Esta ciudad de Albania es preciosa: toda de piedra, laberíntica y declarada Patrimonio de la Humanidad
El bazar, un lugar precioso que ver en Gjirokastër. Foto : UNSPLASH/Adventura Albania.

Esta ciudad de Albania es preciosa: toda de piedra, laberíntica y declarada Patrimonio de la Humanidad

Una silueta de tejados grises escalonados sobre la ladera, un castillo que vigila el valle y callejuelas que crujen bajo los pasos. Gjirokastër es piedra, memoria y carácter. El secreto mejor guardado de Albania, más allá de sus fabulosas playas.

Aleks Gallardo | Abril 7, 2026

Todo el mundo quiere ir a las playas de Albania, pero hay mucho más. En el sur del país, muy cerca de la frontera con Grecia y abrazada por el valle del Drino, se levanta Gjirokastër como una escenografía mineral que parece haber brotado de la montaña. La llaman la Ciudad de Piedra, y no es una metáfora ingeniosa para atraer visitantes con cámara en mano, sino una descripción literal. Casas, tejados, muros, escaleras... Todo parece tallado en una misma gama de grises que cambia de tono con la luz del día.

Al amanecer, la piedra se vuelve azulada y húmeda; al mediodía, reverbera bajo el sol; al atardecer, adquiere un matiz dorado que suaviza su severidad. Desde 2005 forma parte de la lista de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, reconocimiento que consagra su excepcional arquitectura otomana y su tejido urbano casi intacto, y que ha situado a esta ciudad del siglo XIII en el mapa de los viajeros que buscan autenticidad.

texto alternativo
Bañada por las aguas del río Drino en un entorno natural fantástico. Foto: Unsplash/Henor Teneqia.

Gjirokastër, la ciudad más bonita de Albania

El perfil más reconocible de Gjirokastër es el de sus tejados de pizarra, inclinados y superpuestos como escamas gigantes que descienden por la ladera. Las casas tradicionales, conocidas como kullë, se construyeron entre los siglos XVII y XIX para albergar a familias acomodadas que necesitaban tanto representatividad como protección. Son viviendas fortificadas, con muros gruesos, pequeñas ventanas en las plantas inferiores y grandes estancias en los pisos superiores donde la vida social se desplegaba con alfombras, techos de madera tallada y chimeneas monumentales.

Caminar por el barrio histórico de Pazari i Vjetër es avanzar por un laberinto de callejuelas empedradas que se abren a patios secretos, talleres artesanos y balcones que se asoman al vacío. La sensación es la de estar dentro de una maqueta a escala real.

Dominando la ciudad desde lo alto se alza el impresionante castillo, una fortaleza cuya silueta recorta el cielo y que ha sido ampliada y transformada a lo largo de los siglos por bizantinos, otomanos y gobernantes posteriores. La visita exige tiempo y piernas, ya que el recinto es uno de los más grandes de los Balcanes y despliega murallas, torres, túneles y patios desde los que se obtienen vistas amplias del valle y de las montañas circundantes.

En su interior se encuentra el Museo Nacional de Armamento, testimonio de la historia militar del país, y un avión estadounidense expuesto al aire libre que alimenta una leyenda local sobre aterrizajes forzosos y conspiraciones de la Guerra Fría. Cada verano, el castillo se convierte en escenario del Festival Nacional de Folclore.

texto alternativo
Castillo de Gjirokaster. Foto: Unsplash/Drini Teta.

Gastronomía, alfombras y el eco de Ismaíl Kadaré

Gjirokastër también se saborea y se escucha. En las terrazas que se descuelgan por la colina, los restaurantes sirven platos que combinan la herencia otomana con productos de la tierra, como el qifqi, pequeñas bolas de arroz aromatizadas con hierbas y fritas hasta quedar crujientes por fuera, o los byrek rellenos de queso y espinacas que acompañan a un vaso de raki casero.

Las tiendas del bazar ofrecen alfombras tejidas a mano, objetos de cobre y bordados que mantienen vivas técnicas ancestrales, y aunque el comercio se ha adaptado al visitante contemporáneo, aún conserva un aire de mercado local.

La historia de Gjirokastër está marcada por figuras que han dejado huella en el relato albanés. Aquí nació Enver Hoxha, el líder comunista que gobernó el país durante más de cuatro décadas en un régimen aislacionista que transformó profundamente Albania. Su casa natal, una construcción tradicional de grandes dimensiones, funciona hoy como museo etnográfico. También vio la luz en estas calles el escritor Ismaíl Kadaré, uno de los autores más reconocidos de los Balcanes, cuya obra ha explorado la memoria, el poder y las sombras del pasado. Pasear por Gjirokastër sabiendo que fue escenario de tantas historias reales y literarias añade una capa de profundidad. 

texto alternativo
Gjirokaster es de las pocas poblaciones albanesas que conserva su riqueza patrimonial. Foto: Pixabay.

Patrimonio vivo entre montañas

El reconocimiento de la Unesco no se limita a preservar fachadas; implica un esfuerzo constante por mantener técnicas constructivas tradicionales y controlar el desarrollo urbano. La restauración de las casas de piedra requiere artesanos especializados que sepan trabajar la pizarra y la madera como se hacía hace siglos.

En los últimos años han proliferado pequeñas "guesthouses" instaladas en antiguas residencias familiares, donde los viajeros duermen en habitaciones con techos artesonados. Este turismo de escala humana ha contribuido a revitalizar la ciudad sin diluir su esencia, permitiendo que el patrimonio no sea una postal congelada sino un espacio habitado.

Llegar a Gjirokastër implica recorrer carreteras que serpentean entre montañas y olivares, un trayecto que prepara al visitante para el encuentro con un lugar que se revela poco a poco. Desde Tirana, la capital, el viaje por carretera dura unas cuatro horas, tiempo suficiente para comprender la diversidad paisajística del país. La ciudad invita a mirar hacia arriba, a fijarse en las chimeneas esculpidas, en las ventanas enmarcadas en madera oscura, etc.

Al caer la noche, cuando las luces amarillas iluminan la piedra y el murmullo del día se atenúa, Gjirokastër adquiere una atmósfera íntima que justifica cualquier desvío en la ruta balcánica. La Ciudad de Piedra necesita poco más para impresionar: le basta con ser fiel a su carácter, con dejar que el tiempo siga marcando su superficie y con abrir sus puertas a quienes buscan lugares con alma.

TURIUM TIPS

Piérdete por el bazar Pazari i Vjetër. Entre adoquines y tiendas de artesanía encontrarás los rincones más fotogénicos.
Prueba el qifqi local. Las bolitas de arroz con hierbas típicas de la ciudad, acompañadas de yogur o una copa de raki casero.
Visita la casa natal de Enver Hoxha. Hoy museo etnográfico para entender cómo vivían las familias acomodadas del siglo XIX.
Busca los miradores naturales entre callejuelas empinadas. Cada pendiente regala una postal distinta de tejados de pizarra superpuestos.