff, hijo de un miembro del gobierno del zar Nicolás II, a quien la revolución bolchevique de 1917 convirtió en un exiliado político. Hoy alberga la galería MOA, dedicada al arte contemporáneo. Curiosamente, entre vestigios medievales, como el arca de piedra con tapa de hierro del siglo XII donde se custodiaban los privilegios reales y los fueros del concejo.

Hay que tomárselo con calma en Alarcón porque aún queda recorrido cultural. La iglesia de Santo Domingo de Silos es de origen románico, aunque luce portada gótica y adiciones posteriores. La de la Trinidad data del XIII, pero fue ampliada en el XV y siguientes. De su fachada se puede decir que es plateresca; y de su torre, que se levanta sobre el arco de la Villa. La de Santa María, por su parte, fue erigida en pleno Renacimiento. O sea, es armoniosa y bien proporcionada.