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Una ruta por lugares idílicos de Burgos: desfiladeros, un paseo fluvial y pueblos preciosos
Una ruta por los lugares más idílicos de Burgos: desfiladeros, un paseo fluvial y pueblos preciosos
Navegar en un barco electrosolar por los fiordos burgaleses o visitar el pintoresco pueblo de Pancorbo junto a su desfiladero son solo dos planes de los muchos que pueden hacerse por estas tierras de Burgos.
Burgos siempre nos sitúa cara a cara con nuestra historia y nuestro patrimonio. Hasta el punto de hacernos viajar fácilmente al pasado con solo recorrer las calles de algunos de sus pueblos mejor conservados. En Frías, la ciudad más pequeña de España, podemos asistir al espectáculo de sus casas colgadas, su castillo y su puente fortificado. En Oña, deleitarnos ante el magnífico monasterio de San Salvador. Y en Medina de Pomar, asistir cada octubre a la recreación de la histórica visita de Carlos V.
Estos municipios los encontramos en las comarcas de las Merindades y la Bureba, que no solo tienen como reclamo cascos históricos medievales de primera, relacionados con el nacimiento de Castilla, sino también un paraíso natural que es perfecto para desconectar del mundanal ruido y, en paralelo, conectar con la madre naturaleza en medio de un sobrecogedor silencio. Así pues, esta ruta idílica por Burgos es ideal para la primavera.
Qué ver en los alrededores de los Montes Obarenes
Esto es posible en el Parque Natural Montes Obarenes - San Zadornil, las últimas y más meridionales estribaciones de la Cordillera Cantábrica. Una gran muralla sobre las llanuras burebanas con el Pico Humión arañando el cielo con sus 1.434 metros, desde cuya cima -dicen- se ven, en los días claros, las montañas de hasta diez provincias distintas.
Abundan los profundos desfiladeros, como las hoces excavadas por el Ebro en Sobrón, que ya es el País Vasco; el abismo que abre el Purón en la sierra de Árcena, entre las localidades de Herrán y Lalastra (Álava), o la garganta por la que discurre el Oca en los alrededores de Oña. Todo lleno de aves rapaces, que aquí están en su salsa.

En esta inmensidad se halla un paisaje fluvial sorprendente que es un auténtico emblema. Se conoce como los "fiordos burgaleses" por asemejarse, salvando las distancias, a los fiordos noruegos. Como en estos, es necesario embarcarse para conocerlos en toda su plenitud. La travesía se realiza en un barco electrosolar, lo que supone otro aliciente más, que parte del embarcadero de Valle de Tobalina y discurre por el imponente cañón que el Ebro ha tallado en la confluencia de las sierras de Árcena y Pancorbo.
Desde Pancorbo hasta Santa Gadea del Cid
El viaje promete. Por la experiencia de navegar y porque no todos los días se adentra uno entre estos cortados rocosos, arropados por frondosos bosques donde reinan las hayas, los quejigos y las encinas, en un cruce de ecosistema atlántico y mediterráneo excepcional. El embalse, que en otro tiempo sirvió para alimentar la central nuclear de Santa María de Garoña, cerrada en 2013, ahora se revela como un rincón bucólico donde practicar incluso el turismo sostenible.
Uno de los pasos de la muralla natural de los montes Obarenes es el desfiladero de Pancorbo, conocido tradicionalmente como la Puerta de Castilla, un cruce de caminos desde tiempos inmemoriales que conecta la meseta castellana con el País Vasco y, por tanto, con Francia. Nos hemos mudado de comarca; ahora estamos en la del Valle del Ebro, cuya capital es Miranda de Ebro.

En sus lindes se encuentra también Santa Gadea del Cid, con un sobresaliente conjunto histórico-artístico, que incluye murallas (s. XV), que se abren en la Puerta de la Villa, su acceso principal, y la Puerta de Abajo, con arco apuntado; o el castillo, del siglo XV sobre restos del XI. También la iglesia de San Pedro Apóstol (XIII), con torre cuadrada almenada; la plaza con soportales, sus calles empedradas y las ermitas de Nuestra Señora del Patrocinio y de la Virgen de las Eras. Un sitio único para internarse en los recovecos de la historia con un protagonista como el Cid Campeador.
Arquitectura popular y parajes para senderismo
Pancorbo pueblo ha conservado igualmente su trazado original, así como su arquitectura popular, que lo hacen doblemente pintoresco. Su estampa está coronada por el castillo medieval de Santa Marta, conocido como la Sala, y la más moderna fortaleza de Santa Engracia (siglo XVIII), en lo alto de la montaña. A lo largo de la calle Mayor se pueden ver algunas casas blasonadas y tramos porticados. Curiosamente, la plaza Mayor es el único rincón donde la angostura deja al pueblo ensancharse.

Por lo demás, hay en Pancorbo dos iglesias: la de Santiago, de origen románico, que reafirma el carácter jacobeo de la villa, y la de San Nicolás, de 1714 y con una fachada singular. Se suman dos ermitas, dedicadas a la Virgen del Camino, a la entrada del desfiladero, y al Santo Cristo del Barrio, al otro lado del río.
En este pintoresco pueblo, donde el lechazo asado hace patria como en todo Burgos, se halla el primer centro de cría del caballo losino, que fue recuperado en los años 80 tras caer en el olvido cuando dejó de ser medio de transporte habitual. En octubre se celebra la Feria del Caballo Losino, que incluye venta de productos artesanos.