Ruta por cinco cementerios monumentales en España que parecen museos al aire libre
Arquitectos modernistas, escultores, escritores, políticos y familias que hicieron de su panteón una última demostración de poder. Estos cinco cementerios españoles merecen una visita con calma.
A finales del siglo XIX, una familia con dinero tenía muchas decisiones importantes que tomar. La casa, por supuesto. Quizá una segunda residencia. El palco del teatro. Y, tarde o temprano, el panteón. Arquitectos y escultores recibieron encargos funerarios con presupuestos generosos y clientes interesados en dejar claro su estatus hasta después de muertos. El resultado sigue en pie: templetes, capillas neogóticas, ángeles modernistas, obeliscos, criptas, relieves y mausoleos firmados por algunos de los grandes nombres de la arquitectura y la escultura españolas.
El fenómeno coincidió con otro cambio. Las ciudades crecían y los enterramientos abandonaban definitivamente iglesias y pequeños camposantos urbanos para instalarse en grandes recintos planificados en la periferia. Aquellos nuevos cementerios copiaron recursos de la ciudad de los vivos: calles, plazas, ejes, jardines, barrios y, por supuesto, zonas mejores y peores.
Hoy muchos forman parte de rutas culturales y patrimoniales. Te recomendamos cinco que deben estar en tu lista.

Montjüic (Barcelona)
Barcelona inauguró el cementerio de Montjuïc en 1883, cuando Poblenou se había quedado pequeño para una ciudad que crecía a toda velocidad. El arquitecto municipal Leandre Albareda i Petit aprovechó la ladera de la montaña para construir una auténtica ciudad funeraria: calles, terrazas, escaleras, panteones y vistas hacia el puerto.
La ruta artística oficial reúne 40 sepulturas realizadas entre 1883 y 1936 y funciona como un curso acelerado de arquitectura catalana. Josep Puig i Cadafalch proyectó en 1905 el panteón de Àngela Brutau, viuda de Terradas, el mismo año en que trabajaba en la Casa Terradas, la famosa Casa de les Punxes. Eusebi Arnau se encargó de la decoración escultórica.
Más inquietante resulta la tumba del médico Jaume Farreras Framis, diseñada por Emili Cortés. Sobre ella, Rossend Nobas colocó un esqueleto de mármol tumbado y envuelto en un sudario del que salen el cráneo y las manos.
Montjuïc tiene también capítulos mucho más duros. En el Fossar de la Pedrera fueron enterradas víctimas de la represión franquista y allí se encuentra el mausoleo de Lluís Companys. Para recorrer la ruta artística completa se estiman unas tres horas.

Comillas (Cantabria)
Cuando Lluís Domènech i Montaner recibió en 1893 el encargo de reformar y ampliar el cementerio de Comillas se encontró con las ruinas de una antigua iglesia y las incorporó al proyecto. Conservó los muros, abrió pasos y adaptó el recinto a la pendiente del terreno, con pináculos, cruces y una silueta que se reconoce desde lejos. Luego colocaron un ángel encima.
El ángel es obra de Josep Llimona, está fechado en 1895 y se conoce popularmente como el Ángel Exterminador, aunque también aparece denominado Ángel Guardián. Mármol blanco, alas abiertas, espada y el Cantábrico detrás. El conjunto no necesita demasiados efectos especiales.
Un aviso antes de incluirlo en una ruta por Cantabria: el recinto histórico ha sufrido cierres temporales por trabajos de rehabilitación, así que conviene comprueba las condiciones de acceso antes de ir.

San Amaro (A Coruña)
San Amaro abrió en 1813, después de que las nuevas normas sanitarias fueran apartando los enterramientos de iglesias y núcleos habitados. Su ubicación frente al Atlántico ya marca diferencias respecto a casi todos los cementerios de esta lista.
El conjunto se divide en áreas religiosa, civil y británica y entre sus panteones aparecen romanticismo, historicismo, modernismo y art déco. También una buena parte de la cultura gallega de los dos últimos siglos: Manuel Murguía, Eduardo Pondal, Luis Seoane, Wenceslao Fernández Flórez y Manuel Curros Enríquez están enterrados aquí.
El escritor Curros Enríquez murió en La Habana en 1908 y sus restos viajaron hasta A Coruña. Las crónicas hablaron de decenas de miles de personas acompañando el cortejo hasta San Amaro, en una ciudad que entonces rondaba los 45.000 habitantes.

Polloe (San Sebastián)
Un cronista madrileño que acudió a los funerales de la marquesa de Sotomayor en 1897 definió Polloe como un cementerio "hecho a la moderna". José de Goicoa, uno de los arquitectos ligados a la transformación urbana de San Sebastián, trazó la nueva necrópolis junto a Juan Muguerza. Calles rectas, sepulturas organizadas en manzanas, plazas y recorridos ordenados: el urbanismo donostiarra de finales del XIX continuaba al otro lado de la puerta del cementerio. Fue bendecido el 12 de agosto de 1878 y su nombre ni siquiera procede de un santo. Viene de Polloe-Enea, el caserío que ocupaba estos terrenos.
Entre sus habitantes están Ignacio Zuloaga, el compositor Raimundo Sarriegui, Clara Campoamor, Chumy Chúmez o Lolo Rico. Capillas, obeliscos, ángeles y panteones muestran la sucesión de estilos y gustos de las familias donostiarras.

La Almudena (Madrid)
Con unas 120 hectáreas, La Almudena necesita tiempo. El cementerio comenzó a funcionar en 1884, en plena epidemia de cólera, aunque el gran conjunto actual fue tomando forma después. Francisco García Nava dejó buena parte de su erstilo arquitectónico: el monumental pórtico de entrada y varios edificios del recinto mezclan modernismo, ladrillo, piedra, cerámica y referencias neomudéjares.
Luego está la lista de vecinos. Benito Pérez Galdós, Pío Baroja, Santiago Ramón y Cajal, Vicente Aleixandre, Lola Flores, Fernando Fernán Gómez o Enrique Tierno Galván están enterrados aquí. En el vecino Cementerio Civil descansan Francisco Giner de los Ríos, Pablo Iglesias Posse o Dolores Ibárruri. Durante décadas, acabar a un lado u otro de la tapia decía mucho sobre la España en la que había tocado vivir.
Junto a sus tapias tuvieron lugar miles de fusilamientos durante la Guerra Civil y la posguerra. Literatura, ciencia, política, arquitectura y cultura popular ocupan un recinto enorme. Conviene llevar la ruta estudiada antes de entrar.