Los secretos que guarda este pueblo de Toledo: de 'La Celestina' al paisaje que recuerda al Cañón del Colorado
En este ilustre pueblo toledano nació Fernando de Rojas, autor de 'La Celestina'. FOTO : LA PUEBLA DE MONTALBÁN.

Los secretos que guarda este pueblo de Toledo: de 'La Celestina' al paisaje que recuerda al Cañón del Colorado

A La Puebla de Montalbán, en Toledo, se puede ir siguiendo las huellas del autor de 'La Celestina', buscando un excelente patrimonio histórico-artístico o con la idea de ver un paisaje soberbio labrado por el Tajo. Está a solo una hora y veinte de Madrid.

Ángeles Castillo | Octubre 23, 2026

Almagro, en Ciudad Real, no es el único pueblo de Castilla-La Mancha que es puro teatro. Es verdad que su corral de comedias y su Festival Internacional de Teatro Clásico, que tanto alegra nuestros veranos, son únicos. Pero en el vecino Toledo se alza La Puebla de Montalbán como orgullosa cuna de Fernando de Rojas, el autor de La Celestina, una de las cumbres de la literatura universal, a la que está dedicada un museo y un festival, que se celebra en agosto. Saber que aquí nació el autor de la Tragicomedia de Calisto y Melibea, allá por 1465, anima a recorrer sus calles de otra manera.

Además de su lugar en el campo literario, La Puebla es una histórica villa situada en la vega del río Tajo, en las estribaciones de los Montes de Toledo, con un valioso patrimonio arquitectónico, fruto de haber sido capital del señorío de Montalbán, que el rey Alfonso VII donó a los templarios en el siglo XII, pasando en 1308 a la Corona de Castilla con Fernando IV. El castillo no hay que buscarlo aquí mismo, sino muy cerca, en San Martín de Montalbán.

Qué ver en La Puebla de Montalbán

La villa pasó por distintas manos hasta que, reinando Enrique IV, llegó a las de Juan Pacheco, marqués de Villena, que la hizo mayorazgo para su hijo Alfonso Téllez Girón y descendientes, que desde 1573 llevan el título de condes de la Puebla de Montalbán, actualmente integrados en la Casa de Osuna. Su gracia y señorío, ahora en términos coloquiales, se ve en la plaza Mayor, típicamente castellana con soportales, lista para la celebración de todo tipo de festejos, ya sean bailes, representaciones teatrales o corridas de toros, sin olvidar su principal razón de ser, el mercado.

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Así es la plaza Mayor de esta villa toledana. FOTO: LA PUEBLA DE MONTALBÁN.

Como es habitual, en la plaza se encuentra el ayuntamiento, encarnando el poder civil; la iglesia de Nuestra Señora de la Paz, el religioso, y el palacio de los Condes de Montalbán, la nobleza. Este palacio, que llama la atención por su sobriedad, se construyó en el siglo XVI siguiendo las pautas del Renacimiento. Luce una pórtico coronado por el escudo de la familia y ha pasado a la historia también por ser el lugar donde murió Diego Colón, el hijo de Cristóbal Colón.

Un pueblo monumental y muy desconocido de Toledo

En lo que a la iglesia de Nuestra Señora de la Paz se refiere, data del siglo XVI y presume de artesonado mudéjar y cinco arcos a cada lado sostenidos por columnas, además de una fachada con reloj y una espadaña que hace las delicias de las cigüeñas. Sin embargo, es la torre de San Miguel, con sus cuatro cuerpos, la que despunta del conjunto. Levantada en 1604, ladrillo a ladrillo, es lo que queda de una antigua iglesia y cementerio.

Más antiguo es el convento franciscano, concretamente de 1570. Lo fundó Catalina, la hermana del cardenal Pedro Pacheco León de Guevara, y su sobrino, Alonso Téllez Girón, sobre unas casas de su propiedad a las afueras de la villa, en clave renacentista, con dependencias conventuales, iglesia y claustro. Con la desamortización de Mendizábal se cerró, y los frailes no volvieron hasta 1878. Se instaló entonces un colegio de los misioneros franciscanos de la provincia de San Gregorio Magno de Filipinas.

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El palacio de los Montalbán luce su sobriedad renacentista. FOTO: LA PUEBLA DE MONTALBÁN.

Al cardenal Pacheco se debe la fundación del convento de concepcionistas franciscanas, de mediados del XVI, en el que destaca la iglesia, de una sola nave y con planta de cruz latina, al más puro estilo renacentista toledano. Entre los edificios religiosos está también la ermita del Santísimo Cristo de la Caridad, de 1532, a la que se accede por un portalón adintelado, tras el cual hay un patio empedrado. Al fondo aparece la ermita propiamente dicha, con un notable altar barroco. Funcionó como hospital, a cargo de la Cofradía de la Caridad, hasta 1884.

Por su parte, la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, un elegante edificio con cimborrio rosado rematado por un chapitel que acaba en aguja, es del año 1733, ya barroca, y conserva pinturas al fresco realizadas por los hermanos Alejandro y Luis González Velázquez. De esa misma época es la ermita de San José. Su interior llama la atención por su suelo ajedrezado y una combinación aventurada de blanco y amarillo.

Fernando de Rojas, autor de 'La Celestina', su hijo más ilustre

Hay cierta teatralidad en la decoración de esta última ermita, lo que nos lleva de vuelta a Fernando de Rojas, a quien vemos convertido en estatua en una plazoleta cercana a la plaza mayor. Está sentado sobre un pedestal en el que reza: "Reliquias de los restos de Fernando de Rojas", que fueron donados por Talavera de la Reina, localidad en la que murió el escritor en 1541. Y así se nos echa encima la hora de visitar el Museo La Celestina, un edificio que fue hospital para pobres y Colegio Libre Adoptado de Enseñanza Secundaria para señoritas. Hoy es también oficina de turismo.

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Un momento de la representación de 'La Celestina'. FOTO: LA PUEBLA DE MONTALBÁN.

Como museo, tiene una sala dedicada al autor y su época, y otra para la Tragicomedia de Calisto y Melibea desde el punto de vista literario, editorial y cinematográfico. Además de las centradas en el vestuario medieval, los útiles domésticos y aperos agrícolas y las fotografías antiguas. Igualmente, hay sitio para las exposiciones temporales y para la colección de 31 pinturas de Teo Puebla que ilustran La Celestina publicada en 1999 con motivo del quinto centenario de la primera edición.

Las Barrancas de Burujón, un paisaje espectacular

Como patrimonio natural, hay que citar el sotobosque de Gramosilla, un antiguo emplazamiento de molinos harineros en el Tajo, con interesantes elementos de arqueología industrial como un horno de ladrillos, una mina de agua o una alberca medieval. Otro sitio emblemático es el puente Ruidero, por el que pasa el río Torcón, que nace en los Montes de Toledo y sirve de foso natural al castillo de Montalbán. Para acceder al puente, hay que coger la pista de tierra que sale en el km 3 de la carretera que va de La Puebla a La Rinconada.

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Las Barrancas de Burujón, un monumento natural. FOTO: WIKIMEDIA COMMONS.

Pero en cuestión de paisaje se llevan la palma, sin duda, las Barrancas de Castrejón y Calaña, conocidas popularmente como las Barrancas de Burujón, que se extienden por la orilla norte del embalse de Castrejón a lo largo de un kilómetro, entre los municipios de Burujón, Albarreal de Tajo y La Puebla de Montalbán. Están a unos treinta kilómetros de la ciudad de Toledo por la carretera de Talavera y son francamente sorprendentes. De hecho, están consideradas monumento natural. Un espectacular sistema de gargantas y cárcavas creadas por el Tajo a lo largo de millones de años.

TURIUM TIPS

Sube al mirador del Pico del Cambrón, el punto más elevado, para ver las Barrancas en toda su plenitud. Sobre todo, al amanecer y el atardecer, cuando las arcillas se vuelven más rojizas.
Las Barrancas son un lugar excepcional para la observación de aves, tanto acuáticas como rapaces. Garzas, cormoranes, cigüeñas o patos, pero también águilas perdiceras o búhos reales.
No te pierdas el castillo de Montalbán, donde empezó todo. Está en San Martín de Montalbán, a unos 20 km. Una vez aquí, aprovecha para ver el yacimiento de Santa María de Melque, un conjunto monástico visigodo.
En San Martín está también la iglesia renacentista de San Andrés Apóstol, diseñada por Jorge Manuel Theotocópuli, hijo del Greco.
Prueba la comida casera, en especial el cocido en puchero de barro, de La Taberna de Rafita, en La Puebla.