Ni Viena ni París, la ciudad más romántica de Europa está en Croacia: es el preferido de la aristocracia

Ni Viena ni París, la ciudad más romántica de Europa está en Croacia: es el preferido de la aristocracia

Opatija se parece a Viena por su arquitectura Art Nouveau, que nos traslada directos a la Belle Époque ¿La diferencia? No está masificada y puedes disfrutar de su aire romántico tranquilamente.

Lucía Lorenzo | Febrero 23, 2026

No está entre los países más visitados de Europa, aunque Croacia recibe más visitantes cada año. Quienes la han visitado saben que Opatija es una de las ciudades más bonitas del país, hasta el punto de que muchos la conocen como la Viena junto al mar, tanto por su estética modernista como por ser una de las ciudades más románticas del continente.

La fama de esta ciudad comenzó a mediados del siglo XIX, aunque su auge comenzaría con la llegada del tren que la unía con Viena en 1873. Desde entonces, se convirtió en uno de los lugares preferidos de la nobleza austro-húngara para veranear. Por eso a día de hoy aún podemos ver multitud de palacetes y hoteles que antaño sirvieron de refugio para la aristocracia.

La historia de Opatija, la Viena frente al mar

Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, Europa se vio envuelta en la belle époque: un momento de calma entre guerras en el que, no obstante, la sociedad se enfrentó a incontables cambios. La nobleza, que se había caracterizado por su alto nivel de vida, pero también por su influencia social y política, comenzó a perder poder frente a una burguesía que se volvía cada vez más acaudalada.

Muy pronto, la Primera Guerra Mundial cambiaría el status quo para siempre, pero durante aquellos años, las élites europeas aún pasaban por un buen momento. Las fiestas, la moda, el arte y el ocio ocupaban una parte importante de su vida. Y, por supuesto, encontrar un buen destino para veranear era casi una obligación.

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Opatija es el lugar perfecto para visitar. Foto: Unsplash.

Lejos de encontrarlo en las islas griegas, se decidieron por Opatija: una pequeña ciudad de la península de Istria. Aquí descubrieron que el microclima característico de la zona y la brisa del mar eran perfectos para curar diversas dolencias. Y así, la convirtieron en una de las ciudades balneario más famosas del momento.

A día de hoy, pasear por sus calles nos lleva directos a 1880. Sus hoteles históricos miran de frente al mar y el aroma a café recién hecho de sus cafeterías se mezcla con el olor del salitre. Las fachadas modernistas ya no son novedosas, pero siguen siendo imponentes y no han perdido ni un ápice de su esplendor. Ahora, el lujo se disfruta de forma pausada. A veces, no consiste más que en ver el sol perderse tras las islas de la bahía de Kvarner.

Por qué es especial Opatija

Si por algo destaca Croacia es por su legado romano, producto de la ocupación que tuvo lugar entre el siglo II a.C. y el siglo V d.C., y por su arquitectura medieval, presente en murallas, castillos y calles. Pero Opatija es diferente. Su historia es corta y tranquila, sin eventos significativos. Su arquitectura es modernista, la propia de una ciudad que empezó a crecer en el siglo XIX y que fue residencia de reyes, artistas y gente adinerada.

Quienes la conocen a menudo se refieren a ella como la Niza austriaca o la Viena del mar, por su proliferación de palacios, balnearios, hoteles y elegantes cafés. De aquella época aún se mantienen abiertos el Hotel Kvarner, abierto en 1884, y el Hotel Imperial, que abrió sus puertas tan solo un año después.

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El Hotel Kvarner. Foto: liburnia.

El primero cuenta con vistas al mar, piscina y spa. Alojarse en sus suites no solo es respirar el aire cargado de salitre, sino que implica disfrutar de un edificio histórico que acogió a figuras como el emperador austriaco Francisco José I. Tras la fachada de estilo neoclásico, encontramos amplios salones, lámparas de araña y habitaciones cómodas que recuerdan a la vida de la alta sociedad.

Qué ver en “la Viena del mar”

Para disfrutar de Opatija, tan solo hace falta pasear y admirar su arquitectura. El centro es una sucesión de edificios modernistas, villas señoriales con balcones de hierro forjado y líneas ondulantes en fachadas de colores. En los interiores, techos altos y pinturas al fresco reciben al visitante.

Uno de los puntos más icónicos es, como sucede en ciudades como Copenhague, una estatua. Hablamos de La niña de la gaviota: una escultura construida entre las rocas, a orillas del mar, que marca el lugar donde murió el conde Arthur Kesselstadt. Hoy, la figura es un símbolo de la ciudad.

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La niña de la gaviota, en Opatija. Foto: Pixabay

Muy cerca encontramos los jardines de la Villa Angiolina. Sus flores de colores y las formas de sus setos recuerdan inevitablemente a los parques que rodean los palacios vieneses. Aquí, entre las camelias, incluso las estaciones más frías tienen algo de verano, un aire dulce que enamora.

Y, por supuesto, hay que recorrer el Lungomare: el paseo marítimo. Como casi todo aquí, fue construido a finales del siglo XIX y une el núcleo de la ciudad con Volosko, un encantador pueblo de pescadores que sin duda es el final perfecto para cualquier visita.

TURIUM TIPS

Para llegar, coge un vuelo hasta el aeropuerto de Rijeka, que se encuentra a 40 minutos por carretera.
Pasea por el Lungomare al atardecer y déjate enamorar por las calas de aguas cristalinas. Si te cansas de caminar, siéntate en una terraza para degustar la gastronomía de Istria, famosa por sus trufas blancas y su aceite de oliva virgen.
Si te gusta el dulce, prueba la Tarta Camelia, el dulce oficial de la ciudad. Se trata de un pastel hecho con almendras, chocolate y cítricos que es una verdadera delicia.