El hotel más idílico y singular de Italia es un pueblo medieval entero que llevaba décadas abandonado
En un pueblo medieval de los Abruzos, 31 habitaciones ocupan antiguas casas repartidas entre calles de piedra. Sextantio convirtió el abandono en uno de los hoteles más singulares de Italia.
Lo normal cuando se plantea un nuevo hotel es empezar corrigiendo coas. Aquí, sin embargo, hicieron todo lo contrario. Las ventanas pequeñas siguieron siendo pequeñas, los muros conservaron sus irregularidades, los antiguos revocos permanecieron donde pudieron salvarse y hasta las huellas de una vida rural se convirtieron en parte del proyecto. Tampoco se abrió una gran piscina con vistas ni se construyó un pabellón contemporáneo para recibir a los huéspedes. En Santo Stefano di Sessanio, la idea era tocar lo mínimo.
El resultado es Sextantio Albergo Diffuso, uno de los experimentos hoteleros más interesantes de Italia. Sus 31 habitaciones no están dentro de un edificio, sino repartidas por diferentes construcciones de este pequeño núcleo medieval de los Abruzos, a unos 1.250 metros de altitud y dentro del Parque Nacional del Gran Sasso y Montes de la Laga. Para ir de la habitación a desayunar hay que salir a la calle. El callejón es el pasillo y el pueblo, en cierta manera, termina haciendo de hotel.
La historia de Sextantio Albergo Diffuso
La historia empezó a finales de los años noventa, cuando el empresario italo-sueco Daniele Kihlgren llegó en moto a Santo Stefano di Sessanio. El lugar había sufrido durante décadas el mismo proceso que tantos pueblos de la Italia interior: emigración, envejecimiento y pérdida progresiva de población. Esa falta de desarrollo había tenido, sin embargo, un efecto inesperado. Mientras otros núcleos históricos habían acumulado reformas, ampliaciones y construcciones poco afortunadas durante el siglo XX, aquí sobrevivía una arquitectura intacta.
Kihlgren comenzó a comprar algunas de las casas abandonadas. Su idea no era restaurarlas para convertirlas en segundas residencias ni levantar un resort en las afueras, sino conseguir que el propio pueblo pudiera alojar visitantes.

Un hotel que no parezca un hotel
El nombre técnico es albergo diffuso, un modelo de hospitalidad nacido en Italia que utiliza diferentes construcciones de un mismo núcleo urbano en lugar de concentrarlo todo bajo un único techo. Sextantio llevó el concepto más lejos: habitaciones, recepción y otros espacios ocupan edificios existentes y obligan al huésped a incorporarse, aunque sea temporalmente, a la geografía del pueblo.
No hay una secuencia convencional de lobby, ascensor, pasillo y puerta numerada. Hay escaleras de piedra, arcos, pequeñas plazas y calles que continúan siendo calles. Y Santo Stefano tampoco se convirtió exclusivamente en un complejo hotelero: Sextantio ocupa parte del pueblo y convive con residentes, comercios y otros alojamientos.

También en cómo se restauró. Kihlgren colaboró con el Museo delle Genti d’Abruzzo y con especialistas para recuperar edificios sin borrar las sucesivas capas de su historia. Las instalaciones contemporáneas se ocultaron siempre que fue posible; se reutilizaron materiales arquitectónicos y se conservaron usos y distribuciones de las antiguas viviendas. Hasta el sistema de calefacción se instaló bajo algunos pavimentos levantando las piedras para volver a colocarlas después en su posición.
El resultado está muy lejos del repertorio de vigas falsas, lino beige y cerámica imperfecta que ha terminado convirtiendo tantos hoteles rurales en variaciones del mismo interior. Aquí buena parte de esa imperfección es simplemente original.

Las fotos de 1920 que acabaron diseñando un hotel
Uno de los detalles más interesantes aparece al entrar en las habitaciones. Para reconstruir cómo eran los interiores tradicionales de los Abruzos, el equipo recurrió a las fotografías que el lingüista y etnógrafo suizo Paul Scheuermeier tomó en la región durante la década de 1920. Sus imágenes documentaban una Italia rural que estaba empezando a desaparecer: casas, herramientas, muebles, cocinas, textiles y formas de organizar la vida cotidiana.
Casi un siglo después, aquel archivo terminó convertido en una peculiar guía de interiorismo. Los colchones son de lana, aparecen colchas realizadas en telares tradicionales y se recuperaron muebles y objetos procedentes de la cultura material de las montañas de los Abruzos. Permanecen los techos de madera, las chimeneas, los muros desnudos y las pequeñas aberturas originales. La tecnología queda fuera de plano siempre que puede.
Los baños introducen el contraste. En lugar de fabricar sanitarios que fingieran tener varios siglos, se optó por piezas contemporáneas de formas sencillas.
Tampoco hay dos habitaciones exactamente iguales. La arquitectura preexistente manda sobre el programa hotelero, de manera que cambian superficies, alturas, distribuciones y elementos originales. Algunas conservan grandes chimeneas; otras ocupan varias plantas o incorporan espacios excavados en la roca. Design Hotels, de cuya colección forma parte actualmente Sextantio, las presenta como 31 habitaciones distintas antes que como una sucesión de categorías idénticas.

Salvar a un pueblo, pero ¿para quién?
Convertir pueblos despoblados en destinos turísticos puede proporcionar una nueva economía a edificios que han perdido su uso, pero también corre el riesgo de reducirlos a productos para visitantes. En Santo Stefano, esa tensión forma parte inevitablemente de la historia.
El proyecto intentó poner límites desde el principio. Sextantio trabajó con administraciones y organismos locales para proteger el paisaje frente a nuevas construcciones y recuperó actividades vinculadas a la cultura de los Abruzos. Su propuesta actual incluye cocina regional, talleres de tejido y elaboración de jabón, rutas a pie y en bicicleta y otras experiencias relacionadas con el territorio. El propio Kihlgren trasladaría después parte de esta filosofía a otro lugar italiano con un pasado arquitectónico todavía más complejo: los Sassi de Matera.

Más de veinte años después, Santo Stefano di Sessanio tampoco es ya aquel pueblo al borde de desaparecer que encontró Kihlgren. Han llegado nuevos alojamientos, restaurantes y visitantes, y el terremoto de L'Aquila de 2009 obligó además a afrontar una nueva etapa de reconstrucción. Sextantio representa hoy alrededor del 30% de las habitaciones del pueblo, según la Guía Michelin.