NO TE PIERDAS
Olvídate del móvil: el revival de las cámaras digitales para fotografiar tus vacaciones
Los mercados gastro más bonitos de España que debes visitar al menos una vez en la vida
Antes de convertirse en paradas imprescindibles de cualquier escapada urbana, fueron plazas, lonjas, astilleros o mercados de barrio. Estos son algunos de los que justifican el viaje por sí mismos.
Un mercado puede contar mejor los detalles de una ciudad que cualquier museo. Y no solo por el trasiego de gente, la forma de comprar, los productos de la zona o la ceremonia que todo ello conlleva, sino por su arquitectura. A finales del XIX y principios del XX, cuando el hierro y el vidrio empezaron a transformar la arquitectura europea, España llenó sus ciudades de grandes mercados cubiertos. Eran infraestructuras prácticas, higiénicas y ambiciosas: monumentos dedicados solo a comprar pescado, carne o verduras.
Más de un siglo después, algunos siguen funcionando exactamente para eso. Otros han incorporado barras, cocinas y restaurantes; unos cuantos han llevado el concepto gourmet hasta un punto discutible. Porque la transformación de los mercados históricos en atracciones gastronómicas también tiene una cara menos fotogénica: puestos tradicionales desplazados, precios pensados para el visitante y una uniformidad de ostras, vermut y croquetas que puede aparecer igual en Madrid que en cualquier otra capital europea.
Los mejores han conseguido esquivar esa sensación. Conservan arquitectura, producto y una relación todavía reconocible con la ciudad que los rodea. Y conviene visitarlos con una regla bastante sencilla: madrugar.

MERCADO CENTRAL, VALENCIA
Pocas ciudades se tomaron tan en serio sus mercados como Valencia. El Mercado Central, inaugurado en 1928, es una de las grandes piezas del modernismo valenciano: hierro, vidrio, cerámica, vidrieras y una enorme cúpula central de 14 metros de diámetro. Alexandre Soler March y Francesc Guàrdia Vial ganaron el concurso para proyectarlo en 1910 y las obras arrancaron en 1914. El detalle que merece mirar hacia arriba está en su decoración, llena de referencias a la huerta y a los productos agrícolas valencianos.
Después toca mirar los puestos. Salazones, encurtidos, frutas, verduras, especias, jamones, pescados y esa particular obsesión valenciana por disponer de varias variedades de un mismo ingrediente. Además, salir del mercado y encontrarse frente a la Lonja de la Seda permite entender en pocos metros varios siglos de historia comercial de la ciudad.

MERCADO DE ATARAZANAS, MÁLAGA
El nombre ya da una pista. Antes de que aquí se vendieran boquerones, aceitunas y almendras, el lugar albergaba el principal astillero nazarí de Málaga durante el reinado de Mohammed V. De aquella construcción se conserva la gran puerta monumental de acceso, integrada en el mercado actual y suficiente para una visita. Dentro manda el producto malagueño y andaluz, especialmente pescado y marisco, frutas, verduras, encurtidos y chacinas. Es mejor llegar por la mañana, cuando el mercado funciona a pleno rendimiento, y dejar el aperitivo para después.

MERCADO DE LA RIBERA, BILBAO
La relación de Bilbao con este punto junto a la ría viene de muy lejos: la Carta Puebla de la villa ya contemplaba en el siglo XIV la celebración de un mercado semanal en esta zona. El edificio actual llegó en 1929 y ocupa alrededor de 10.000 metros cuadrados. Su arquitectura mezcla funcionalismo, vidrieras, celosías y decoración art déco, mientras la luz atraviesa diferentes niveles del edificio. En los puestos, la cocina vasca empieza antes de llegar al restaurante: pescados del Cantábrico, bacalao, carnes, verduras, quesos y conservas para hacerte la boca agua.

MERCADO DE ABASTOS, SANTIAGO DE COMPOSTELA
Lo de Santiago es una forma muy gallega de monumentalizar la compra cotidiana: hacerlo con granito. La actual Plaza de Abastos, construida en 1941 según proyecto de Joaquín Vaquero Palacios, está organizada en ocho naves que recuerdan vagamente a pequeñas iglesias románicas. La arquitectura encaja tan bien en Compostela que cuesta imaginar otra solución.
Los compostelanos lo llaman simplemente "la Plaza" y es un lugar formidable para probar el producto gallego. Mariscos, pescados, quesos, carnes y verduras conviven con las tradicionales paisanas que venden productos de pequeñas explotaciones. La nave 5 concentra parte de la oferta para comer allí mismo y alrededor han aparecido direcciones como Abastos 2.0. Un dato significativo: es uno de los lugares más visitados de Santiago después de la Catedral.

MERCADO DEL ESTE, SANTANDER
Construido en 1842, el Mercado del Este introdujo en España un concepto entonces bastante novedoso: la galería comercial cubierta. Su estructura ordenada mediante calles interiores anticipaba una forma de comprar que terminaría extendiéndose por las ciudades europeas. Está entre la plaza Porticada y la plaza de Pombo y, tras su rehabilitación, funciona de manera diferente a un mercado de abastos clásico: gastronomía, comercios especializados y espacios culturales comparten edificio.

MERCADO DE SAN MIGUEL, MADRID
Puede ser uno de los mercados más turísticos de España y seguir mereciendo la visita. Las dos cosas son compatibles. El Mercado de San Miguel abrió como mercado de abastos en 1916 y constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura de hierro que quedan en Madrid. En 2009 se reinventó como mercado gastronómico, convirtiéndose además en uno de los primeros grandes modelos españoles de esta fórmula. Hoy sus más de treinta puestos están orientados claramente al visitante y conviene asumirlo antes de entrar. A cambio, la estructura de hierro y vidrio continúa siendo magnífica.

MERCADO DE COLÓN, VALENCIA
Si el Mercado Central representa la gran despensa valenciana, el de Colón funciona casi como su versión social. Francisco Mora lo proyectó en 1913 bajo la influencia del modernismo catalán de Domènech i Montaner y Puig i Cadafalch. Las grandes portadas de ladrillo y piedra, la cerámica policromada y la estructura metálica hacen que sentarse aquí a tomar algo resulte especialmente agradable. Su uso actual está más próximo a un espacio gastronómico que al mercado tradicional para llenar la cesta: horchata, cafés, restaurantes y barras han ocupado el antiguo recinto de abastecimiento.

MERCAT DE LA BOQUERIA, BARCELONA
La Boqueria lleva tanto tiempo formando parte del paisaje de la Rambla que es fácil olvidar que su historia empezó antes de que existiera el edificio actual. Sus antecedentes se remontan al siglo XIII, cuando vendedores ambulantes y campesinos instalaban sus puestos fuera de las murallas para evitar los impuestos de entrada de mercancías. El mercado comenzó a tomar su forma contemporánea en el siglo XIX, sobre el solar que había ocupado el convento de Sant Josep, y su reconocible cubierta metálica llegó en 1914.
Entrar hoy exige cierta estrategia. La presión turística ha cambiado inevitablemente el mercado y las primeras filas concentran zumos, fruta cortada y productos pensados para el visitante ocasional. Conviene avanzar hacia el interior, donde todavía aparecen pescaderías, carnicerías, charcuterías, puestos de setas, legumbres, frutos secos y productos difíciles de encontrar en otros puntos de Barcelona. La Boqueria puede resultar excesiva a mediodía, así que la mejor versión aparece a primera hora, antes de que la Rambla alcance su velocidad de crucero.