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Planes para San Isidro en Madrid: la casa del santo, pueblos pintorescos y delicias castizas
Los mejores planes para un San Isidro en Madrid: la casa del santo, pueblos pintorescos y las delicias más castizas
Se puede celebrar San Isidro visitando su casa en la madrileña plaza de San Andrés, pero también viajando a dos de los pueblos más pintorescos de la región. E incluso entregándose a los placeres culinarios más castizos.
Habrá quien se ponga el mantón y la parpusa y se vaya a la pradera a celebrar a San Isidro a ritmo delchotis, y quien reinterprete el casticismo al hilo de la programación oficial. Pero también quien aproveche estos días de celebración puramente madrileña para pasearse por las galerías de arte de Lavapiés o para ir más allá y visitar esos pueblos cercanos que siempre nos ponen los dientes largos. Incluso quien quiera empezar por el principio y acudir a la Casa de San Isidro, que fue, según la tradición, la casa de Iván de Vargas, su patrón, y donde vivieron y murieron él y su esposa, Santa María de la Cabeza, en el siglo XII.
Una visita a la Casa de San Isidro en Madrid
Entre sus reconstruidos muros, que luego sustentaron el palacio de los marqueses de Paredes, está ahora la exposición permanente "Los orígenes de Madrid", un viaje desde la Prehistoria hasta el traslado aquí de la Corte en 1561, por decisión de Felipe II. Relacionado con el santo encontramos el pozo del Milagro, donde, según se cuenta, salvó a su hijo de morir ahogado al hacer subir las aguas hasta el brocal, y la capilla, levantada en el siglo XVII en el mismo lugar que fue su residencia. Las pinturas murales que cubren sus bóvedas son obra de Zacarías González Velázquez y representan la apoteosis del santo.

Ya fuera de Madrid, pero a solo 45 kilómetros, está ese pueblo de película que es Chinchón, en la cuenca del Tajo-Jarama. Dejarse caer por su histórica plaza, con soportales, tejados escalonados y los balcones de madera pintados en verde, que han visto tantos espectáculos, siempre es un buen plan. No solo por el deleite estético y por pisar la misma arena que pisaron Orson Welles, Rita Hayworth, John Wayne y Cantinflas, y más tarde Adrien Brody o Mark Knopfler, sino porque a su alrededor se disponen unos cuantos restaurantes de los que hacen leyenda porque se come de maravilla.
Qué ver en Chinchón, anís, plaza y mesón
Aquí se viene a comer cordero, cabrito, cochinillo y otras glorias de la cocina castellana, entre las que se colará el anís. Por ejemplo, en el legendario Mesón Cuevas del Vino. Aunque no lo parezca, hay vida más allá de la plaza. No hay que olvidar el dicho popular que anuncia que "Chinchón tiene una torre sin iglesia y una iglesia sin torre". La primera hace referencia a la torre del Reloj, que es lo único que nos ha llegado de la vieja iglesia. La segunda es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que, sin embargo, carece de ella.

Es en esta iglesia donde está el cuadro La Asunción de la Virgen, de Goya, pintado a petición de su hermano Camilo, capellán de los condes de Chinchón, cuyo castillo, renacentista del siglo XVI, se asienta sobre una primitiva fortaleza. Hay un segundo castillo, el de Casasola, este gótico del XV. Uno y otro han sido testigos del devenir histórico, lo mismo que la Casa de la Cadena, edificio barroco del XVII que alojó a Felipe V en 1706.
Una escapada a Buitrago de Lozoya
Si a Chinchón nos lo encontramos al sureste, para ir al siguiente destino hay que poner rumbo al norte, y a unos ochenta kilómetros aparece ante la vista con su bella estampa. Es Buitrago de Lozoya, un pueblo de esos que lo tiene todo, probablemente el más pintoresco y bonito de Madrid. Muralla medieval, el castillo de los Mendoza (siglo XVI), la torre albarrana del Reloj, que da paso a la iglesia gótica de Santa María del Castillo (s. XIV-XV), y el río Lozoya abrazando el conjunto mientras tranquilamente traza su meandro.

Extramuros se encuentra el puente del Arrabal, datado en el siglo XV, desde donde se obtienen las mejores vistas de todo el recinto amurallado. Por si fuera poco, hay un Museo Picasso, donde se expone la colección del barbero Eugenio Arias, natural de Buitrago y amigo del pintor. Un total de setenta obras que el artista malagueño le regaló, entre las que hay dibujos, litografías, carteles y cerámica.
Buitrago también se ha hecho valer por sus restaurantes especializados en la cocina serrana, caso del Asador Las Murallas, donde se pueden degustar unas croquetas de huevos rotos con chistorra, unos judiones de Montejo o un entrecot de ternera de la D.O. Sierra de Guadarrama.
Dónde comer en Madrid en plan castizo
Una vez dentro del capítulo gastronómico, también se puede celebrar San Isidro en cualquiera de los restaurantes capitalinos que han preparado alguna que otra exquisitez para la ocasión. Keli, que se presenta como la casa madrileña del barrio de Salamanca (Paseo de la Castellana, 12), donde estuvo el mítico Embassy, ha vestido su terraza de claveles. Este restaurante reivindica la tradición castiza hoy y siempre. Lo hace deleitando al personal con el jamón ibérico cortado a cuchillo, las gildas, la ensaladilla rusa, las patatas bravas o los callos a la madrileña.
En Egun-On, en el barrio de Barajas (Paseo del Zurrón, 31), el chef Edu Collado reinterpreta algunos de los grandes clásicos de la gastronomía de la capital desde una mirada contemporánea y personal. Empezando por las croquetas de cocido con mermelada de piparras o las de rabo de toro, y siguiendo por las patatas bravas de Blas o las manitas de cerdo al curry rojo.

En Casa Toro, dado San Isidro, la feria taurina y que está cerca de Las Ventas (C/Julio Camba, 5), se sirve el rabo de toro en diferentes versiones, ya guisado, ya coronando unos huevos rotos. Lo mismo que en El Lince (C/Príncipe de Vergara, 289; Plaza de Pedro Zerolo, 10), donde Javi Estévez pone su toque a las bravas, los callos, la oreja y el rabo de toro, más su particular oda a la casquería. Zalacaín (C/ Álvarez de Baena, 4) se suma a la fiesta con sus emblemáticos callos, fieles a la receta tradicional; esto es, 60 por ciento de tripa, 20 de pata y 20 de morro. Y que nos quiten lo bailao.