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El Valle del Jerte también es para el verano: piscinas naturales en la tierra de los cerezos
El Valle del Jerte también es para el verano: piscinas naturales y cascadas en la tierra de los cerezos
Ahora no se trata de ir en dirección al mar en busca de la playa o la cala más idílica, sino de adentrarse en una espectacular garganta llena de piscinas naturales y cascadas. Es la Garganta de los Infiernos, en el Valle del Jerte (Cáceres), aunque te parecerá rozar el cielo con su agua fresca y su vegetación exuberante.
El Valle del Jerte lo asociamos de natural a los cerezos en flor, que nos ofrece la estampa más japonesa de nuestra geografía. Pero en este valle situado en el extremo nororiental de la provincia de Cáceres, entre Plasencia y la Sierra de Gredos, también hay -y es proverbial- un paraíso escondido de piscinas naturales, cascadas y paisajes de agua que descubrir.
Es al agua que se precipita desde las cumbres a quien le debemos este paisaje que tanto atrae en verano como destino de naturaleza, ideal para esos baños soñados en aguas transparentes y para la práctica del senderismo. Lo mejor es que estos rincones están alejados del mundanal ruido y del turismo masivo. Solo el nombre ya nos pone en situación, la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, aunque prometa salvarnos del calor. Pertenece a la Red de Espacios Naturales Protegidos de Extremadura.
La Garganta de los Infiernos, el tesoro del Valle del Jerte
Son aproximadamente 7.226 hectáreas, limitando al norte con el propio río Jerte, al este con Gredos, al sur con la comarca de La Vera y al oeste con el arroyo de Putopadre, uno de los lugares menos transitados, con su propia cascada. Como la altitud varía entre los 600 y los 2.000 metros, la vegetación es de lo más variopinta. Desde los bosques caducifolios, como robles melojos o madroños, con los famosos cerezos en las laderas soleadas, hasta bosques de ribera, donde los habituales alisos, fresnos y sauces conviven con tejos, acebos y abedules, auténticas reliquias botánicas.

Esta Garganta de los Infiernos, que, sin embargo, se revela como el cielo más prometedor con el termómetro por las nubes, pertenece a los términos municipales de Tornavacas, Jerte y Cabezuela del Valle, que son los pueblos que hay que tener en mente de referencia. No es una cascada encontrada al final como regalo de una caminata, sino una amplia red hidrográfica en la que destacan las llamadas marmitas gigantes, grandes pozas excavadas en la roca por la erosión fluvial y que han dado lugar al paraje conocido como Los Pilones.
Los Pilones, el rincón natural más famoso de Extremadura
Los Pilones es, probablemente, el rincón natural más famoso de Extremadura. Impresiona estar en unas piscinas naturales conectadas entre sí por pequeños saltos de agua, que han sido "construidas" durante miles de años. Una obra de ingeniería sin ingenieros realmente asombrosa. Y no es la única. La Garganta de los Infiernos permite adentrarse en un paisaje fluvial intacto por el que sobrevuela a sus anchas el águila real.

Jerte, el pueblo que da nombre al valle, es un excelente punto de partida para explorar este territorio. Su casco histórico luce calles estrechas y empedradas, a lo largo de las que se disponen las casas tradicionales, con balcones de madera. No hay que perderse el puente medieval, ni la iglesia de la Asunción (s. XVI y XVII). Además, tiene su propia piscina natural, El Nogalón, a la sombra de los árboles de ribera, con césped, chiringuito, parque infantil y merendero. El agua está fresca hasta en agosto.
Cabezuela del Valle, un pueblo pintoresco en el Jerte
Otro tanto pasa en Cabezuela del Valle, declarado conjunto histórico-artístico debido a su arquitectura popular excelentemente conservada. Casas con entramado de madera, soportales, calles laberínticas, callejones umbríos y también piscinas naturales: La Pesquerona, El Vao, El Simón y La Picaza. Es lo que tiene estar al lado del Jerte.

La Ruta de las Nogaleas, otro de los hitos de la Garganta de los Infiernos, parte de Navaconcejo, con estructura de pueblo-calle y casas con solanas voladas y llenas de flores. Se podría llamar la Ruta de las Cascadas, porque es una sucesión de ellas a distintas alturas, con puentes de madera y miradores desde los que contemplar la belleza del valle.
En torno al núcleo urbano también hay zonas habilitadas para el baño, El Cajón, El Pilar, El Benidorm y El Cristo, algo que es una constante en este destino. También las hay en otros municipios como El Torno, Casas del Castañar o Barrado. Son remansos de agua cristalina entre grandes bloques de granito.