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Dormir entre el desierto y el Pacífico: los hoteles más increíbles de Baja California Sur
Dormir entre el desierto y el Pacífico: los hoteles más increíbles de Baja California Sur
De los clásicos de Los Cabos a los nuevos refugios de East Cape y Todos Santos, Baja California Sur atraviesa un momento hotelero excepcional. Estos son los nombres que merece la pena conocer.
México tiene todo lo que un viajero necesita. Desde una capital con una escena cultural envidiable hasta paisajes de otro planeta en Baja California Sur, una zona con una particularidad geográfica: una larguísima franja de tierra con dos mares y muy poco territorio entre ellos. En su extremo meridional, el Pacífico queda al oeste, el mar de Cortés al este y la Sierra de la Laguna se levanta en medio. En poco más de una hora en coche se puede pasar de las olas de Todos Santos a las aguas mucho más tranquilas de East Cape atravesando un paisaje espectacular donde los cactus, los caminos de tierra y las montañas ocupan todavía muchísimo más espacio que los edificios.
Baja California Sur lleva décadas vinculada al turismo de lujo, pero lo que está ocurriendo ahora tiene otra escala y, sobre todo, otro lenguaje. Los grandes resorts conviven con hoteles pequeños, proyectos de arquitectura contemporánea, antiguas propiedades recuperadas y refugios que buscan alejarse de Cabo San Lucas.
La lista de marcas que han puesto sus ojos en la península da una pista: One&Only, Rosewood, Four Seasons, Ritz-Carlton, Waldorf Astoria, Thompson y, desde 2026, Aman. Pero sería quedarse en la superficie pensar que el auge se explica únicamente por una acumulación de nombres internacionales. Los hoteles más interesantes de Baja han entendido que su principal activo ya estaba allí antes de que llegaran ellos: muchísimo terreno vacío y una costa extraordinaria.

East Cape, donde está ocurriendo todo
East Cape es ahora su territorio más interesante. La llegada de Amanvari lo confirma. El nuevo resort de Aman está integrado en Costa Palmas, cerca de La Ribera, y cuenta con apenas 18 casitas. Desierto, estuario y mar aparecen prácticamente a la vez y la Sierra de la Laguna queda al fondo. La arquitectura evita competir con semejante reparto y las estancias se abren completamente al exterior.
Hay otro detalle que explica bien el nuevo lujo de la zona: desde el hotel se accede a kilómetros de playa apta para el baño. En Baja California Sur esto no es una cuestión menor; las corrientes y el oleaje hacen que muchas de sus playas sean magníficas para mirar y poco recomendables para meterse en el agua.

Amanvari tampoco llega a terreno virgen desde el punto de vista hotelero. Dentro de Costa Palmas funciona desde 2019 Four Seasons Resort Los Cabos at Costa Palmas, que contribuyó a desplazar la atención desde el corredor tradicional de Los Cabos hacia esta costa oriental. Marina, campo de golf diseñado por Robert Trent Jones II, una extensa playa y el paisaje semidesértico construyeron una idea de resort mucho menos dependiente de la vida de Cabo San Lucas.

Más al sur, Zadún, a Ritz-Carlton Reserve, ocupa otro tramo del litoral cerca de San José del Cabo. El estudio mexicano Sordo Madaleno Arquitectos planteó el conjunto a partir de volúmenes bajos y una paleta cercana a los tonos del terreno. Todas sus habitaciones y suites miran al mar de Cortés y cuentan con piscina privada.

Los Cabos, los clásicos siguen teniendo algo que decir
Antes de que Baja se convirtiera en una colección de hoteles de arquitectura impecable, hubo un lugar que inventó su versión moderna del glamour. One&Only Palmilla tiene su origen en 1956, cuando abrió como un pequeño refugio de lujo de 15 habitaciones promovido por Don Abelardo Rodríguez, hijo de un expresidente mexicano. Por allí pasaron estrellas del Hollywood de la época dorada y la propiedad acabó formando parte de esa mitología de Cabo asociada a vuelos privados, pesca deportiva y escapadas discretas. Hoy es un resort mucho mayor.

También merece atención The Cape, a Thompson Hotel, proyectado por el arquitecto mexicano Javier Sánchez. Su situación frente a El Arco permite ver uno de los símbolos más reconocibles de Cabo desde las habitaciones, pero su interés está en haber introducido un lenguaje más urbano y contemporáneo en una zona tradicionalmente dominada por el resort clásico.
Y después está Las Ventanas al Paraíso, a Rosewood Resort, otro de los hoteles que ayudaron a definir el servicio de ultralujo en Los Cabos. Abrió en 1997 y sigue siendo una referencia porque nunca necesitó convertirse en el hotel de moda. Suites encaladas, terrazas frente al mar, mayordomos y una clientela que valora más la privacidad que la novedad.

Todos Santos cambió las normas
Al otro lado de la península, el Pacífico impone otro ritmo. Una hora al norte de Cabo San Lucas, Todos Santos ha protagonizado durante la última década una transformación sin precedentes.
Hotel San Cristóbal abrió en 2017 frente a Punta Lobos y se convirtió rápidamente en una de las imágenes de la nueva Baja. Con solo 32 habitaciones, el proyecto de Bunkhouse incorporó suelos de cemento, azulejos mexicanos, textiles de colores intensos y muebles realizados en Guadalajara.

A unos kilómetros, Paradero Todos Santos tomó una decisión todavía más radical. En lugar de construir frente al océano, se instaló entre campos agrícolas y paisaje desértico. El estudio Yektajo & Valdez diseñó una sucesión de volúmenes de hormigón que continúan la topografía; las habitaciones prescinden de televisores y buena parte de la experiencia sucede fuera de ellas. La piscina, el jardín botánico, el temazcal y las actividades por los alrededores forman parte de una idea de lujo más vinculada al lugar que al tamaño de la suite.
Entre ambos hoteles hay apenas unos kilómetros y casi dos maneras opuestas de entender Baja: el Pacífico como espectáculo y el desierto como refugio. Esa posibilidad de elegir es lo que está haciendo tan interesante la región.
Baja California Sur corre también el riesgo de convertirse en víctima de su propio éxito. Los Cabos lleva décadas creciendo y Todos Santos vive ahora la presión inmobiliaria que acompaña inevitablemente a cualquier destino que empieza a aparecer demasiado en las conversaciones. Cada nueva apertura obliga a preguntarse cuánto hotel puede soportar un paisaje cuyo principal atractivo consiste, precisamente, en que todavía queda mucho espacio vacío.