Calpe es mucho más que playas: por qué todo el mundo quiere ir a este destino mediterráneo
El Peñón de Ifach siempre presente en Calpe. Foto : Unsplash

Calpe es mucho más que playas: por qué todo el mundo quiere ir a este destino mediterráneo

Entre los grandes clásicos de la Costa Blanca, Calpe vuelve a despertar interés por motivos que van mucho más allá del baño. El paisaje sigue siendo espectacular, pero también lo son sus restaurantes, hoteles y patrimonio arquitectónico.

Aleks Gallardo | Agosto 6, 2026

No todos los pueblos o lugares de costa tienen la capacidad de ser reconocidos con solo ver su silueta. El Peñón de Ifach cumple esa función desde hace muchos años. Los navegantes lo utilizaban como referencia mucho antes de que existieran las postales, las urbanizaciones o las sombrillas de colores. Hoy sigue dominando el paisaje de Calpe con sus 332 metros de roca caliza.

Durante demasiado tiempo, Calpe cargó con el estigma de ser uno de esos destinos asociados casi exclusivamente al turismo residencial y a los veranos multitudinarios. Una simplificación injusta para uno de los secretos mejor guardados de Alicante, una localidad que conserva uno de los cascos históricos más agradables de la Marina Alta, un parque natural único, una tradición pesquera que sigue marcando el ritmo del puerto y algunas de las mejores mesas de la Costa Blanca. Ese redescubrimiento responde a que cada vez más viajeros vuelven a mirar donde llevaban años sin hacerlo.

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Casas de verano en Calpe, Alicante. Foto: Unsplash

Mucho más que el Peñón

No se puede separar Calpe del Peñón de Ifach, declarado parque natural en 1987. Es uno de los espacios protegidos más singulares del Mediterráneo español y también uno de los más pequeños. Apenas 53 hectáreas concentran más de 300 especies vegetales y una importante colonia de aves marinas, entre ellas el halcón de Eleonor o la gaviota de Audouin.

La subida hasta la cima es una de las mejores excursiones de la provincia de Alicante. El recorrido, de algo más de cinco kilómetros entre ida y vuelta, atraviesa un antiguo túnel excavado en la roca en 1918 y ofrece una panorámica difícil de igualar sobre la bahía de Altea, el cabo de la Nao e incluso Ibiza cuando la atmósfera acompaña.

Reducir la naturaleza de Calpe a su gran roca sería quedarse corto. A pocos minutos aparecen las Salinas, un humedal explotado para la producción de sal desde época romana que hoy constituye uno de los mejores lugares de la comarca para observar flamencos durante buena parte del año. Te sorprenderá: aves rosadas caminando con el Peñón como telón de fondo y los edificios de la ciudad detrás.

 Además, el casco antiguo conserva restos de la muralla levantada tras los ataques piratas del siglo XV, calles estrechas decoradas con macetas y escaleras pintadas que han ido transformándose en pequeñas intervenciones de arte urbano. Son actuaciones impulsadas durante años por vecinos y colectivos locales que han dado nueva vida al centro histórico.

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Vistas desde el Peñón de Ifach. Foto: Unsplash

Calpe para chuparse los dedos

Calpe lleva años consolidándose como uno de los destinos culinarios más interesantes de la Comunidad Valenciana. Buena parte de esa reputación tiene nombre propio: Audrey’s by Rafa Soler, distinguido con una estrella Michelin, donde el chef reinterpreta el recetario mediterráneo desde una mirada contemporánea muy vinculada al territorio.

Al mismo tiempo conviven restaurantes donde el protagonismo sigue estando en los arroces, el pescado del día o la gamba blanca de la bahía. El arròs del senyoret, el caldero o los guisos marineros mantienen un protagonismo que aquí nunca ha dependido de modas. 

También merece la pena acercarse a la Cofradía de Pescadores para ver de cerca cómo sigue funcionando una actividad que ha marcado la economía local durante generaciones. Es una visita mucho más reveladora que cualquier museo.

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Muralla Roja de Bofill, la visita arquitectónica imprescindible. Foto: Unsplash

Arquitectura inesperada frente al Mediterráneo

Quien llegue buscando únicamente playas probablemente pase por alto uno de los episodios arquitectónicos más interesantes de la localidad. En los años sesenta y setenta, Ricardo Bofill encontró aquí un laboratorio perfecto para experimentar con nuevas formas de habitar el Mediterráneo.

La Muralla Roja es sin duda una de las obras más fotografiadas de la arquitectura española contemporánea. Inspirada en las kasbah norteafricanas, combina escaleras laberínticas, patios, terrazas y una paleta cromática donde rojos, azules y violetas dialogan constantemente con el cielo y el mar. Muy cerca se levantan también Xanadú y el Anfiteatro, otros proyectos del arquitecto catalán que nos recuerdan aquel momento de enorme efervescencia creativa en la costa levantina.

Ese patrimonio arquitectónico convive con hoteles históricos que también han sabido actualizarse. El Gran Hotel Sol y Mar, situado frente a la playa del Arenal-Bol, ha contribuido a cambiar la percepción del destino apostando por una propuesta más contemporánea y cuidada, mientras nuevos alojamientos boutique y apartamentos de diseño han elevado el nivel de la oferta.

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Playa de la Fossa, Calpe. Foto: Unsplash

Las playas siguen estando ahí, naturalmente. La del Arenal-Bol mantiene su carácter urbano y familiar; La Fossa ofrece una extensa franja de arena con vistas permanentes al Peñón; y pequeñas calas como El Racó o Les Urques permiten descubrir un litoral especialmente apreciado por quienes practican snorkel o submarinismo gracias a la transparencia del agua y a la riqueza de sus fondos.

Hay para todos los gustos. Es lo bueno de Calpe.

TURIUM TIPS

Subir al Peñón de Ifach. La ruta hasta la cima del gran icono de Calpe te regalará una de las panorámicas más espectaculares del Mediterráneo. 
Dormir frente al mar en el Gran Hotel Sol y Mar. Es el hotel de referencia de Calpe para una escapada de lujo. Su infinity pool sobre la playa del Arenal-Bol y sus habitaciones con vistas al Mediterráneo justifican la reserva.
Visitar la Muralla Roja de Ricardo Bofill. Aunque el acceso al interior es privado, contemplar desde el exterior este icono de la arquitectura posmoderna merece la pena.
Ver los flamencos de las Salinas de Calpe. A pocos metros de la playa, este humedal sorprende por la cantidad de aves que alberga durante buena parte del año, especialmente flamencos.
Pasear por el casco antiguo. Murallas medievales, escaleras decoradas, fachadas de colores y pequeñas plazas hacen que merezca la pena alejarse unas horas del paseo marítimo.