Historia, restos romanos y vistas increíbles: este destino junto al Mediterráneo está lleno de tesoros ocultos
Visitar Ampurias no solo es plantarse ante el azul Mediterráneo a la sombra de los pinos piñoneros, sino viajar al tiempo en que fue colonia griega y ciudad romana. Ahí están sus ruinas y los innúmeros tesoros hallados. Una experiencia única.
El Alto Ampurdán es de una belleza mediterránea conmovedora. Empezando por Cadaqués, entre calas y callejones, a la sombra de Dalí. Y siguiendo Ampurias, el único yacimiento arqueológico de la península ibérica donde conviven los restos de una colonia griega, Emporion, con los de una ciudad romana, Empuriae. Y además al lado de "nuestro mar", el Mediterráneo, con su imponente azul.
Ampurias, un yacimiento grecorromano junto al mar
Ampurias, o Empúries en catalán, pertenece al municipio gerundense de L'Escala. En donde los griegos, procedentes de Focea, en Asia Menor (actual Turquía), se establecieron en el siglo VI a.C. Cuando hacía tan solo dos siglos que había quedado compuesta la "Odisea" de Homero y faltaba poco para que en Atenas se iniciara la era de Pericles (siglo V). Recorrer el paseo que une Sant Martí d'Empúries con el casco urbano de L’Escala, entre playas, pasando junto a estas ruinas y contemplando el Moll Grec, el antiguo muelle helenístico, es una experiencia inenarrable.

Concretamente, los helenos se instalaron en lo que entonces era una pequeña isla frente a la costa del golfo de Rosas y hoy es Sant Martí. Allí fundaron la Palaiápolis, la ciudad antigua, frente a la desembocadura del río Fluviá. Más tarde, debido al crecimiento demográfico, hicieron lo propio con la Neápolis, la ciudad nueva, ya en tierra firme. En cualquier caso, un enclave comercial (emporio) de gran relevancia en el Mediterráneo más occidental, conectado con Masilia, la Marsella romana, y la mayor colonia griega en nuestro territorio.
La historia de Ampurias según el romano Tito Livio
Como cuenta el romano Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.) en su monumental historia, "los iberos, ignorantes de la navegación, se alegraban del comercio y deseaban comprar mercancías extranjeras que las naves transportaban, y vender los productos de sus cosechas". Al decir de Livio, "el interés del comercio hacía que la ciudad ibera fuese accesible a los griegos".
Pero es que, además, su puerto fue testigo de la entrada en la península de las tropas romanas en el 218 a.C. con la misión de cortar los suministros de Aníbal, que estaba asolando Italia en la segunda guerra púnica. Por tanto, significó el primer campamento romano en nuestro suelo. Después, una ciudad delimitada, como las demás, por una muralla levantada en el siglo I a.C. sobre los restos de aquel emplazamiento militar.

Entre las ruinas griegas que hoy contemplamos están los recintos de Asclepio y Serapis, el ágora, los restos del pavimento de una sala de banquetes -los famosos simposios- con una inscripción y la pequeña industria donde elaboraban conservas y salsas de pescado. Entre las romanas, los mosaicos que decoraban los suelos de las domus, el foro, la zona de las termas, la basílica o las tabernae, que eran las tiendas. Mucho hallado y mucho más por hallar, pues apenas se ha excavado el 25% de Emporiae.
De Neápolis a Sant Martí d'Empúries
Lo grecolatino cobra en estas tierras toda su fuerza, sumergiéndonos de lleno en la cultura clásica. Cuando Roma conquistó la totalidad de Iberia, a partir del siglo I d.C., Ampurias pasó a un segundo plano, desplazada por el poder de Tarraco y Barcino, hasta ser abandonada a finales del III d.C. Ya en la Antigüedad Tardía (III-VIII), hubo una necrópolis sobre los restos de la Neápolis, en torno a dos iglesias. Mientras que las viviendas se situaban en Sant Martí d’Empúries y en el nuevo barrio surgido alrededor de la iglesia prerrománica de Santa Margarida (siglo V), actualmente derruida.

El inicio de las excavaciones en 1908 se debió a figuras como Josep Puig i Cadafalch, a instancias de la Junta de Museos de Barcelona. Se concentraron primero en averiguar dónde había estado la ciudad griega y seguidamente la romana, sentando así las bases de la arqueología catalana y abriendo una gran puerta al descubrimiento de las grandes culturas mediterráneas.
Fue en el otoño de 1909 cuando tuvo lugar el gran hallazgo, la monumental estatua del dios griego Asclepio, el dios "sanador de enfermedades", como se le llama en los "Himnos homéricos".
La estatua de Asclepio y el mosaico de Ifigenia
Este Asclepio es una de las pocas estatuas de dioses griegos bien conservadas fuera de Grecia. Está fechado en el siglo II a.C., o sea, del periodo helenístico; hecho de mármol del Pentélico, como el Partenón, y de la isla de Paros; mide 2,20 metros con la base, y fue encontrado en el santuario meridional de la Neápolis. Se custodia allí mismo, en la sede del Museu d'Arqueologia de Catalunya en Empúries. Aunque hay una réplica del original en el lugar donde debió de alzarse en la Antigüedad.

Otro de los tesoros de este yacimiento es el conjunto de pavimentos y mosaicos, de los que se conservan cerca de 170, que solo se pueden visitar de marzo a octubre, porque durante el invierno permanecen cubiertos para garantizar su preservación. Entre ellos hay que destacar el de Ifigenia, datado en el I a.C. Lo encontró en 1848 una sociedad de vecinos de L'Escala en una domus no excavada de la ciudad romana. Y todo ello a la luz mediterránea y mientras se contempla, a la manera de los antiguos, el cerúleo y proceloso mar.