El paraíso a solo dos horas de Madrid: una ruta de senderismo por un humedal único en Europa
Las Tablas de Daimiel, en Ciudad Real, forman un ecosistema privilegiado. FOTO : WIKIPEDIA/URUEU.

El paraíso a solo dos horas de Madrid: una ruta de senderismo por un humedal único en Europa

Es el momento de visitar las Tablas de Daimiel, en Ciudad Real. De isla en isla por sus pasarelas de madera entre masegares y miles de aves acuáticas. Todo apunta a que la primavera va a ser esplendorosa en este paraíso natural.

Ángeles Castillo | Marzo 21, 2026

A veces, no hay que ir muy lejos para hallar paisajes espectaculares, de esos que resultan hipnóticos. En las Tablas de Daimiel, en la provincia de Ciudad Real, a solo dos horas de Madrid, los tenemos a nuestra disposición. Una lámina de agua infinita multiplicando sus reflejos, las coreografías improvisadas de las aves acuáticas, los bosques de tarayes, los amplios masegares o una puesta de sol inimaginada. Este paraíso lo comparten Daimiel y Villarrubia de los Ojos.

Con la suerte además de que las Tablas, un ecosistema continuamente amenazado, está viviendo su mejor momento, al menos de los últimos tiempos, y tiene a la vista una primavera más que prometedora. Las aves ya están rozando máximos de ocupación: 900 patos cuchara, 1.600 ánades azulones o 3.500 fochas campando a sus anchas, según el último censo. Y de las 1.500 hectáreas inundadas que requiere una situación idílica, ya se han alcanzado las 1.000.

Las Tablas de Daimiel en primavera

Digamos que todo se ha confabulado para que las visitemos esta temporada y seamos testigos de su esplendor. Sabedores de que este parque nacional es una humedal único en Europa, enclavado precisamente en la llamada Mancha Húmeda, una reserva de la biosfera de la que forma parte también el vecino Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. Y, como pasa en el Albufera de Valencia, ofrece unos amaneceres y atardeceres de un lirismo indescriptible.

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Así son las barcas típicas para navegar por las Tablas de Daimiel. FOTO: WIKIPEDIA/ENRIQUE.

Así pues, un año de lluvias, una inundación que es buena y, en consecuencia, el auge del turismo de naturaleza. Este paraje natural, cada vez más mimado y protegido medioambientalmente, es el corazón verde de Ciudad Real, a donde solemos acudir atendiendo a la llamada teatral de Almagro, atraídos por su corral de comedias, o a cualquiera de los reclamos quijotescos, ya sea la Venta de Puerto Lápice o los molinos de Campo de Criptana.

Una llanura de inundación, ecosistema único

El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, que estrenará centro de visitantes en verano, es el último ejemplo de tablas fluviales, un ecosistema muy complejo propio de la llanura central de la península ibérica. En este caso, una llanura de inundación producida por los desbordamientos del Guadiana y su afluente Cigüela en su confluencia, favorecida por la escasez de pendientes, y con el aporte de aguas subterráneas del sobreexplotado acuífero.

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Las Tablas de Daimiel, el sitio perfecto para inaugurar la primavera. FOTO: WIKIPEDIA.

Se trata de aguas de dos ríos de diferente naturaleza, pues mientras las del Cigüela son salobres, llegadas de la serranía conquense, las del Guadiana son dulces, procedentes de sus ojos, a unos 15 km de este parque. Esta es una de las razones por las que estamos ante un espacio privilegiado. Dichos Ojos del Guadiana, en Villarrubia de los Ojos, son los puntos de surgencia considerados el nacedero de este río, que va a desembocar al Golfo de Cádiz, entre Ayamonte y Vila Real de Santo Antonio, en Portugal, ya directos al Algarve.

Un parque nacional siempre amenazado

Si algo caracteriza a las Tablas, más allá de su belleza paisajística y su riqueza biológica, es su resiliencia. Ha sobrevivido a episodios de todo tipo. Por ejemplo, al intento de desecación de los años sesenta, que obligó a dar el paso de gigante para su conservación en 1973, el nombramiento como Parque Nacional. Seis años después alcanzó esta distinción Monfragüe, en Extremadura, con una ruta de senderismo que sigue el curso del Tajo.

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Hay tres itinerarios para recorrer este humedal castellanomanchego. FOTO: PABLO GARCÍA ARMENTANO.

No todo es agua ni todo pura naturaleza. Aunque la primera ha marcado rotundamente estas tierras. Por ella se levantaron molinos ya en la Edad Media, que siguieron utilizándose hasta el siglo XX. Llegó a haber hasta 14 en las Tablas y alrededores. No solo eran infraestructuras hidráulicas, también núcleos sociales donde, amén de moler el trigo, se vendía la pesca y la caza, se comía, se practicaba el trueque y se dormía. El infante Don Juan Manuel cita este lugar en su "Libro de la caza" (1325-26) entre los mejores para la cetrería.

Tres rutas de senderismo por las Tablas de Daimiel

Hay tres itinerarios para conocer a fondo las Tablas. El más conocido es el de la Isla del Pan, de dos kilómetros, que recorre cinco de las más de 30 islas del parque a través de puentes y pasarelas de madera, con balcones a los que asomarse. En primavera impresiona ver el vuelo de las garzas.

El de la Laguna Permanente, de 800 metros, va hasta la entrada del Guadiana, el lugar ideal para observar nutrias, con toda la paciencia del mundo. Y, por último, el de la Torre de Prado, de 1,5 kilómetros, bordea las tablas centrales y termina en una torre de dos plantas desde las que disfrutar de la mejor panorámica. Para no perderse detalle hay observatorios por todas partes.

TURIUM TIPS

No hay que olvidarse los prismáticos porque es el momento de seguir el vuelo de las garzas, las grullas, el cormorán o el precioso martín pescador. Los recorridos están sembrados de observatorios ornitológicos.
En Daimiel está el Centro de Interpretación y Documentación del Agua y los Humedales Manchegos (CIDAHM), diseñado por el arquitecto Miguel Fisac, hijo de la villa y autor de la célebre y desaparecida Pagoda en Madrid.
El hotel Doña Manuela se encuentra en Daimiel, a solo 10 km de las Tablas. Tiene 39 habitaciones (desde 64 euros), cinco estudios (desde 109), restaurante de altos vuelos, cafetería y gimnasio.
En el restaurante La Clave se puede probar el tradicional pisto. Y en Rufy’s Neotaberna, la mejor tarta de queso de España, además de las chuletillas de cordero lechal. Los dos en Daimiel. Y todo con el apellido "manchego".