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Un paraje de aguas cristalinas en pleno bosque, entre olmos y hayas. Así es el itinerario que va desde Baquedano hasta el Nacedero del Urederra. Un paraíso color turquesa en la verde y siempre idílica Navarra.
Baquedano, que pertenece al municipio de Améscoa Baja, en la Merindad de Estella, en Navarra, la de los valles idílicos, bien vale una visita. Es un caserío de solo 154 habitantes, según datos de 2025, pero lleno de casas blasonadas, la de los Azpilicueta, la de los Urra, la de los Andueza y la de los marqueses que entre los siglos XIII y XVII ostentaron su nombre, los Baquedano. Con una iglesia dedicada a San Juan Bautista, que impone entre dichas casonas su silueta altiva, gótico-renacentista (XVI), aunque erigida sobre cimientos medievales. Y una ermita, la de la Santa Cruz, de corte barroco y en un hermoso emplazamiento. Como todo aquí.
Qué vas a ver en el Nacedero del Urederra
Este pueblo navarro es la puerta de entrada a la Reserva Natural del Nacedero del Urederra. Presume, con razón, de ser uno de los fenómenos geológicos más singulares de España y es, desde luego, uno de esos sitios que nos vienen a la cabeza cuando soñamos con un paraíso en el que refrescarnos y no recurrimos a una playa caribeña. Este paisaje bucólico hasta decir basta se debe al desagüe natural y único del acuífero de Urbasa, que se precipita desde más de 100 metros en una impresionante cascada, originando el río Urederra (en euskera, "agua hermosa"), que verterá sus aguas en el Ega, afluente del Ebro.

Esto ocurre a 713 metros de altitud en la pared vertical que está entre la crestería de Urbasa, a 924 m, y el comienzo del cauce fluvial, lo que ha conformado, a lo largo de millones de años, un anfiteatro rocoso que dota de una belleza descomunal al paraje, integrado en el Parque Natural de Urbasa y Andia. Hayas y más hayas, pero también robles, olmos, arces y fresnos que amenizan y dan sombra a un recorrido salpicado de pequeñas cascadas y piscinas naturales de un agua turquesa que parece irreal de tan real. El escenario perfecto para un pintor prerrafaelita. Las fotos no le hacen justicia.
Urederra, el río de colores mágicos
Este característico azul en la muy verde Navarra parece magia, pero es química. Se debe a la luz reflejada selectivamente, pero también a las distintas profundidades del cauce, que originan diversos tonos; a la presencia de algas y musgos, que ponen el tono vegetal, y al lecho de carbonato cálcico, que potencia el azul. Este último es, precisamente, el responsable de formar la toba calcárea, esa roca tan porosa en cuyo proceso intervienen el agua, las plantas y el tiempo geológico. El resultado son auténticas esculturas con mucho de surrealistas, por increíbles.

Todo suena a paraíso natural. Y por eso mismo, porque el Nacedero del Urederra es un ecosistema frágil que exige alta protección, el acceso solo está permitido por un itinerario, se limita a 500 personas al día y requiere reserva previa a través de su web. Eso sí, se debe tener en cuenta que el baño está prohibido. También lo están la escalada, el barranquismo, la bicicleta, la caza, la pesca, la acampada y, por supuesto, hacer fuego. Tampoco se puede cortar flores o ramas, ni recolectar frutos silvestres. Sí es posible llevar perro, siempre que vaya sujeto con correa resistente o cadena con longitud máxima de un metro. Se trata, como dicen desde la propia Reserva Natural, de "pasear, mirar y escuchar sin interferir demasiado. Que el nacedero no se entere de que estás ahí; ese es el mejor regalo que le puedes hacer".
La ruta del Nacedero del Urederra, paso a paso
La ruta sale desde el mismo Baquedano, a media hora de Estella, quizá la ciudad más bonita de Navarra, y está perfectamente señalizada. No te preocupes por dónde dejar el coche. Está todo previsto: hay un aparcamiento habilitado junto a la caseta de entrada. Basta con seguir las indicaciones. Primero por las calles del pueblo y después por la pista forestal que se interna en el bosque y va hasta un panel informativo con una bifurcación. Has de coger el camino de la izquierda, que va junto al río, entre pozas y pozas, ganando poco a poco altura hasta el nacimiento.

De repente, una majestuosa cascada que brota desde el cortado rocoso y que, en épocas de precipitaciones intensas, podría llenar una piscina olímpica en algo más de un minuto. De normal, son 4.500 litros por segundo, pero pueden llegar a ser 50.000. Y entonces el espectáculo también se multiplica, así como la acción del agua sobre la piedra.
En total, ida y vuelta, son 6,2 kilómetros, entre dos y tres horas, dependiendo del ritmo y las paradas. El trayecto, acondicionado con pasarelas de madera y escaleras, no presenta ninguna dificultad, por lo que está recomendado para todos los públicos
Un balcón espectacular sobre el valle de Améscoa
Vivida ya la experiencia paradisíaca del Nacedero del Urederra, un acercamiento único a la naturaleza, se puede alargar la excursión, sin salirse del Parque Natural, hasta el mirador de Ubaba, que se encuentra en la cara sur de la Sierra de Urbasa, a once kilómetros solamente de Baquedano. A 150 metros del acantilado, hay disponible un parking para que tengas el privilegio de asomarte a este vertiginoso balcón sobre el manantial. Llamado también balcón de Pilatos, ofrece una panorámica que abarca todo el valle de Améscoa. Sin olvidar los buitres, milanos y algún que otro quebrantahuesos, si hay suerte, que verás surcando los cielos.