Los pueblos más bonitos del sur de Portugal que debes conocer en tu escapada al Algarve
Ferragudo, uno de los pueblos más bonitos para visitar en el Algarve. Foto : Unsplash.

Los pueblos más bonitos del sur de Portugal que debes conocer en tu escapada al Algarve

El Algarve cambia mucho cuando te alejas unos kilómetros de sus grandes playas. Pasado árabe, cultura pesquera y una arquitectura que todavía resiste a lo homogéneo. Nos vamos de pueblo en pueblo.

Aleks Gallardo | Agosto 22, 2026

El Algarve tiene más de 3.000 horas de sol al año, por eso su relato turístico se ha construido mirando al mar. Cómo no. Pero solo es necesario conducir por la EN125 o desviarse hacia las carreteras del interior para descubrir otra región, bastante más interesante de lo que permiten sospechar las urbanizaciones y resorts que han colonizado algunos puntos del litoral. Entre Tavira y el extremo occidental aparecen fortalezas, mercados de pescado, chimeneas rendilhadas, antiguas conserveras y pueblos portugueses con mucho encanto.

Conviene también revisar qué entendemos aquí por "pueblo". En esta selección entran pequeñas aldeas, villas marineras y localidades de cierta entidad como Tavira u Olhão porque, puestos a recorrer el sur de Portugal, sería absurdo dejarlas fuera por una cuestión como esta. Además, nos permiten entender las distintas capas del Algarve: la herencia islámica, el pasado vinculado a la pesca del atún y la conserva, la arquitectura popular y ese interior montañoso que demasiadas veces queda relegado a excursión de día nublado.

El Algarve tiene unos 200 kilómetros de este a oeste y las carreteras secundarias piden cierta calma. Cacela Velha, Tavira y Olhão funcionan bien en una ruta por el este; Alte y Monchique obligan a mirar hacia el interior; Ferragudo, Burgau y Salema encajan mejor si la base está en el Barlavento.

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Cacela Velha se encuentra frente a la ría Formosa y el Atlántico. FOTO: VISIT ALGARVE.

Cacela Velha: el Algarve reducido a lo esencial

Se hace difícil encontrar una localidad con mejor relación entre tamaño y oferta. Cacela Velha es diminuta: un puñado de casas blancas alrededor de la Igreja de Nossa Senhora da Assunção y una fortaleza levantada frente a la Ría Formosa. Su origen está ligado al periodo musulmán y la posición elevada nos da un vistazo de la geografía de esta parte del Algarve: marismas, bancos de arena, canales y el Atlántico al fondo.

El consejo es sencillo: llegar pronto o a última hora de la tarde, especialmente en verano. Después, bajar hacia la playa de Fábrica, cuyo acceso depende de las mareas y suele realizarse en pequeñas embarcaciones. Cacela Velha ha ganado popularidad, pero todavía conserva algo que empieza a escasear en el litoral: muy pocas cosas compitiendo por nuestra atención.

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Tavira y el río Gilão. Foto: Benoit Properties

Tavira y el río Gilão

Tavira nacesita más que un paseo después de comer. El río Gilão atraviesa una localidad donde conviven restos de las murallas islámicas, el castillo, palacetes y algunos de los mejores ejemplos de arquitectura tradicional algarvía. Especialmente reconocibles son sus telhados de tesoura, esos tejados a cuatro aguas que crean una silueta muy particular sobre las casas, y las puertas de celosía vinculadas a la herencia árabe.

Su historia comercial estuvo ligada posteriormente al atún y a la industria conservera, algo que ayuda a entender una ciudad mucho más sofisticada de lo que cabría esperar por sus dimensiones. Conviene subir al castillo, cruzar el Gilão y reservar tiempo para la cercana Ilha de Tavira, una lengua de arena de unos 11 kilómetros integrada en el Parque Natural da Ria Formosa.

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Olhão: el Algarve menos pulido. Foto: Expedia

Olhão: el Algarve menos pulido

Olhão tiene una virtud especialmente valiosa en esta costa: mantiene algo de aspereza. Su identidad continúa muy vinculada al puerto, la pesca y el mercado, instalado junto a la ría en dos reconocibles edificios de ladrillo rojo. Merece la pena entrar por la mañana. Después hay que internarse en el antiguo barrio de pescadores. Las casas cúbicas, las azoteas —açoteias— y las calles estrechas construyen una imagen urbana con evidentes resonancias norteafricanas. Desde el puerto salen además barcos hacia Armona y Culatra, dos islas de la Ria Formosa que permiten prolongar la visita sin necesidad de coger de nuevo el coche.

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Alte: cuando el Algarve deja de mirar al océano. Foto: Aldeias de Portugal

Alte: cuando el Algarve deja de mirar al océano

A unos 30 kilómetros de la costa, Alte cambia el registro por completo. Estamos en el municipio de Loulé y dentro del territorio del Geoparque Algarvensis, en un paisaje de colinas donde aparecen casas encaladas, ventanas de colores y las elaboradas chimeneas de encaje características de la arquitectura regional. Es un buen punto para probar el Algarve del interior: miel, aguardiente de medronho, quesos, platos de legumbres y dulces elaborados con almendra, higo y algarroba. El poeta Cândido Guerreiro nació aquí en 1871 y su casa alberga hoy un pequeño museo.

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Ferragudo, una antigua villa pesquera frente a Portimão. Foto: Unsplash

Ferragudo: una antigua villa pesquera frente a Portimão

Al otro lado del río Arade, frente a Portimão, Ferragudo conserva una escala más doméstica. Su núcleo asciende desde el puerto entre calles blancas hasta la Igreja de São João do Arade, desde donde se obtiene una de las mejores perspectivas de la desembocadura. La zona baja concentra restaurantes y terrazas, pero merece la pena continuar hacia Praia Grande y el Castelo de São João do Arade, una fortificación privada que domina la costa. Ferragudo ya figura en casi todas las rutas del Algarve occidental.

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Burgau, el Santorini portugués. Foto: Unsplash

Burgau y Salema: dos escalas antes del Atlántico salvaje

Burgau ha sido comparado tantas veces con Santorini que quizá convenga olvidar de una vez la comparación. Lo interesante está de hecho en lo algarvío: las calles inclinadas hacia una pequeña playa, las antiguas casas de pescadores y una trama urbana compacta. 

Unos kilómetros hacia el oeste, Salema mantiene una relación aún más evidente con la pesca. Las barcas siguen ocupando parte del arenal y, cuando baja la marea, pueden localizarse incluso huellas fosilizadas en las rocas de la zona. Es además una parada interesante antes de continuar hacia Vila do Bispo y Sagres. 

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Monchique: la otra temperatura del Algarve. Foto: Unsplash

Monchique: la otra temperatura del Algarve

Para terminar conviene cambiar de altitud. Monchique se encuentra entre bosques, huertos y carreteras sinuosas en la sierra del mismo nombre. Cerca están las Caldas de Monchique, conocidas por sus aguas termales, mientras que la subida hacia Fóia conduce al punto más alto del Algarve, a 902 metros. El paisaje y la arquitectura recuerdan hasta qué punto reducir el Algarve a sus playas es quedarse con una versión incompleta de la región.

TURIUM TIPS

Una ruta con sentido. Combina Cacela Velha, Tavira y Olhão en el este; Ferragudo, Burgau y Salema en el oeste; y reserva otra jornada para el interior.
Un Algarve diferente. Dedica al menos medio día a Alte o Monchique para descubrir la arquitectura, la gastronomía y el paisaje del interior.
Hora de comer. Busca cataplana, pescado a la brasa, pulpo, conquilhas y productos elaborados con almendra, higo y algarroba.
El coche, casi imprescindible. Para enlazar pueblos costeros y localidades del interior con libertad, alquilar un coche sigue siendo la opción más práctica.