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Una ruta por los molinos de Castilla-La Mancha: idílicos atardeceres y pueblos preciosos
Una ruta por los molinos de viento de Castilla-La Mancha: idílicos atardeceres y pueblos preciosos
Campo de Criptana, Alcázar de San Juan y Puerto Lápice, en Ciudad Real, y Consuegra, en Toledo, son las paradas de esta ruta por los molinos de Castilla-La Mancha. Paisajes asombrosos en pueblos blancos típicamente manchegos.
Si uno piensa en el paisaje manchego, enseguida le vienen a la cabeza los molinos, que, después de todo, son gigantes que se alzan con todo su poderío sobre los cerros, ya no para aprovechar las olas del viento como antiguamente, sino para configurar un horizonte capaz de desencadenar los más poéticos pensamientos. Esas siluetas blancas recortándose sobre el cielo azul como si esto fuera un Mykonos en la tierra de Don Quijote. Así lo quiso Miguel de Cervantes, que elevó los molinos a la gloria literaria en el capítulo VIII, cuando el ingenioso hidalgo y su escudero "descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo".
Dónde ver molinos de viento en Castilla-La Mancha
Más allá de ser uno de los escenarios más famosos de nuestra literatura y de conformar una de las estampas más inspiradoras, con los mejores amaneceres y atardeceres, estos ingenios fueron un elemento esencial de la economía rural de Castilla-La Mancha. No podían ser molinos fluviales al no haber ríos caudalosos, así que tuvieron que recurrir al viento, más porque la región gozaba, y goza, de un clima seco y ventoso, que propició su funcionamiento. De esta manera, poblándose los campos de decenas de ellos trabajando al mismo tiempo, se pudo moler el grano y transformar el cereal en harina y pienso.

Estos molinos ya no muelen, pero la mayor parte han sido restaurados y convertidos en museos o centros de interpretación, de modo que puede conocerse cómo era la molienda, incluso con demostraciones en vivo y en directo, y cuál fue exactamente el papel desempeñado. Todo ello imbuido del espíritu cervantino y quijotesco, y con no pocos guiños a la tradición, como es la Fiesta de la Rosa del Azafrán, que se celebra en Consuegra el último fin de semana de octubre, cuando se pone en funcionamiento el molino Sancho en lo que se llama "la molienda de la paz".
Esta Ruta de los Molinos pasa por Campo de Criptana, Puerto Lápice y Alcázar de San Juan, los tres en Ciudad Real, y por Consuegra (Toledo), pero podría ampliarse con otras paradas, como Belmonte (Cuenca), donde está el castillo en el que vivió Eugenia de Montijo. Todos ellos son balcones privilegiados desde los que asomarse a este horizonte sin fin, estas llanuras por las que anduvo el ingenioso hidalgo.
Campo de Criptana, una Tierra de Gigantes
En Campo de Criptana, en la Mancha Alta, hay nada menos que doce molinos de viento sobre la sierra de los Molinos y uno más sobre el cerro de la Paz. Desde esas alturas se ven incluso los molinos de otras localidades vecinas. Dicho conjunto molinero está declarado Bien de Interés Cultural y ha hecho que este rincón ciudadrealeño sea denominado Tierra de Gigantes. Ya en las relaciones topográficas de Felipe II, en 1575, queda dicho que "hay en esta Sierra de Criptana, junto a la villa, muchos molinos de viento", y en el catastro del Marqués de la Ensenada, en 1752, aparecen consignados hasta 34.

Están, por un lado, los más antiguos, Burleta, el Sardinero y el Infanto, que datan del siglo XVI y, milagrosamente, conservan su estructura y maquinaria original. Y, por otro, siete molinos que son el resultado de reconstrucciones llevadas a cabo en los años 50 y 60 del siglo XX. Se trata de los molinos Lagarto, Cariari, Inca Garcilaso, Pilón, Quimera, Poyatos y Culebro, que es el Museo Sara Montiel, hija de Campo de Criptana. A estos se suman los restos constructivos de molinos originales del XVI, como son Castaño, Paleta y Burillo, además del silo del molino Tahona.
Alcázar de San Juan, tal vez la cuna de Cervantes
El monumental Alcázar de San Juan es la siguiente parada de esta ruta quijotesca. A partir de ahora en la comarca de Campo de San Juan. En Alcázar incluso se redobla la apuesta porque compite con Alcalá de Henares, ciudad Patrimonio de la Humanidad, como cuna de Cervantes. Todo porque en su iglesia de Santa María la Mayor, dentro de lo que fue el recinto amurallado, se descubrió en 1748 la partida de bautismo del escritor, sin duda una prueba de fuerza mayor. Además, las casas solariegas, la plazas, el Museo Casa del Hidalgo y, por supuesto, los molinos están relacionados con las aventuras del caballero andante.

Molinos hay cuatro, están sobre el cerro de San Antón y también se les llama por su nombre propio. A saber: Rocinante, por el rocín flaco; Barataria, por la isla; Fierabrás, por el bálsamo; y Barcelona, que Cervantes consideraba "flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España". La única ciudad real que visitan Don Quijote y Sancho en la novela, concretamente del capítulo LX al LXV de la segunda parte. Es en la capital catalana donde sufrió su gran derrota a manos del caballero de la Blanca Luna, frente al mar, y donde recuperó la cordura.
Puerto Lápice, una venta como la de Don Quijote
Ahora nos sale al paso Puerto Lápice, tan ligado a esta gran obra de la literatura universal. Sobre todo, por sus ventas tradicionales. Aquí está la Venta del Quijote, una recreación fiel de las antiguas posadas manchegas, como aquella en la que Alonso Quijano fue armado caballero. Pero además basta ver su plaza de la Constitución para darse cuenta de hasta qué punto es un escenario cervantino. La plaza en cuestión conserva la arquitectura típica manchega con soportes de madera y balconadas en color almagre.

Hay mucha blancura por sus calles, una Casa-Museo de Cervantes, la iglesia de Nuestra Señora del Buen Consejo, la ermita de San José, un puente romano y un camino que sale del mismo centro y nos lleva hasta los molinos de viento. Son tres, están restaurados y se alzan en la sierra de la Sierrecilla. ¿Sus nombres? El Hidalgo, Sansón Carrasco y Farol de la Mancha.
Consuegra, doce molinos y un castillo
El conjunto molinero de Consuegra, en Toledo, es uno de los más conocidos junto con el de Campo de Criptana. Se ubica en el cerro Calderico, que ya habitaron pueblos íberos, al lado del castillo medieval, vinculado a la Orden de San Juan de Jerusalén, lo que añade más enjundia al ya de por sí soberbio paraje. Hubo en su momento trece molinos y se han recuperado doce de ellos, que son un canto a la novela de Cervantes. Hay un Sancho, un Clavileño, un Rucio o un Mambrino.

En Consuegra hay que detenerse a ver la Casa la Tercia, el torreón del antiguo Palacio Prioral de los caballeros de la citada orden, datado en el siglo XVI y edificado sobre las antiguas termas romanas, por lo que conserva restos de esta época. También la plaza de España, con interesantes ejemplos de arquitectura típica manchega, conviviendo con el Museo Arqueológico Municipal, ubicado en el antiguo pósito (siglo XVII). Y, entre otros hitos histórico-artísticos, el Alfar, utilizado como taller de alfarería hasta los años setenta. En este pueblo toledano llegó a haber hasta cinco talleres alfareros.