Parece Islandia, pero es España: una ruta por las cascadas y paisajes de agua más espectaculares de Burgos
Además del salto del Nervión, el más impresionante de la península ibérica, en Burgos se pueden ver cascadas como las de Yeguamea, Orbaneja del Castillo o Altuzarra. Cuando brotan, parecen un milagro de la naturaleza.
Estamos acostumbrados a ir a Burgos a ver pueblos pintorescos como Frías, la ciudad más pequeña de España, o monumentos como el monasterio de Las Huelgas, en la capital, conocido por el poder de sus abadesas. De vez en cuando nos hemos adentrado en sus lugares más idílicos, por ejemplo, por los Montes Obarenes y alrededores. Y ahora que ya está aquí el calor, no dejan de aparecérsenos, y no solo en sueños, cascadas prometiéndonos el paraíso.
Dónde ver cascadas en Burgos
El sonido del agua cayendo y el paisaje que se crea alrededor, como de cuento de hadas, trasgos y demás, incluso de escena de pintor prerrafaelita, resultan tentadores. Si encima tienen zona de baño en forma de poza o piscina natural, ya el plan se vuelve de lo más excitante. Con el aliciente de que las cascadas hay que ganárselas, porque suelen estar en lugares recónditos, a los que se llega a través de pequeños senderos o señalizadas rutas de senderismo. En cualquier caso, hay que echarse a andar y hacerse parte del ecosistema.

En marzo anunciaban desde Turismo de Burgos que se habían registrado récords de días seguidos de lluvia. Eso significaba aumento del caudal de los ríos y, con ello, del agua llamada a precipitarse en este espectáculo asombroso y virginal. Ahora no está lloviendo y tal vez sea tarde para el deshielo, pero hay mucho donde maravillarse. Los ambientes que crean estos chorros de agua nos traen a la memoria rincones del planeta como Islandia, en los que la naturaleza muestra su belleza más salvaje e irreal.
El salto del Nervión, un auténtico espectáculo
A veces no hay que ir muy lejos, o no tanto, para encontrar estos edenes. Entre las provincias de Burgos y Álava, tenemos el salto de agua de mayor altura de la península ibérica y entre los más significados de la Europa occidental. Se trata, sí, del salto del Nervión, que brinca al vacío desde 222 metros sin vértigo alguno y por encima de una impresionante pared vertical. Hasta esta monumental atracción, el río se llama en realidad Délica, como el pueblo, en el municipio de Amurrio. Tras el salto, se marcha por los cortados del cañón ya como Nervión.
No siempre es posible verlo y, a veces, la cola de caballo se reduce a un hilillo de agua, así que pillarlo en toda su fuerza y esplendor es casi un milagro. Importante no perder la esperanza. Por el lado burgalés, se accede al mirador desde la Casa del Parque de Monte Santiago, en el paraje de Fuente Santiago, en Berberana, comarca de Las Merindades. A nuestros pies, una cómoda pista forestal de apenas tres kilómetros que, por suerte, transcurre entre hayas.

El salto del Nervión es el más espectacular, pero no el único. La cascada de San Miguel cae desde 200 metros, que tampoco está mal. De nuevo, la encontramos en la frontera con Álava, oculta en Valle de Angulo y al abrigo de las escarpadas rocas de la sierra Salvada. La ruta en sí, de algo menos de seis kilómetros, merece la pena. Parte del Puerto de Angulo, un impactante puerto de montaña que separa la meseta castellana del País Vasco, y hará las delicias de los amantes del senderismo y la fotografía.
Las cascadas de Peñaladros y Yeguamea, dos paraísos
Muy cerca está la cascada de Peñaladros, protagonizada por el mismo río Angulo, que desciende por un farallón rocoso y genera un chorro de unos trece metros. Cae sobre un pozo de color esmeralda al resguardo de una frondosa vegetación, que lo vuelve más apetecible aún. Se llega desde el pueblo de Cozuela, perteneciente a Valle de Mena, en un paseo de solo 500 metros.

A la cascada de Yeguamea la tenemos en el Geoparque de las Loras, compartido con Palencia y declarado así por la Unesco por su importancia geológica, paisajística y cultural. La referencia es el pueblo de Fuenteodra, en la comarca de Páramos. A esta cascada la acompañan, además, dos pequeñas surgencias, bautizadas como los Potrillos. Igualmente, el paisaje kárstico y con praderas que las envuelve es digno de recorrerse.
También están las cascadas escalonadas de Las Pisas, esta vez en plural, en el que es uno de los territorios naturales más llamativos y desconocidos de la provincia. Las forma el río Gándara y se puede llegar hasta ellas desde la aldea de Villabáscones de Bezana, en Las Merindades, a través de un camino que sale de la iglesia y cruza un magnífico bosque donde conviven hayas, robles, acebos y avellanos. Apenas tres kilómetros y mucha emoción.
De Valdelateja a Orbaneja del Castillo, de edén en edén
La ruta por las cascadas de Burgos continúa en el Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón. Concretamente, en el pueblecito de Valdelateja, atravesado por el Rudrón, que labra cañones y desfiladeros antes de fundirse con el Ebro. A pocos pasos se descubre el salto de agua del mismo nombre. No llama la atención por su grandiosidad, sino por lo bucólico de su emplazamiento, entre abundante arbolado y algunas pozas.
Al norte de Valdelateja aguarda el bello y montaraz Orbaneja del Castillo, por donde se despeña una fantástica cascada que se ha convertido en un poderoso reclamo turístico. Así como las casas se sitúan en escalera, ella, nacida de la Cueva del Agua a más de 25 metros y ya cosa del Ebro, también se despeña escalonadamente, partiendo el pueblo en dos, la Villa y la Puebla, y desembocando en pozas de aguas cristalinas.

Además, cerca de Poza de la Sal, en la comarca de La Bureba, está la cascada de Rojas. Exactamente, en el desfiladero de Las Cuevas. En la sierra de la Demanda, donde se juntan Burgos, Soria y La Rioja, también hay una proverbial cascada o, mejor dicho, tres. Son las de Altuzarra, a la sombra del pico San Millán, el punto más alto de la provincia, con 2.131 metros. Para alcanzarlas hay que aventurarse por una ruta circular de unos siete kilómetros, con salida desde Santa Cruz del Valle Urbión, en la comarca de Montes de Oca.