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Esta ciudad es el secreto mejor guardado de los gallegos
Murallas romanas y buena gastronomía en forma de tapeo: esta ciudad es el secreto mejor guardado de los gallegos
Lugo conserva uno de los patrimonios romanos más importantes de Europa y una vida local activa que se mueve entre plazas, murales y barras bien atendidas.
La ciudad de Lugo es, como el pueblo de Allariz, uno de esos secretos bien guardados por los gallegos. Más que ninguna otra, es una ciudad fundada para durar. Nació como Lucus Augusti a finales del siglo I a. C., en un punto estratégico del noroeste peninsular, y desde entonces no ha dejado de estar habitada. Esa continuidad —más de dos mil años sin interrupción— explica muchas cosas: la lógica de su trazado, la naturalidad con la que conviven las épocas y una manera muy concreta de habitar el espacio urbano. Lugo ha sabido adaptarse a cada momento histórico sin perder su encanto.
Hoy es una capital de provincia de tamaño medio, con algo más de 100.000 habitantes, universidad, servicios y una relación muy directa con el territorio que la rodea. Lugo funciona como centro administrativo, cultural y comercial de una provincia extensa y poco poblada, y eso le da una identidad clara: es ciudad, pero nunca pierde el contacto con lo rural. Aquí el mercado, la plaza, el bar y el paseo siguen siendo espacios esenciales de la vida diaria. No como concepto, sino como práctica.
La Muralla de Lugo, su monumento más preciado
El elemento que mejor resume esa continuidad histórica es la Muralla romana de Lugo. Construida entre los siglos III y IV, rodea completamente el casco histórico y se conserva íntegra. Son algo más de dos kilómetros de perímetro, con torres, lienzos y accesos que siguen marcando los límites físicos y mentales de la ciudad. Caminar por la parte superior de la muralla es una experiencia cotidiana para muchos lucenses: se usa para pasear, para correr o simplemente para cruzar de un punto a otro con otra perspectiva. Desde ahí se entiende su equilibrio entre lo antiguo y lo contemporáneo.
Dentro de ese perímetro se concentra buena parte del patrimonio histórico. La Catedral de Lugo es uno de los edificios clave. Iniciada en el siglo XII, combina románico, gótico, renacimiento y barroco, y mantiene una singularidad poco común: la exposición permanente del Santísimo Sacramento, privilegio concedido hace siglos y aún vigente.
A pocos minutos aparece el Museo Provincial de Lugo, una de las visitas más útiles para entender la ciudad y su provincia. Sus colecciones de arqueología romana, arte sacro, pintura gallega y etnografía permiten contextualizar el papel de Lugo como capital interior y como punto de enlace entre la costa y la meseta. Es un museo amplio, bien organizado y fácil de recorrer.

Un vistazo a la vida urbana de Lugo
La vida urbana se articula en torno a plazas y calles que funcionan como espacios de encuentro real. La Praza Maior, la Praza do Campo o la Rúa Nova no son escenarios, sino lugares donde se queda, se charla y se alarga el tiempo. En Lugo, el centro no se vacía fuera del horario turístico porque nunca ha dejado de ser residencial y funcional. Eso se nota en el comercio local, en los bares y en el espacio público.
En Lugo, sentarse a la mesa sigue siendo una cosa seria. No por solemnidad, sino por respeto al producto y a una tradición gastronómica que no necesita mucha presentación. Si hay un restaurante que resume bien esa forma de entender la cocina es Restaurante Campos. Ubicado en un edificio lucense del siglo XVIII, Campos es un negocio familiar con más de 70 años de trayectoria, y eso se nota tanto en la cocina como en el servicio, meticuloso y atento sin resultar encorsetado.
La propuesta gira en torno a producto gallego de primer nivel, tratado con técnica y sin perder el pulso clásico. Aquí brillan los mariscos y pescados salvajes —rape negro de costa, rodaballo, mero o lenguado— y una cocina de cuchara que sigue teniendo peso propio.
Para un registro distinto, centrado en el producto a la brasa, Brasas Brancas es una de las mesas más interesantes de la ciudad. Su propuesta se apoya en carnes y pescados trabajados con precisión, materia prima de calidad y una carta que combina técnica actual con sabores reconocibles.
Para quien prefiera tapas y bares que funcionan con naturalidad, moverse por las zonas de la Praza do Campo, la Rúa Nova y las calles próximas a la muralla ofrece opciones constantes: tabernas con pulpo, quesos de la zona, tortilla, empanadas y vinos de Galicia. En Lugo, la tapa es costumbre.

Murales que ya forman parte del paisaje urbano
Lugo no se lee solo en piedra. En los últimos años, el arte urbano ha ganado una presencia notable en la ciudad, hasta el punto de convertirse en una de las capas contemporáneas más interesantes de su paisaje. No se trata de intervenciones decorativas ni de grafitis aislados, sino de murales de gran formato, firmados por artistas de referencia y con un claro vínculo con la historia y la identidad del lugar.
Uno de los más reconocidos es el mural de La Castrexa, situado en la Ronda da Muralla. Con casi 20 metros de altura, esta obra del artista Manuel Pallín se inspira en el pasado prerromano de Galicia y representa una figura femenina vinculada a la cultura castreña. El trabajo fue desarrollado con asesoramiento histórico del Museo Provincial y se ha convertido en un símbolo contemporáneo de la ciudad.Fue elegido mejor mural del mundo en junio de 2023.
A pocos metros aparece otro de los murales más fotografiados de la ciudad: el retrato del emperador Julio César, también en la Ronda da Muralla. Firmado por Diego As, uno de los artistas gallegos más reconocidos en el ámbito del realismo urbano, el mural reinterpreta la herencia romana de Lugo con una técnica precisa y una presencia imponente. Esta obra fue reconocida como mejor mural del mundo en 2021.
Lo interesante de estos murales no es solo el premio o el tamaño, sino su integración en la ciudad. Dialogan con la muralla, con la historia romana y con el día a día de los lucenses.

La importancia de los espacios verdes
El verde también está integrado en la ciudad. El Parque Rosalía de Castro y las riberas del Miño ofrecen espacios amplios para caminar, correr o simplemente cambiar de ritmo sin salir del núcleo urbano. Lugo permite pasar de la piedra al verde en pocos minutos.
Además, su posición geográfica la convierte en una base cómoda para explorar el interior de Galicia. Desde aquí se accede con facilidad a la Terra Chá, a los Ancares o incluso a la Ribeira Sacra en excursiones de día.
Viajar a Lugo es comprender que hay ciudades europeas que todavía funcionan bien sin saturación, que saben combinar historia y vida cotidiana, y que se disfrutan con calma.
