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Le Sirenuse: la historia del hotel que convirtió la Costa Amalfitana en un destino de lujo
Le Sirenuse: la historia del hotel que convirtió la Costa Amalfitana en un destino para el gran lujo
La historia de Le Sirenuse está íntimamente ligada a la de Positano, en la Costa Amalfitana, y explica cómo este pequeño municipio pasó de vivir de la pesca a convertirse en uno de los destinos más codiciados del planeta.
Ahora es fácil, pero no siempre lo fue. Hubo un tiempo en que llegar a Positano era cualquier cosa menos sencillo. Antes de la autopista, antes de los influencers y antes incluso de que la Costa Amalfitana apareciera en las listas de deseos de medio mundo, este antiguo pueblo de pescadores era un rincón al que se llegaba con dificultad. Y esa dificultad terminó convirtiéndose en su mejor argumento. Entre quienes supieron verlo estuvo una familia napolitana que, tras la Segunda Guerra Mundial, transformó su residencia de verano en uno de los hoteles más influyentes del Mediterráneo. El resto pertenece ya a la historia de la hotelería.
Cuando se habla de los grandes hoteles italianos suelen aparecer nombres como el Gritti Palace de Venecia, el Hotel de Russie de Roma o Villa d’Este en el lago de Como. Sin embargo, pocos establecimientos han ejercido tanta influencia sobre un territorio como Le Sirenuse. Su historia está íntimamente ligada a la de Positano y explica, en buena medida, cómo este pequeño municipio pasó de vivir de la pesca a convertirse en uno de los destinos más codiciados del planeta.

Le Sirenuse, una casa familiar que marcó época
Le Sirenuse abrió sus puertas en 1951. Los hermanos Aldo, Paolo, Anna y Franco Sersale tomaron una decisión poco habitual para la época: convertir la villa familiar del siglo XVIII en un hotel. Lo hicieron casi por necesidad. Tras la guerra, mantener una propiedad de esas dimensiones era complicado y comenzaron alquilando algunas habitaciones a viajeros que buscaban un Mediterráneo todavía ajeno al turismo masificado.
Aquellos primeros huéspedes no encontraban un hotel tradicional. Encontraban una casa. Esa filosofía sigue siendo probablemente el mayor lujo del establecimiento. La familia Sersale continúa al frente del proyecto, y el ambiente conserva una mezcla entre residencia privada y hotel impecablemente gestionado que tantos establecimientos intentan copiar sin demasiado éxito.

Mientras otros hoteles históricos italianos apostaban por grandes salones o fachadas palaciegas, aquí todo giraba alrededor de las terrazas abiertas sobre el mar, los suelos de mayólica pintados a mano, las buganvillas cayendo por las fachadas y una colección de antigüedades reunida durante generaciones.
No tardaron en llegar artistas, escritores y cineastas. Durante los años cincuenta y sesenta, cuando la Costa Amalfitana comenzaba a atraer a la aristocracia europea y al Hollywood de la Dolce Vita, Le Sirenuse se convirtió en una dirección que circulaba casi de boca en boca. Su prestigio se construyó mucho antes de las redes sociales y de las listas internacionales de hoteles.

El lujo entendido como cultura
Parte de la personalidad del hotel reside en evitar la repetición. Ninguna habitación es exactamente igual a otra. Muchas conservan muebles antiguos, tejidos realizados por artesanos italianos y cerámicas procedentes de Vietri sul Mare, uno de los grandes centros históricos de producción cerámica del país.
Con el paso de las décadas, Le Sirenuse ha sabido evolucionar. La llegada del restaurante La Sponda marcó un punto de inflexión. Cada noche, el comedor se ilumina con cientos de velas, una escena que ha terminado convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de Positano. Al frente de la cocina, la propuesta mantiene una lectura contemporánea de la tradición campana, con protagonismo absoluto para el producto local.
Otro espacio imprescindible es el Franco's Bar, inaugurado en 2015 y convertido rápidamente en uno de los mejores lugares para contemplar la puesta de sol sobre la costa. Su estética, firmada por el estudio romano de los arquitectos Antonio Girardi y Cristiana Santoro, recupera la tradición italiana del aperitivo.

Qué ver alrededor de Le Sirenuse
Uno de los mayores aciertos del hotel es su ubicación. Basta salir caminando para entender por qué Positano sigue fascinando incluso cuando las calles están llenas. El recorrido hacia la playa de Marina Grande permite descubrir pequeños talleres donde todavía trabajan artesanos especializados en sandalias hechas a medida, una tradición que continúa viva desde mediados del siglo pasado.
La iglesia de Santa Maria Assunta merece una visita relajada. Su cúpula revestida con azulejos de mayólica forma parte del perfil más reconocible de Positano y guarda un icono bizantino de la Virgen Negra.
Quienes dispongan de tiempo deberían recorrer el Sentiero degli Dei, probablemente uno de los caminos costeros más espectaculares de Europa.

A pocos kilómetros aparece Ravello, situada varios cientos de metros por encima del mar. Sus jardines históricos siguen siendo una referencia para arquitectos paisajistas de todo el mundo. Desde la terraza infinita de Villa Cimbrone entenderás muchas cosas de la vida.
Para terminar, merece la pena desviarse hasta Fiordo di Furore, una diminuta cala escondida entre paredes de roca donde todavía puede apreciarse el antiguo puerto natural utilizado por pescadores y comerciantes.
Ese es el secreto de Le Sirenuse: a pesar de aparecer desde hace años entre los mejores hoteles del mundo, conserva la capacidad para hacer creer al viajero que ha descubierto un lugar reservado para quienes saben mirar un poco más despacio.