De Atenas a Palermo: siete escapadas por Europa que es mejor hacer en otoño que en pleno verano
Si todavía te quedan días de vacaciones, enhorabuena: algunas de las mejores ciudades del sur de Europa entran ahora en una temporada especialmente interesante. Estas siete justifican sacar la maleta.
Si eres de los que se guardan unos días de vacaciones para otoño o invierno, enhorabuena. Seguro que ya has descubierto una de las pequeñas satisfacciones de viajar fuera del calendario oficial: septiembre termina y Europa cambia de público. Las familias regresan a casa, desaparecen buena parte de los cruceristas y las ciudades vuelven a ocuparse de sus propios asuntos. Apetece entrar en un museo sin calcular cuánto tiempo estamos renunciando a la playa o visitar zonas turísticas con menos masificación.
Octubre tiene además la baza de alargar el sur mientras el norte empieza a ponerse serio en cuanto a temperaturas. Italia, España, Grecia, Malta o la costa croata siguen dando margen para organizar viajes muy urbanos, pero con excursiones, mercados, arqueología y terrazas que aun se pueden aprovechar. Y algunas ciudades especialmente castigadas por su éxito turístico recuperan algo esencial: espacio.

Ljubljana: siguiendo las pistas de Plecnik
Con menos de 300.000 habitantes, Ljubljana tiene una escapada corta y uno de los legados arquitectónicos más reconocibles de Europa gracias a Joze Plecnik. El Mercado Central, el Triple Puente, la Biblioteca Nacional y Universitaria o los paseos junto al Ljubljanica permiten seguir su trabajo prácticamente sin proponérselo. Conviene hacerlo, porque entender a Plecnik cambia por completo la lectura de la ciudad.
En octubre de 2026, además, Ljubljana acoge los Campeonatos Europeos de Ciclismo en Ruta del 2 al 7 y mantiene hasta el día 15 la Trienal Internacional de Cerámica Unicum, con sedes como el Museo Nacional y Center Rog.

Matera: una ciudad para recorrer a pie
Matera exige piernas. Su casco histórico se despliega entre desniveles, escaleras y los famosos Sassi, las viviendas excavadas en la roca que durante décadas fueron símbolo de pobreza y hoy forman parte de uno de los conjuntos urbanos más extraordinarios de Italia.
Pasar aquí un par de días permite ir mucho más allá: entrar en las iglesias rupestres, visitar Casa Noha para entender la compleja historia reciente de la ciudad y cruzar hacia el parque de la Murgia para contemplar Matera desde enfrente. También merece atención su nueva generación de hoteles, muchos instalados en antiguas cuevas y edificios recuperados con una arquitectura sorprendentemente contemporánea. Sextantio Le Grotte della Civita sigue siendo la referencia.

Sevilla: mucho más que su triángulo monumental
Sevilla recupera en otoño uno de sus grandes placeres: caminarla. Y eso significa poder enlazar el Archivo de Indias, el Real Alcázar y Santa Cruz para después escapar del circuito monumental hacia lugares como el Palacio de las Dueñas, la Casa de Pilatos o el Centro Cerámica Triana.
Para actualizar la escapada, merece la pena mirar también hacia la escena gastronómica que ha ido creciendo lejos del tópico sevillano: Cañabota convirtió el producto marino en alta cocina y Sobretablas ocupa una casa regionalista de 1929. La ciudad histórica sigue ahí; lo interesante es comprobar todo lo que ha ocurrido alrededor.

Dubrovnik: más allá de las murallas
A Dubrovnik le sucede algo particular: su belleza es también su principal problema. El casco histórico amurallado es pequeño y la presión turística puede alterar por completo la experiencia de recorrerlo. Cuando esa intensidad disminuye, reaparecen los detalles. El monasterio franciscano, el Palacio del Rector, las callejuelas que suben desde Stradun o el paseo completo por las murallas dejan de sentirse como etapas obligatorias de un circuito.
Conviene reservar tiempo para salir del recinto amurallado: Lapad y el Museo de Arte Moderno amplían la idea de una ciudad que demasiadas visitas reducen a Juego de Tronos.

La Valeta: Caravaggio y Renzo Piano
Renzo Piano dejó aquí una de las intervenciones contemporáneas más interesantes del Mediterráneo reciente al transformar el acceso a la ciudad, construir el nuevo Parlamento y trabajar sobre las ruinas de la antigua Royal Opera House.
A pocos minutos están la Concatedral de San Juan —con dos Caravaggio y un interior barroco difícil de superar—, MUZA y las calles escalonadas que desembocan en el Grand Harbour. Octubre, además, mantiene una agenda cultural activa en la capital maltesa, con conciertos, exposiciones y programación en espacios como Pjazza Teatru Rjal.

Atenas: después de la Acrópolis
No reduzcamos Atenas a la Acrópolis. Sí, hay que subir. Pero también entrar en el Museo de la Acrópolis de Bernard Tschumi, recorrer el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, buscar edificios de Kypseli y Pangrati, y dedicar unas horas al Stavros Niarchos Foundation Cultural Center de Renzo Piano. La escena gastronómica ateniense lleva tiempo desmontando otra idea antigua: que para comer griego hay que elegir entre taberna tradicional y alta cocina solemne. Restaurantes, panaderías, bares de vinos naturales y cafés han convertido barrios fuera del centro arqueológico en parte esencial del viaje.

Palermo: el caos tiene sus reglas
Palermo nunca termina, pero se comporta como una ciudad fácil. Es ruidosa, monumental, caótica y capaz de colocar una iglesia normanda, un mercado callejero y un palacio decadente en apenas unas manzanas. La Cappella Palatina y sus mosaicos bizantinos justifican por sí solos la visita al Palazzo dei Normanni; después vienen San Cataldo, la Martorana, los estucos de Giacomo Serpotta y los mercados de Ballarò, Capo, Vucciria.
Este octubre, además, la ciudad tiene más motivos para visitarla. Los días 10 y 11, las Giornate FAI d'Autunno te darán acceso excepcionalmente a palacios, jardines, criptas y otros espacios habitualmente cerrados. Planazo.