Olvídate del móvil: el revival de las cámaras digitales para fotografiar tus vacaciones
Vuelve la estética vintage, también en las fotos de viajes. Foto : Unsplash.

Olvídate del móvil: el revival de las cámaras digitales para fotografiar tus vacaciones

La generación que creció con un smartphone en el bolsillo está recuperando las compactas digitales de los 2000. Flash directo, fotos imperfectas y una nueva forma, curiosamente más lenta, de recordar un viaje.

Aleks Gallardo | Agosto 25, 2026

En 2007, Steve Jobs presentó el primer iPhone y comenzó, sin saberlo, la lenta jubilación de uno de los objetos más habituales en cualquier maleta: la cámara compacta. Durante la década siguiente hicimos exactamente lo que prometía la tecnología. Dejamos la cámara en casa, concentramos mapas, música, reservas y fotografías en un único aparato y aprendimos a sacar imágenes técnicamente extraordinarias sin ningún tipo de formación. Diecinueve años después, todo se vuelve a dar la vuelta.

Una Canon PowerShot, una Nikon Coolpix o una Sony Cyber-shot de hace quince años puede provocar hoy más interés entre alguien de veinte que el último teléfono con tres objetivos y fotografía computacional. TikTok ha acelerado el fenómeno, los influencers han contribuido a convertir algunas compactas en objetos de deseo y el mercado de segunda mano ha hecho el resto. La Canon PowerShot G7 X Mark III, lanzada en 2019, sigue siendo en 2026 una de las cámaras más buscadas de su categoría y encontrarla nueva es toda una gymkhana. Canon incluso ha celebrado este año los 30 años de PowerShot con una edición limitada de la G7 X Mark III.

Sin embargo, hablar solo de una moda de TikTok sería quedarse corto. Las cifras de la Camera & Imaging Products Association (CIPA) cuentan algo sorprendente: en 2025 los envíos mundiales de cámaras compactas crecieron un 29,6% respecto al año anterior y su valor aumentó un 49,8%. Después de años escuchando que el smartphone había acabado definitivamente con ellas, las compactas son una de las categorías que más movimiento vuelve a generar.

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El boom de las cámaras digitales de los 2000 es ya una realidad. Foto: Unsplash

La imperfección se ha vuelto interesante

La explicación empieza, precisamente, en el teléfono. Las cámaras de los smartphones actuales son demasiado buenas para buena parte de lo que les pedimos. HDR, reducción de ruido, modo noche, reconocimiento de escenas, combinación automática de varias exposiciones, retoque computacional… Pulsamos y el software decide. Pero después de miles de fotografías impecables, esa perfección se hace aburrida.

La compacta introduce pequeños detalles. Hay que llevarla encima, encenderla, esperar, decidir cuándo utilizar el flash y transferir después las imágenes. Algunas cámaras antiguas tardan incluso un instante en guardar cada fotografía. Frente a la lógica de producir, editar y publicar en cuestión de segundos, esa torpeza resulta atractiva.

También existe una cuestión estética. El flash frontal, las altas luces quemadas, el ruido digital, los tonos algo extraños y la menor capacidad para resolver escenas difíciles han dejado de considerarse necesariamente defectos. La fotografía de principios de los 2000 (la época de las fiestas fotografiadas en webs como Tillate.com, las primeras redes sociales, los álbumes de Facebook y las compactas plateadas) se ha convertido en referencia visual para una generación que era demasiado pequeña para utilizar aquellas cámaras cuando aparecieron.

Y aquí las vacaciones tienen mucho que decir. Sacar el móvil para fotografiar una cala implica encontrarse también con WhatsApp, Instagram, el correo y tres notificaciones que no habíamos pedido. Una cámara hace una sola cosa. Y para qué más. 

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De una Coolpix usada a una Fujifilm X100VI

Para conseguir ese aspecto deliberadamente dosmilero, buscar en segunda mano puede resultar mucho más divertido que comprar un modelo nuevo. Las antiguas Canon IXUS/PowerShot, Sony Cyber-shot, Panasonic Lumix o Nikon Coolpix son pequeñas, utilizan sensores modestos y muchas incorporan el flash que produce precisamente esa estética buscada. Antes de pagar precios absurdos por un modelo viral conviene comprobar batería, cargador, funcionamiento del zoom, estado de la pantalla y qué tarjeta de memoria utiliza. La nostalgia también tiene inflación.

Si buscamos una cámara actual que realmente sustituya al móvil durante un viaje, el abanico cambia. La Canon PowerShot G7 X Mark III continúa siendo una magnífica compañera por su sensor de una pulgada, objetivo equivalente a 24-100 mm f/1.8-2.8 y dimensiones manejables. Su popularidad, eso sí, ha complicado mucho la disponibilidad.

La Sony RX100 VII es una de las compactas de viaje más completas gracias a su pequeño tamaño y a un zoom equivalente a 24-200 mm: especialmente práctico cuando queremos viajar con una única cámara.

La Ricoh GR IIIx —y la familia GR— es la opción más insider: discreta, realmente pequeña y con un sensor APS-C mucho mayor de lo que su tamaño hace pensar. Su filosofía está muy vinculada a la fotografía callejera y funciona especialmente bien para quien quiera volver de Tokio, Lisboa o Ciudad de México con algo más que 800 vistas generales.

Y para quienes buscan algo premium, la Leica D-Lux 8 lleva la idea de compacta de viaje hacia un territorio más sofisticado. 

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El mejor souvenir te lo da una cámara digital. Foto: Unsplash

Cómo viajar con una cámara otra vez

La primera regla es algo decepcionante: no comprar la cámara que esté de moda, sino la que realmente vayamos a llevar encima. Una cámara extraordinaria guardada en el hotel pierde siempre contra un teléfono mediocre que está en el bolsillo.

También merece la pena contener el equipaje tecnológico. Una batería extra, tarjeta SD con espacio suficiente, lector para pasar imágenes al teléfono si queremos compartir alguna y una pequeña correa de muñeca solucionan mucho este revival. En una compacta antigua es recomendable llevar una segunda batería: quince años tampoco pasan gratis para el ion-litio.

Después está la parte más difícil: resistirse a comprobar cada fotografía. Las pantallas digitales introdujeron una costumbre que el móvil terminó de convertir en reflejo, disparar y mirar inmediatamente el resultado. Apagar la revisión automática o limitarse a fotografiar durante unas horas sin entrar en la galería cambia mucho el viaje.

Es algo poético que la PowerShot cumpla 30 años justo ahora. Canon lanzó la primera PowerShot 600 en 1996; tres décadas después, la compañía celebra el aniversario cuando las compactas vuelven a despertar interés comercial. La tecnología pasó años intentando conseguir que pudiéramos hacer absolutamente todo desde el mismo dispositivo. Este verano, meter otro aparato en la maleta vuelve a ser una buena idea.