Las brujas de Zugarramurdi existieron, pero su verdadera historia es mucho más inquietante que la leyenda
Zugarramurdi está en el valle de Baztan-Bidasoa. Foto : Unsplash.

Las brujas de Zugarramurdi existieron, pero su verdadera historia es mucho más inquietante que la leyenda

Un pueblo navarro de apenas 200 habitantes quedó unido para siempre a la brujería por un proceso inquisitorial descomunal. Cuevas, aquelarres y hogueras forman parte del relato; la realidad resulta aún más extraña.

Aleks Gallardo | Octubre 31, 2026

Debes aprender una palabra antes de visitar Zugarramurdi: akelarre. El término, que suele traducirse como 'prado del macho cabrío', quedó ligado durante siglos a las supuestas reuniones de brujas y acabó viajando del euskera al castellano. La ironía es que buena parte del imaginario que hoy asociamos al pueblo navarro —demonios, orgías, vuelos nocturnos, ungüentos mágicos— procede de confesiones obtenidas dentro de una maquinaria judicial obsesionada con demostrar que todo aquello era real.

Zugarramurdi está en el valle de Baztan-Bidasoa, muy cerca de la frontera francesa, rodeado por el paisaje húmedo y verde del Pirineo navarro. Hoy ronda apenas los dos centenares de habitantes. A comienzos del siglo XVII, este pequeño núcleo rural quedó atrapado en uno de los episodios de persecución por brujería más famosos de Europa.

La historia comenzó al otro lado de la frontera. En 1609, el juez francés Pierre de Lancre fue enviado al País Vasco francés para investigar supuestas prácticas de brujería. Su campaña terminó alimentando una auténtica psicosis. En una región donde las fronteras eran permeables, las noticias, los rumores y el miedo circularon con facilidad. Ese mismo clima llegó a Zugarramurdi.

Una joven llamada María de Ximildegui regresó al pueblo después de haber vivido en Francia y empezó a contar que había participado en reuniones de brujas. Señaló a otras personas. Algunas confesaron. Después aparecieron nuevos nombres. Y nuevos relatos. El mecanismo resultaba perfecto para expandirse: si alguien reconocía haber estado en un aquelarre, podía recordar quién más había asistido. 

texto alternativo
Cueva de Zugarramurdi. Foto: Pexels.

Cuando Logroño miraba hacia Zugarramurdi

La Inquisición intervino y trasladó el caso a su tribunal de Logroño. La investigación alcanzó dimensiones extraordinarias: miles de personas fueron denunciadas o investigadas en Navarra y territorios cercanos durante aquella oleada de acusaciones, aunque el célebre proceso de 1610 se concentró en un grupo mucho más reducido.

El 7 y 8 de noviembre de ese año se celebró en Logroño un auto de fe ante una multitud. Treinta y una personas fueron juzgadas por delitos relacionados con la brujería y seis terminaron quemadas vivas; otras cinco, fallecidas durante el proceso, fueron quemadas en efigie. Las cifras importan porque detrás del souvenir de la bruja con escoba hubo personas concretas sometidas a interrogatorios, prisión y una enorme presión social.

Los testimonios recogidos describían ceremonias nocturnas, banquetes, bailes, pactos con el demonio y metamorfosis. Leídos hoy tienen algo de delirante literatura fantástica. 

texto alternativo
Naturaleza y luz en Zugarramurdi.

Y aquí aparece uno de los personajes más interesantes de todo el episodio: Alonso de Salazar Frías, inquisidor y miembro del tribunal de Logroño. Después del auto de fe recorrió la región, interrogó a centenares de personas y revisó pruebas. Su conclusión fue demoledora para la propia persecución: no encontraba evidencias sólidas de que los aquelarres hubieran ocurrido.

texto alternativo
Cuevas de Zugarramurdi. Foto: Turismo de Navarra.

Una cueva demasiado buena para esta historia

Cuatro siglos después, el gran escenario físico continúa a las afueras del pueblo. Las cuevas de Zugarramurdi no responden a la imagen clásica de una gruta llena de estalactitas. El río Olabidea, conocido también como Infernuko Erreka —'arroyo del infierno'—, excavó una enorme cavidad abierta, con una galería principal que alcanza alrededor de 120 metros de longitud. 

Aquí se habrían celebrado reuniones comunitarias y fiestas que después fueron interpretadas como aquelarres. El cine también ayudó: Álex de la Iglesia convirtió el pueblo en escenario y título de Las brujas de Zugarramurdi (2013), una comedia desatada con Carmen Maura, Terele Pávez, Carolina Bang y Hugo Silva que multiplicó el volumen del mito. Por suerte.

texto alternativo
'El aquelarre', de Francisco de Goya.

Antes o después de las cuevas merece la pena entrar en el Museo de las Brujas, instalado en el antiguo hospital del pueblo. Ahí podrás desmontar parte de la iconografía que uno trae de casa. La exposición habla de la sociedad rural del XVII, de las mujeres vinculadas al conocimiento de plantas y remedios, de las creencias populares y, sobre todo, de los mecanismos que hicieron posible la persecución.

Zugarramurdi sirve además como punto de partida para recorrer una de las zonas más interesantes del norte de Navarra. A pocos kilómetros está Urdazubi/Urdax, con su monasterio de San Salvador y las cuevas de Ikaburu; algo más al sur, Elizondo sirve como base para explorar el valle de Baztan. La literatura contemporánea ha añadido otra capa al territorio gracias a la Trilogía del Baztán, de Dolores Redondo, que convirtió sus bosques, pueblos y mitología en material de bestseller internacional.

TURIUM TIPS

Entrar en las Cuevas de Zugarramurdi. Es el gran imprescindible. Una enorme cavidad excavada por el río donde la tradición situó los famosos aquelarres.
Visitar el Museo de las Brujas. La mejor forma de entender qué ocurrió realmente durante las persecuciones del siglo XVII y separar historia, superstición y leyenda.
Acercarse hasta Urdazubi/Urdax. Está a pocos kilómetros y merece la visita por el monasterio de San Salvador, su casco histórico y su entorno.
Comer producto de la zona. Quesos, hongos, carnes, pimientos y cocina navarra con marcada influencia vasca. Aquí merece la pena sentarse a la mesa sin prisas.