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El valle más idílico está en Navarra: tiene pueblos preciosos y es perfecto para la primavera
El valle más idílico está en Navarra: tiene quince pueblos preciosos y es perfecto para la primavera
El Valle del Baztán, en Navarra, es una maravilla de la naturaleza. Verdes prados, suaves colinas, frondosos bosques, caudalosos ríos y arquitectura tradicional y palaciega. No le falta ni la mitología para resultar idílico.
El Valle del Baztán, en Navarra, está lleno de pueblos preciosos, como el de Sajambre, en León, y es perfecto igualmente para desconectar de las prisas y el bullicio. Aquí, sin embargo, no está en el aire la promesa de grandes cumbres, sino la acentuada ligereza de sus colinas trazando el ondulante paisaje. No hay hórreos ni pallozas, sino bordas y caseríos, además de palacios señoriales. Ni uno ni dos, porque son incontables.
Si algo caracteriza al Baztán, arquitectura aparte, es el verde exuberante de sus campos. No es de extrañar que sea considerada la Navarra húmeda, ni que nazca en sus adentros un río tan memorable como el Bidasoa, bautizado en estas tierras, también él, como Baztán. Tampoco que un lugar así sea tan rico en tradiciones y leyendas. Porque aquí la naturaleza lo empapa todo. Incluso la gastronomía, el folclore, el modo de vida y la festividades.
El Valle del Baztán, un paraíso en Navarra
No lo hemos dicho todavía, pero la verdad es que el Valle del Baztán, con o sin literatura, pero mejor con ella, es un paraíso. Solo hay que ver a las vacas pastando ebrias de felicidad. Si el citado valle leonés lo encontrábamos en los Picos de Europa, estos quince pueblos y sus alrededores se hallan en el Pirineo navarro, acariciando el Cantábrico y ya casi en Francia.

A pesar de que siempre ha sido destino preferente para disfrutar de lo rural, se hizo archifamoso con la publicación de la "Trilogía del Baztán", de Dolores Redondo. Tanto ha calado esta trilogía que hasta se ofrecen visitas guiadas para seguir los pasos de su detective, Amaia Salazar. Una ruta diseñada, por cierto, en colaboración con la autora, y que tiene como centro Elizondo, la capital del valle, como prólogo de sus muchos palacios y casas señoriales.
Qué ver en Elizondo, escenario de la "Trilogía del Baztán"
Elizondo es para recorrerlo. Para admirar sus imponentes fachadas, floridas o no; la iglesia de Santiago, tan barroca como el afrancesado palacio de Arizkunenea, que acoge la Casa de Cultura de Baztán; el palacio de Arozarena y la casa consistorial. Para cruzar el puente de Txokoto y para visitar el molino de Etxaide, donde se muele el maíz de forma tradicional, con el que luego se elaboran los talos (tortas). Su feria de ganado, donde concurren vacas de raza pirenaica, caballos autóctonos o pottokas (caballitos), es antológica.

Pero Elizondo es solo el principio de un valle que parece no tener fin. Sus pueblos, desde tiempos inmemoriales, están integrados en un mismo término municipal. Todos son baztaneses a más no poder. Desde Almandoz, tras ver el palacio Galtzaga o el Jauregia, hay que acercarse al alto de Belate y disfrutar del recorrido. Nos espera un espacio natural de gran belleza y las ruinas de un castillo que fue testigo de importantes batallas, además de un sendero que pasa por una antigua calzada romana y nos lleva hasta la ermita de Santa María de Belate y el antiguo albergue de peregrinos.
Pórticos, caseríos y una exuberante naturaleza
Amaiur, donde nos recibe un arco porticado, es una muestra clara de pueblo-calle, de exquisita variedad arquitectónica. Un resumen de cuanto se puede encontrar en el valle. Ojo al palacio de Arretxea, del siglo XVI; a la Casa Arriada, donde tenían lugar los batzarres o reuniones populares, en la misma época, y a la iglesia de la Asunción, medieval pero recompuesta en varias ocasiones. Puede que se emplearan en ella las piedras del destruido castillo, que fue uno de los últimos bastiones del Reino de Navarra.

Como se ve, el Baztán es naturaleza a borbotones, pero también una nómina palaciega con visos de interminable. El molino de Amaiur sigue produciendo harina de maíz, como en el XVIII. Se puede visitar, reservando con antelación, y probar los ya mencionados talos, rellenos de chorizo o chocolate. Es tradición. El encantamiento prosigue en el puerto de Otsondo solo con mirar alrededor.
Desde Aniz a Azpilikueta, Baztán en estado puro
El viaje por el Baztán continúa en Aniz, donde nos toparemos con las estelas discoideas, monumentos funerarios tallados en piedra, en la escalinata que conduce a la iglesia. En Arizkun nos esperan dos torres medievales y los consabidos palacios, cada uno con sus detalles y curiosidades, además del convento de Nuestra Señora de los Ángeles, que impacta por su barroquismo, y el lagar de sidra de Gamioxarrea, también del siglo XVIII.

Más palacios en Arraioz, donde se ubica la que tiene fama de ser la plaza más bonita para jugar a laxoa, la modalidad más antigua de pelota vasca. Azpilikueta es un buen lugar para encontrarse con las lamias, esos seres mitológicos mitad mujer, mitad pez, y donde visitar el palacio que lleva el nombre del pueblo y es cuna de la madre de San Francisco Javier.
El festival arquitectónico de caseríos y palacios continúa en Berroeta, Elbete, Gartzain, Irurita, Oronoz, Lekaroz, Ziga y Erratzu. En este último pueblo se desparrama sin pudor la cascada de Xorroxin, nacedero del río Baztán, que una vez fuera de estos límites se llama ya Bidasoa. Es territorio este de lamias y donde dicen -cuestión de fe- que se originan, entre hayas, robles, castaños y avellanos, las tormentas.