El pueblo más bonito y mejor conservado de Cataluña es medieval y está entre arrozales
Pals está en el Bajo Ampurdán, entre el mar y la montaña. FOTO : MITCH N/UNSPLASH.

El pueblo más bonito y mejor conservado de Cataluña es medieval y está entre arrozales

Si quieres hacer una escapada a un pueblo bonito, Pals no tardará en aparecer en el horizonte. Un casco antiguo medieval por el que darse el mejor de los paseos. Y luego están los campos de arroz y las alturas. Esa geografía del Ampurdán que es una promesa de mar y de montaña.

Ángeles Castillo | Octubre 20, 2026

Josep Pla es el autor de El quadern gris (1966), un libro monumental donde lo mismo caben apuntes de viaje que consideraciones intelectuales, juicios políticos o aforismos. El mismo que dijo aquello de que "es más difícil describir que opinar, infinitamente más: en vista de lo cual todo el mundo opina". A Pla, un maestro en el arte de describir gentes, tierras y paisajes, le gustaba llevar a sus invitados al mirador que ahora lleva su nombre en Pals, en Girona. Desde este balcón se obtiene, y así lo pensaba el escritor, la mejor vista del Empordà, macizo del Montgrí e islas Medas incluidos. Lo que se llama el Empordanet.

Si bien dicho balcón invita, a su vez, a mirar hacia fuera, hacia un paisaje que se tiñe de verde por los infinitos campos de arroz, hay que mirar y con toda atención hacia dentro, hacia el Pedró, que es como se llama el casco antiguo medieval de este pueblo ampurdanés de murallas y calles empedradas. Del conjunto destaca, por romper la horizontal con su austeridad románica, la torre de las Horas. El propio Pla ya dejó escrito en El meu país (1968) que la localidad "no merece una visita, sino cien".

Qué te vas a encontrar en Pals

Quien lo ha visitado alguna vez lo sabe. Sabe que es un placer pasear por sus callejuelas, entre arcos de herradura, bóvedas, pórticos y ventanas donde se mezcla lo románico con lo gótico e incluso lo barroco. También situarse ante la iglesia de Sant Pere, detenerse en su plaza Mayor y descubrir lo que queda del castillo. De esta fortaleza se tienen noticias desde el año 889. Fue pasando por distintas manos hasta que resultó seriamente dañada durante las revueltas de campesinos entre 1380 y 1482, que culminaron con la guerra civil contra Juan II. Tras este conflicto, el rey permitió utilizar sus piedras para reconstruir la citada iglesia y las murallas.

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Así de bonito es Pals, en el Bajo Ampurdán. FOTO: BUSRALONA/PEXELS.

El pueblo parece un decorado de lo armónico que resulta y lo bien conservado y restaurado que está. Nada consigue quitar el protagonismo a la piedra, ni siquiera las flores lo hacen. Además de lo reseñado, lo embellece un buen conjunto de masías, algunas fortificadas, entre las que cabe destacar el Mas Roig, el Molí de Pals, el Mas Gelabert, la Torre Pedrissa o el Cap dels Anyells. Para no perderse nada del recinto medieval hay marcado un itinerario, de una hora y cuarto de duración, jalonado de paneles.

Torres fortificadas, arcos góticos y sepulturas medievales

Este recorrido, sin duda de película, propone salir de Ca la Pruna, casa fortificada de los siglos XV-XVI que actualmente es Casa de Cultura. En su interior, una colección de utensilios de campo; los útiles del primer boticario del pueblo, Desiderio Ferrer, así como una sala de exposiciones temporales. A continuación se llega, por la misma calle de la Creu, a la plaza Mayor, donde está el ayuntamiento, la oficina de turismo y el arco gótico, que da acceso al recinto amurallado. Se trata ahora de subir por la calle Mayor, donde aguarda una sorpresa. Nada menos que unas sepulturas medievales de tipo antropomórfico excavadas en la roca. Son de época visigótica (s. V-VIII).

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La casa Pi i Figueras está en la parcela que ocupaba el castillo. FOTO: FALCO/PIXABAY.

Por este camino, subiendo unas escaleras, se alcanza la mentada torre de las Horas, con un campanario gótico añadido en su parte superior. Es el vestigio más antiguo del castillo, sobre cuyos terrenos se levantó la casa de la familia Pi i Figueras, siguiendo las directrices góticas, eso sí. Los adquirió en su momento el doctor Pi i Figueras, médico originario de Pals, residente en Barcelona, que fue una de las primeras personas en revalorizar el conjunto.

El siguiente hito es la iglesia, de base románica (s. X-XI), ábside y nave góticos (s. XV) y pórtico barroco (s. XVIII). Bajando por las escaleras de la plaza de la Iglesia, se sale del recinto y, siguiendo por la línea de la muralla, se va a dar al lugar donde empezábamos, el mirador Josep Pla. No obstante, la ruta continúa hasta la calle de la Creu de su inicio, pasando por el antiguo hospital.

Una ruta de senderismo por los arrozales

Hay que citar la torre Mora, que perteneció a una antigua masía o casona y ha sido testigo del ir y venir de la gente de mar desde el siglo XV, tal y como recuerdan desde Turismo. Hoy en día, está rodeada de bosque y es el escenario perfecto para el pícnic. Porque, además del excelso patrimonio histórico-artístico de Pals, está su patrimonio natural, en el que destacan los arrozales, atravesados de caminos por los que ir a pie, en una más que interesante ruta de senderismo, o en bicicleta.

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Los arrozales de Pals conforman un paisaje único. FOTO: VISIT EMPORDÀ.

El otoño pide a gritos excursión. Esta propuesta al aire más libre incluye la subida al macizo de Quermany, el punto más elevado, en cuyo camino se encuentran las Mines d'en Bofill, canteras de época romana. Y, como es de imaginar, una panorámica privilegiada. Desde estas alturas se ve el conjunto medieval asentado sobre la colina denominada Mont Aspre; la llanura agrícola; las marismas, que son el paraíso de los amantes de las aves; los arrozales y hasta la playa con su sistema dunar protegido. Es la playa de Pals, que antiguamente se llamaba El Grau.

No hay que olvidar que Pals, junto con Torroella de Montgrí, Bellcaire d’Empordà, Palau-Sator, Gualta, Fontanilles, Ullà, L'Escala y L'Estartit, forman el Parque Natural del Montgrí, las Illes Medes y el Baix Ter. Un parque natural entre el Alto y el Bajo Ampurdán, a solo 50 kilómetros de la frontera francesa y en plena Costa Brava. El clásico mar y montaña.

TURIUM TIPS

Apúntate a una ruta de senderismo. Puede ser la subida al mirador del Quermany Gros o un paseo por los cultivos de arroz y el espacio natural de las Basses d'en Coll.
Disfruta de las calles empedradas de Pals como si estuvieras viajando en el tiempo hasta aquel 889, cuando ya estaba en pie su castillo.
Aprovecha para caminar por los arenales. Las playas deparan emociones de otro orden en otoño. Se asilvestran.
Prueba la cocina catalana, en especial el arroz de Pals, en alguno de sus restaurantes. El Pedró, Antic Casino o Vicus son buenas opciones. Te pondrán los dientes largos.
Aquí te puedes alojar en un hotel con mucho encanto. Es el caso del Mas Roig, una masía del siglo XVI a las afueras del pueblo solo para adultos y con nueve habitaciones.