El rincón de Suiza donde se habla italiano, crecen palmeras y el paisaje parece mediterráneo
Locarno, la Suiza con palmeras. Foto : Unsplash.

El rincón de Suiza donde se habla italiano, crecen palmeras y el paisaje parece mediterráneo

El lago Maggiore cruza la frontera italiana y alcanza un rincón de Suiza donde crecen camelias y palmeras. Ascona y Locarno son las dos mejores bases para conocerlo.

Aleks Gallardo | Octubre 8, 2026

A principios del siglo XX, mientras buena parte de Europa aceleraba su industrialización, en una colina sobre Ascona un grupo de personas decidió probar otra cosa: vegetarianismo, baños de sol, vida al aire libre, teosofía y nudismo. Los vecinos los llamaban balabiott, algo así como "bailarines desnudos". El lugar recibió un nombre a la altura, Monte Verità, y acabó atrayendo a escritores, artistas, anarquistas y pensadores como Hermann Hesse. Décadas después, los artistas de la Bauhaus descubrirían también este pequeño territorio al sur de los Alpes.

Esta historia nos sirve para entender que el Ticino siempre ha tenido ese halo de la anomalía suiza más interesante. Aquí el italiano es lengua oficial, el lago Maggiore se prolonga hacia Italia y el clima permite que junto al agua crezcan palmeras, camelias, magnolias y otras especies que cuesta asociar con los Alpes. 

Las montañas siguen ahí, los trenes funcionan con precisión helvética y los precios tampoco dejan demasiadas dudas sobre el país en el que estamos. Después aparece una terraza junto al agua, alguien pide un espresso en italiano y una hilera de palmeras termina de desmontar el esquema mental que te habías hecho. 

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Ascona con las montañas de fondo. Foto: Unsplash.

Ascona: el pueblo suizo que se tomó muy en serio la dolce vita

Ascona ocupa una curva del lago Maggiore a apenas unos kilómetros de la frontera italiana y ha construido alrededor del agua buena parte de su identidad. Su paseo, sus fachadas de colores y las mesas que avanzan hacia la Piazza Giuseppe Motta explican por qué es uno de los destinos vacacionales clásicos del país. En 2025 fue elegido "pueblo suizo del año". 

Conviene alejarse unos minutos del paseo y subir hasta Monte Verità. La antigua colonia alternativa terminó convertida en uno de los episodios culturales más peculiares de la Europa del XX. En 1927, figuras vinculadas a la Bauhaus como Josef Albers, Marcel Breuer, Walter Gropius y Oskar Schlemmer llegaron a Ascona; el hotel de Monte Verità, proyectado por Emil Fahrenkamp, permanece como uno de los buenos ejemplos de arquitectura moderna de la zona. Casa Anatta, las antiguas cabañas de los colonos y Villa Semiramis completan el conjunto.

La relación con el arte continuó después. El territorio alrededor del lago atrajo a creadores e intelectuales durante décadas y esa capa cultural todavía evita que Ascona quede reducida a puerto deportivo, hoteles y aperitivos. Incluso hoy conserva ese punto de retiro acomodado. 

Desde su embarcadero se puede además tomar un barco hacia las islas de Brissago. La mayor alberga un jardín botánico cuya vegetación aprovecha el microclima del lago. Cuando lo visites, verás que el titular de este artículo dejará de sonar a exageración.

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Locarno con el lago de fondo. Foto: Unsplash.

Locarno tiene una pantalla de cine para 8.000 personas

La Piazza Grande de Locarno, rodeada de fachadas porticadas, cambia de función cada agosto durante el Locarno Film Festival, uno de los grandes festivales históricos del cine europeo. La plaza se transforma entonces en una sala al aire libre con capacidad para unas 8.000 personas y una pantalla gigantesca. Ver aquí una película rodeado de edificios históricos es una experiencia única. 

Fuera del festival, Locarno merece un ritmo menos urgente. El paseo junto al lago continúa hacia Muralto entre jardines con vegetación mediterránea y subtropical; en los Giardini Jean Arp aparecen además nueve obras donadas por el propio Jean Arp. Por encima de la ciudad, el santuario de Madonna del Sasso ocupa una posición difícil de superar te regala estas vistas: lago abajo, montañas detrás y una sucesión de pueblos extendiéndose por la orilla.

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Madonna del Sasso. Foto: Unsplash.

También desde aquí se entiende otra particularidad del Ticino: el paisaje cambia con rapidez. A poca distancia del ambiente lacustre aparecen el valle de Maggia y el de Verzasca, con casas de piedra, ríos de agua transparente y pueblos que devuelven el viaje a un registro alpino. 

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Lago Maggiore y Ascona. Foto: Unsplash.

Esta lago no entiende de fronteras

La mayor parte de la superficie del lago Maggiore pertenece a Italia y su extremo septentrional entra en Suiza, de modo que el viaje puede continuar por agua entre pueblos de ambos países. La frontera administrativa importa menos cuando se observa el paisaje desde un barco: villas, embarcaderos, montañas que caen hacia el agua y jardines construyen un lenguaje común a ambos lados.

Más de un siglo después de que aquellos balabiott subieran a Monte Verità buscando una forma distinta de vivir, Ascona y Locarno siguen desmontando ideas preconcebidas. Las palmeras ayudan, claro. Pero lo que hace interesante a este extremo del lago Maggiore es todo lo que aparece después de ellas.

TURIUM TIPS

Sube a Monte Verità: Está a un paseo de Ascona y verás el lado más inesperado del Ticino: arquitectura moderna, utopías, artistas y mucha historia cultural.
Recorre el lago en barco: Es la mejor forma de conectar Ascona, Locarno y otros pequeños núcleos de la orilla sin depender siempre del coche.
Haz parada en las islas de Brissago: Su jardín botánico aprovecha el microclima del lago para reunir especies subtropicales que cuesta asociar con Suiza.
Prueba un grotto: Estos locales tradicionales son una buena puerta de entrada a la cocina del Ticino: polenta, risotto, quesos, embutidos y merlot de la zona.