El bosque de España que es un espectáculo en otoño: pueblos auténticos y el mejor senderismo
Entre los valles navarros de Aezkoa y Salazar se extiende uno de los grandes bosques de Europa. Irati tiene 17.000 hectáreas y muchas formas de recorrerlas.
17.000 hectáreas. La cifra impresiona, aunque una vez dentro de la Selva de Irati poco importa. Después de caminar un rato entre hayas y abetos, perder la cobertura y comprobar por tercera vez que ese desvío del sendero sí era el correcto, las dimensiones empiezan a entenderse de otra forma. Irati es uno de los grandes bosques de Europa y, dentro de semejante extensión, dos zonas relativamente pequeñas, Lizardoia y Aztaparreta, forman parte de los hayedos primarios y antiguos reconocidos como Patrimonio Mundial por la Unesco. No está mal para empezar.
Pero centrarse solo en los árboles sería desperdiciar medio viaje. Irati ocupa buena parte de los valles navarros de Aezkoa y Salazar, dos territorios pirenaicos de pueblos pequeños, carreteras estrechas, hórreos, bordas y montañas que obligan a reducir la velocidad quieras o no. Ochagavía es la puerta de entrada más conocida; Orbaizeta abre otro acceso al bosque, y entre ambas hay material de sobra para organizar varios días. En otoño, por supuesto, las hayas hacen su numerito de amarillos, rojos y cobres.

Aquí también pasaban cosas
La imagen de gran bosque intacto puede llevar a engaño. Estos valles llevan siglos ligados a la ganadería, la explotación forestal y el aprovechamiento comunal de los montes.
La prueba más contundente aparece cerca de Orbaizeta. Allí, entre la vegetación, sobreviven las ruinas de la Real Fábrica de Armas, un complejo industrial del siglo XVIII que aprovechaba el agua, el mineral de hierro y la madera de la zona. Arcos de piedra, antiguos hornos, canales y edificios medio tomados por el bosque forman uno de los conjuntos más inesperados del Pirineo navarro. Fue declarado Bien de Interés Cultural y puede acabar robándole protagonismo al plan principal.
Orbaizeta es además una de las puertas para explorar Irati desde el valle de Aezkoa. La otra gran opción está en Ochagavía/Otsagabia, en Salazar. Es el pueblo que probablemente hayas visto antes aunque no recuerdes su nombre: casas de piedra y fachadas blancas, tejados muy inclinados, calles estrechas y el río Anduña cruzando el casco urbano. Desde aquí, la carretera NA-2012 recorre unos 23 kilómetros hasta Casas de Irati, desde donde parten varias rutas.
Una de las más interesantes es Errekaidorra, circular y de unos diez kilómetros. El recorrido atraviesa el bosque siguiendo también las huellas de carboneros y leñadores y pasa por la Cascada del Cubo, uno de los puntos más conocidos de la zona. Si el cuerpo pide algo más tranquilo, el Bosque de Zabaleta permite una aproximación sencilla.

El bosque dentro del bosque
Con semejante despliegue de hectáreas, resulta curioso que dos de los lugares más valiosos de Irati sean también dos de los más pequeños. Lizardoia y Aztaparreta forman parte del conjunto transnacional de hayedos primarios y antiguos de Europa reconocido por la Unesco. La primera ocupa unas 64 hectáreas; la segunda, alrededor de 171.
Lizardoia logró conservar una parte de su hayedo-abetal fuera de las talas y fue protegida como reserva integral en 1986. Aztaparreta tuvo de su lado una circunstancia concreta: llegar hasta allí era complicado. En 2024, Irati sumó otra distinción cuando la Unesco declaró una Reserva de la Biosfera de 537 kilómetros cuadrados que engloba los valles de Salazar y Aezkoa. En todo ese territorio viven poco más de 2.400 personas.

Por eso merece la pena guardar tiempo para sus pueblos. En Aezkoa, Aribe, Garaioa, Aria y Orbaizeta permiten seguir el rastro de una arquitectura pirenaica donde llaman la atención los hórreos elevados sobre pilares, una tipología que Navarra conserva aquí en especial concentración.
Y después está la comida, porque caminar diez kilómetros por un hayedo genera prioridades muy claras. La cocina de estos valles habla el mismo idioma que el paisaje: quesos de oveja, migas, hongos, caza, ternera pirenaica y productos que cambian con la temporada.

Más allá de la temporada oficial de fotos en tonos cálidos
Irati en otoño juega con ventaja. Las hayas cambian de color mientras los abetos siguen verdes, y el resultado explica que durante unas semanas el bosque concentre buena parte de las visitas del año. Si puedes ir entonces, estupendo. Si no, tampoco has perdido el tren.
En primavera, el agua gana presencia y el bosque está en plena explosión verde; en verano, las temperaturas convierten estos valles en un refugio muy razonable frente al calor; y en invierno, la zona alta de Abodi entra en otra fase, con rutas de raquetas y esquí cuando la nieve acompaña. Eso sí: la carretera desde Ochagavía hacia Casas de Irati puede cerrar durante los meses fríos.
Entonces las 17.000 hectáreas del principio empiezan a tener algo más de sentido. Aunque seguramente lo mejor de Irati sea que, después de pasar un par de días allí, la cifra ya da un poco igual. Estarás más ocupado decidiendo si mañana toca bosque, pueblo, montaña o sentarse a comer.