Cuatro torres mudéjares y fabulosas casas modernistas: esta ciudad de Aragón está a tres horas de Madrid y es perfecta para una escapada
La catedral es una de las joyas mudéjares de Teruel. FOTO : WIKIMEDIA COMMONS.

Cuatro torres mudéjares y fabulosas casas modernistas: esta ciudad de Aragón está a tres horas de Madrid y es perfecta para una escapada

En Teruel hay que abrir bien los ojos para no perderse ningún detalle de su patrimonio mudéjar. Sus torres son una virguería, así como la techumbre de su catedral. El modernismo la eleva aún más a los altares artísticos.

Ángeles Castillo | Julio 6, 2026

Hubo un tiempo en que había que decir una y otra vez, recordar más bien, que Teruel también existe porque había caído en un incomprensible olvido. Sin embargo, la ciudad más romántica de Aragón, por eso de los amantes, ha recuperado el tirón que nunca debió perder y ahora se destaca en el mapa como el destino mudéjar por antonomasia. Si quieren saber cuánto dio de sí este estilo arquitectónico caracterizado por la confluencia del románico y el gótico, eminentemente cristianos, y la ornamentación árabe, vayan a Teruel. La Unesco tuvo que rendirse ante este fabulosa herencia y la catalogó como Patrimonio de la Humanidad.

A Teruel la tenemos en el sur de Aragón, a tres horas y media de Madrid, surcada por el río Alfambra, que se une aquí al Guadalaviar y dan origen al Turia, en su camino ya hacia Valencia para desembocar en el Mediterráneo. Como curiosidad, es la capital provincial menos poblada del país, con 36.655 habitantes, según datos del INE de 2025, seguida de Soria, con 41.279, y de Segovia, con 52.375. El tamaño, al final, impone el ritmo a las ciudades. Y se nota. Uno tiene la impresión de que está en un pueblo cuando pasea por las calles, sube a su judería, respira el inconfundible aire medieval y se maravilla ante la filigrana de sus torres asomando por todas partes.

Qué ver en Teruel, la ciudad del mudéjar

Para eso se construían, para hacerse notar y para elevarse al cielo con su propia gloria. La catedral de Santa María reclama el protagonismo para sí, y con razón, pero lo tiene difícil con la competencia de las torres del Salvador, San Martín y San Pedro, que hacen de guías-faro por el casco histórico. Imposible perderse. Son las cuatro alturas que dibujan el perfil turolense y han llevado el esplendor artístico del mudéjar muy lejos. De la catedral no solo es la torre, es también el cimborrio y la techumbre policromada lo que ha sido subrayado por la Unesco por su excelencia cultural.

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La catedral de Teruel lleva incorporada una torre-puerta mudéjar. FOTO: WIKIMEDIA COMMONS.

El arte mudéjar ha pasado a la historia como un arte mestizo, nacido del diálogo cultural porque aunque los templos se construían a instancias de autoridades cristianas, muchos de los maestros de obras y albañiles eran musulmanes y, por tanto, aplicaban sus técnicas a los nuevos símbolos religiosos. Además, en ladrillo, que le da a todo otro acabado, otro color, y jugando a la geometría más sofisticada con la cerámica vidriada en tonos verdes y blancos.

Cuatro torres Patrimonio de la Humanidad

Las cuatro torres se levantaron entre los siglos XIII y XIV, uniendo las dos tradiciones y alumbrando un estilo oriundo de la península ibérica. La Unesco reconoció el valor de este legado en 1986, y en 2001 hizo lo propio con el mudéjar aragonés. Se incluyó entonces el ábside, claustro y torre de la colegiata de Santa María de Calatayud, la parroquieta y el cimborrio de la Seo de Zaragoza, y las iglesias de Santa Tecla y Santa María en Cervera de la Cañada y Tobed, además de los restos mudéjares del palacio de la Aljafería y la iglesia de San Pablo en la ciudad de Zaragoza.

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Torre de San Pedro y mausoleo de los Amantes de Teruel: FOTO: FUNDACIÓN AMANTES DE TERUEL.

Entre todo este excelso patrimonio destaca la catedral de Santa María de Mediavilla de Teruel. Hay que verla por fuera al detalle, pero también entrar para admirar la techumbre de madera policromada que integra motivos geométricos, vegetales, heráldicos y escenas medievales varias. En total, más de 300 figuras: santos, caballeros, juglares o artesanos. Un retrato social de la época, además de un catecismo visual para el pueblo.

La torre de San Pedro y los Amantes de Teruel

La emoción se redobla subiendo hasta el campanario de San Pedro, tras salvar los 74 escalones de su escalera de caracol. Desde dentro se accede al ándito, un corredor que rodea la iglesia por el exterior y que permite apreciar la propia torre, las vidrieras o el rosetón. Es la más antigua junto con la de la catedral y responde, como todas, al modelo torre-puerta, puesto que se abre en una bóveda de cañón apuntado para permitir el paso. Adosada a sus pies se halla la iglesia del mismo nombre, en la antigua judería, un claro ejemplo de cómo se mezclaron las tres culturas.

Este templo data del siglo XIV, pero se levantó sobre uno anterior de factura románica. Luce igualmente los elementos típicos del mudéjar, en el claustro, uno de los cuatro de este estilo que todavía se conservan en Aragón, y en el ábside gótico. El pintor Salvador Gisbert la decoró con ocasión de la restauración a la que fue sometida la iglesia a partir de 1896, tras caerle un rayo.

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La torre del Salvador forma parte del casco histórico de Teruel. FOTO: EARTHDWELLER/PIXABAY.

Junto a San Pedro está el monumento más visitado de la ciudad, el mausoleo de los Amantes de Teruel, obra de Juan de Ávalos. En este recinto, además del monumento funerario propiamente dicho, se puede conocer la historia de Isabel de Segura y Diego de Marcilla, su contexto histórico, así como otros amores desgraciados de la historia. Los propios turolenses, ataviados con trajes medievales, recrean aquel Teruel del siglo XIII en febrero, cuando tiene lugar la fiesta popular bautizada como "Las bodas de Isabel".

El arte del ladrillo, la cerámica y la geometría

También se puede subir a la torre del Salvador, por los 122 peldaños de sus escaleras helicoidales. Con la fortuna de verlo todo, la vega, los tejados y la sierra circundante, con otros ojos tras haber pasado por el Centro de Interpretación de la Arquitectura Mudéjar Turolense. Lo curioso es que tiene doble torre concéntrica, al estilo de los alminares almohades. Hay una envolvente exterior de ladrillo y otra interior, que alberga la escalera y las bóvedas. En el exterior luce las acostumbradas fajas de ladrillo embellecidas con la cerámica vidriada en verde, ocre y blanco, creando geometrías, arcos mixtilíneos y sebkas, el entrelazado romboidal que decora la Giralda.

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La Torre de San Martín también es representativa del arte mudéjar. FOTO: WIKIMEDIA COMMONS.

La del Salvador es ya del siglo XIV, de mayor tamaño y más riqueza decorativa, asomando el gótico, igual que la de San Martín, que tiene anexa una iglesia de 1706, que sustituyó a la anterior mudéjar. También es de la tipología de alminar almohade y abierta por su parte inferior para ser atravesada. Predominan en su decoración las estrellas de ocho puntas blancas y con orla verde.

Una ruta por el modernismo turolense

Pero Teruel no solo te transportará a la Edad Media. También atesora hermosos ejemplos de arquitectura modernista, y también la glorifica con una fiesta el tercer sábado de noviembre. Aunque hay que decir que este estilo se inspiró en el mudéjar, originando lo que se ha dado en llamar neomudéjar, que aquí encuentra su máxima expresión en la escalinata del Óvalo, con el relieve de los Amantes en su primer descansillo. Es obra del ingeniero José Torán de la Rad y se construyó en los años veinte para salvar el desnivel entre la estación del ferrocarril y el casco antiguo.

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El Torico es uno de los edificios modernistas de Teruel. FOTO: WIKIMEDIA COMMONS.

Como se sabe, el modernismo nació al calor del auge económico, aupado por la burguesía mercantil, que gustó de exhibir su poderío mediante estos edificios, a cual más exuberante. Se recuperó el ladrillo y los azulejos, se dio prioridad a los elementos ornamentales, se liberó la imaginación y se optó por la línea curva. En esta ciudad aragonesa, el modernismo lleva el nombre del arquitecto Pablo Monguió. Suyas son la Casa Ferrán, La Madrileña o El Torico, mientras que otras como la Casa Bayo, la Casita de la Farmacia o la Casa Escriche se le atribuyen.

TURIUM TIPS

Dar un paseo desde el Óvalo hasta el convento de los franciscanos, con iglesia gótica, y disfrutar de las riberas del Turia.
Subir a la parte alta de la ciudad, donde se encuentra la judería. Se sale de la plaza el Torico y se asciende por la calle del Tozal para adentrarse después en la zona más antigua.
Descubrir los aljibes públicos de Teruel, mandados construir en 1374 por Pedro IV el Ceremonioso según las técnicas de los romanos, y el acueducto Los Arcos, situado en la parte norte del centro histórico.
Visitar los Alfares de los Hermanos Górriz para conocer el patrimonio artístico, arquitectónico y natural relacionado con la arcilla. Esto incluye el paisaje de Las Arcillas y las instalaciones alfareras, claves para el mudéjar.
Conocer el yacimiento arqueológico del Alto Chacón, la Ciudad Ibérica, de origen celtíbero (s. I). Está a tres kilómetros del casco urbano. Hay que atravesar el Turia y subir por el barrio de Jorgito hasta la Muela.
Es obligado probar el jamón de Teruel, con Denominación de Origen Protegida.
A los niños les encantará Dinópolis, que presume de ser el parque paleontológico más grande de Europa. Todo sobre cómo vivían los dinosaurios y con reproducciones a tamaño real.