Este paraíso escondido es perfecto para desconectar: está en Picos de Europa, lleno de pueblos preciosos
Pío de Sajambre es uno de los pueblos de este idílico valle. FOTO : VALLE DE SAJAMBRE.

Este paraíso escondido es perfecto para desconectar: está en Picos de Europa, lleno de pueblos preciosos

El Valle de Sajambre es un paraíso escondido entre frondosos bosques de hayas y robles. Lo forman cinco pueblos que conservan los hórreos y las casas tradicionales. Es la vertiente leonesa de Picos de Europa. El lugar ideal para desconectar.

Ángeles Castillo | Febrero 23, 2026

Es el famoso río Sella el que ha modelado el bucólico paisaje del Valle de Sajambre, en León, asentado en su cabecera. Este lugar es uno de los rincones más mágicos de los Picos de Europa, pero también de los más recónditos. Eso ha hecho que haya preservado su extraordinaria belleza. Al referirse a él, se suele emplear la palabra paraíso y se le añade el adjetivo de escondido. Además, se encuentra a solo una hora de los lagos de Covadonga.

Aquí no hay ruidos ni construcciones mastodónticas ni nada que no esté en armonía con el entorno. Y sí rincones donde la naturaleza se muestra salvaje, con frondosos bosques de hayas y robles. Además de pastos de altura a la sombra de agrestes montañas que se alzan inexpugnables.

Por qué el Valle de Sajambre es el mejor destino rural

El Valle de Sajambre tiene todas las de ganar como la escapada rural perfecta. Por el envolvente ambiente y porque ha conservado sus tradiciones y una forma de vida particular. La del hombre obligado a ser autosuficiente para sobrevivir en condiciones extremas. Aquí aún hay ganado, se vive del campo, se siega la hierba por San Juan, que se festeja con la correspondiente hoguera, se recoge la fruta al caer el verano, se mata al gocho y se enciende la lumbre.

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Oseja de Sajambre con la Pica Ten de fondo. FOTO: VALLE DE SAJAMBRE.

Este valle hay que buscarlo, porque no sale al paso así como así. Se encuentra en la vertiente leonesa del Parque Nacional de los Picos de Europa, dando forma a la Cordillera Cantábrica. Es, fuera de toda duda, uno de los rincones más mágicos y recónditos de los alrededores. Se accede desde la carretera que une León con Asturias, desde Riaño a Cangas de Onís, con el puerto del Pontón, a 1.290 metros de altura, como referencia.

Aquí, a un kilómetro, está la fuente del Infierno, el nacimiento del Sella. El mejor lugar para empezar la ruta, que tiene otra parada de excepción en el mirador de la Peña Negra, desde donde se nos muestra el valle en todo su esplendor, con el pueblo de Oseja, su capital, en primer plano.

Un valle mágico y cinco pueblos pintorescos

A estas tierras hay que ir muy mentalizado porque vienen curvas y porque se trata de internarse en otro mundo. El Valle de Sajambre lo forman cinco pueblos, a cual más bucólico, tanto en invierno, con todo cubierto de nieve, como en primavera, cuando el verde y las flores enaltecen sus alrededores. A Oseja de Sajambre no hay que perderlo de vista porque es donde está el ayuntamiento, el consultorio, la farmacia y gran parte de los hostales y restaurantes donde probar la gastronomía de alta montaña.

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La iglesia de Oseja de Sajambre. FOTO: AYUNTAMIENTO DE OSEJA.

Esto no quiere decir que se haya modernizado, porque es tan característico como los demás. Tiene la Pica Ten, de silueta piramidal, al fondo: una montaña modesta (1.223 m) para estas latitudes, pero emblemática. Además de saltos de agua y cascadas espectaculares, como la de San Pedro de Orzales, y un monasterio como el de Santa María de Oselia.

Su nombre, que dio lugar al municipio, lo emparenta con el Sella. Se fundó a partir del año 999, según los documentos de la época, en el barrio de Caldevilla, donde está la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora (XIX) e interesantes muestras de arquitectura tradicional. Casas con corredores, acristalados o no, portaladas, cuadras y los siempre pintorescos hórreos.

Los Picos de Europa como telón de fondo

El precioso Soto de Sajambre está a 930 metros de altitud, rozando Asturias, y es puerta principal para acceder a los Picos de Europa. Desde aquí se coge la senda del Arcediano y la que va a la majada de Vegabaño, a 1.432 metros de altitud. Un refugio en medio de un bosque de hayas y robles, así como verdes campas, que hace las delicias de senderistas, montañeros y amantes del esquí.

Lo rodean el monte de la Cotorra, con atardeceres memorables; el pico Jario, cuyas laderas son una tentación invernal para deslizarse, y la pared de la mítica Terra Santa para escaladores y los más audaces.

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La majada de Vegabaño es uno de los paisajes más idílicos. FOTO: WIKIPEDIA/CESAR J. POLLO.

La historia de uno de los hijos de Soto ilustra a la perfección cómo ha sido la vida de los habitantes de este valle. Félix de Martino Díez emigró a México e hizo una fortuna que luego, como tantos indianos, revirtió en el pueblo. En su caso, creando infraestructuras como la fábrica de luz, la carretera, el lavadero y, sobre todo, la escuela. La sufragó con 65.000 pesetas y la dotó de los mejores materiales.

Hórreos, casas típicas y sendas de pastores

De estos pueblos, Ribota es el que está ubicado a menor altitud, pero igual de fiel a la arquitectura montañesa, con pajares aún en las viviendas, boqueros para meter la hierba o las portaladas llenas de guadañas y otros útiles. Al fin y al cabo, sigue siendo un pueblo ganadero. A él hay que tenerlo en cuenta si se quiere recorrer el impresionante desfiladero de los Beyos, con el Sella encañonándose y buscando una salida hacia el mar Cantábrico.

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Arquitectura tradicional en Ribota. FOTO: VALLE DE SAJAMBRE.

Ya lo recorrían los pastores, por una senda que debió de contar con varios puentes de madera. Guarda la memoria de la ermita de San Pedro de Orzales, datada en el siglo XII, emplazada en un rellano de la ladera, ya en ruinas, y embellecida por una cascada que también lleva el nombre del santo.

El gran desconocido es Pío de Sajambre. Está al abrigo de un bosque de robles y de la vega del río del Zalambral. Puede que en el paraje del cueto Songa hubiera un asentamiento prerromano, pero no hay evidencias arqueológicas que lo confirmen. Y puede que también una ermita dedicada a San Pelayo.

Dice la leyenda que el caballo del santo saltó desde el cueto del Castiello hasta donde debía levantarse el templo, dejando la huella de su cerradura marcada en la roca. Lo cierto es que ya existía esta población en 1005.

TURIUM TIPS

La senda del Arcediano es una de las vías de comunicación más antiguas y bellas de Picos de Europa. Comienza en el puerto del Pontón y termina en Amieva, ya en Asturias. Son 18 km, pero se puede hacer un tramo. Desde Oseja a Soto son 5,3 km.
La subida a la Pica Ten resulta casi obligada por su carácter de símbolo de estos parajes sajambriegos.
En Soto de Sajambre hay que visitar la escuela que abrió el indiano Félix de Martino Díez, que funciona como museo.
En Oseja de Sajambre está Les Bedules, un negocio familiar de hostelería con siete habitaciones y comedor para degustar la comida casera tradicional.