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Un pueblo blanco sobre un acantilado: así el destino costero más bonito y pintoresco de Portugal
Portugal siempre nos tiene reservados rincones la mar de pintorescos. Como Carvoeiro, un pueblo blanco de pescadores sobre un acantilado con una playa de arena dorada en pleno Algarve. No se puede pedir más.
Nos gusta recorrer los pueblos más bonitos del sur de Portugal, adentrarnos en el Algarve. Y nos gustan también los pueblos blancos sobre acantilados como es Azenhas do Mar, a solo 15 kilómetros de Sintra, la ciudad más romántica de Portugal, y a 30 de Lisboa. Por eso hemos puesto los ojos en Carvoeiro, que ofrece una estampa similar, asomado al mar desde lo alto en pleno litoral algarvío. Es una aldea, apenas cuatro casas, pero blancas y con sus deliciosos toques de color. Son las casas de los pescadores, cuyos barcos esperan a los veraneantes para dar un paseo por la costa y adentrarse en las grutas y cavernas de los alrededores.
Qué ver en Carvoeiro
Carvoeiro, perteneciente al municipio de Lagoa, es también una playa, Praia de Carvoeiro, de arena dorada, a la que está asomado el pueblo. Por el Largo da Praia encontrarás bares, restaurantes, terrazas y tiendas de souvenirs. Todo impregnado del irresistible encanto portugués. Conocido es el amor del país vecino por la artesanía, lo antiguo y lo tradicional. Por la Rua do Paraíso llegarás hasta el Alto da Praia do Carvoeiro. Y si sigues, hasta la Praia do Paraíso. En sentido contrario, se accede al otro mirador, el de Nossa Senhora da Encarnaçao, donde está la ermita y el fuerte del mismo nombre. Te tocará subir, pero merece la pena.

Por no hablar de sus aguas cristalinas, al resguardo del viento y de las olas. Son un imán. Aquí, en este rincón del Algarve, al que se llega tras pasar Tavira, Olhâo, Faro y Albufeira, en un viaje desde Ayamonte, escuchando fado por las tabernas, es donde miles de personas se reúnen cada año a finales en junio, los días previos a San Juan, para dar la bienvenida al verano, y lo hacen vestidos de blanco y negro. Se llama la Noite Black & White y transforma esta villa marinera en una gran fiesta al aire libre, con ritmos brasileños, sesiones de DJ, puestos de comida y espectáculos de luces.
Un pueblo entre acantilados y cuevas
Cuando toca la despedida de la temporada estival, y no la bienvenida, reina la paz y la tranquilidad. Y es justo ahora, que estamos rozando ya el otoño y los playas se van vaciando de turistas y llenando de gaviotas, cuando hay que disfrutar de la esencia del Algarve en este pequeño pueblo cuyas casas encaladas parecen querer descender a la playa desde su atalaya.

Fuera del núcleo urbano, hay que poner rumbo al Algar Seco, una serie de formaciones rocosas y cuevas calizas esculpidas por el viento, con ayuda del mar, en las que se forman piscinas naturales. En esta dirección se halla uno de los rincones más fotografiados de Carvoeiro, A Boneca (muñeca en portugués), una gruta con dos ventanales que parecen los ojos de una muñeca desde el mar. Se llega por una serie de pasarelas de madera que arrancan en el ya mencionado Miradouro da Nossa Senhora da Encarnaçao y permiten seguir la línea de esta imponente costa.
Un paseo al atardecer rumbo al faro de Alfanzina
Los acantilados son, francamente, impresionantes. Caprichos de la naturaleza, formas imposibles que habrían hecho las delicias del mismísimo Dalí, que ya tuvo su dosis de inspiración en el Cap de Creus, un mundo de por sí surrealista habitado por criaturas extrañas, moldeadas por la pertinaz tramontana. Hay magia en estos lugares y algo de fin o principio del mundo.
Y como estamos en clave marinera, con el mar de fondo y la sal en la piel y las venas, lo mejor es acercarse al faro de Alfanzina, fechado en 1920 e inconfundible por su toque de color rojo. Y hacerlo dando un paseo al atardecer para disfrutar de la puesta de sol.

De la Praia da Marinha a la de Três Castelos
De regreso, te darás cuenta, otra vez, de lo bonito que es Carvoeiro, inevitablemente turístico, y sus alrededores. Porque muy cerca, en Caramujeira, está la Praia da Marinha, una de las más famosas de Portugal y elegida entre las más bellas de Europa, y la Praia dos Três Castelos, en Portimâo, que debe su nombre a sus tres grandes rocas.
Sin olvidar la cueva de Benagil, también en Caramujeira, que solo se puede ver por mar. Pero no es problema porque te saldrán al paso excursiones en barco, incluso desde Lagos en un trayecto más largo y emocionante, así como kayaks o tablas de paddle surf para alquilar en la propia playa de Benagil. Y luego está la vista aérea desde el acantilado gracias a su claraboya.