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Qué son los hoteles regenerativos: la próxima gran tendencia después de los sostenibles
Qué son los hoteles regenerativos y por qué serán la próxima gran tendencia después de los sostenibles
El lujo atraviesa una nueva e inesperada fase. Después de la obsesión por el diseño y la gastronomía, llega una pregunta mucho más incómoda: ¿puede un hotel mejorar el territorio que ocupa?
El desgaste que ha sufrido la palabra "sostenible" en los últimos años ha sido trepidante. En apenas una década ha pasado de ser un concepto asociado a la arquitectura bioclimática y la eficiencia energética a convertirse en un reclamo omnipresente, desde botellas de agua hasta suites de seis mil euros la noche. El resultado ha sido una situación paradójica para la industria hotelera: cuanto más se repetía el término, menos significaba.
Por eso, el sector del lujo ha empezado a mirar hacia otra idea. El concepto de regeneración, muy presente desde hace años en disciplinas como la agricultura regenerativa o la economía circular, ha aterrizado con fuerza en el turismo. La diferencia es importante. Un hotel sostenible intenta reducir el daño que provoca. Un hotel regenerativo aspira a producir un efecto positivo y medible sobre el lugar donde se instala. Es un cambio de mentalidad que obliga a revisar desde la arquitectura hasta la gestión del agua, la contratación de proveedores o la relación con la comunidad local.
Consultoras especializadas en turismo de lujo, grupos hoteleros y organizaciones internacionales llevan varios años situando el turismo regenerativo entre las grandes transformaciones del sector. Por eso, algunos de los hoteles más admirados del mundo han dejado de hablar únicamente de emisiones de carbono para explicar cuántas hectáreas de bosque están restaurando, qué especies han regresado a sus terrenos o cuántos agricultores locales han incorporado a su cadena de suministro. El relato ya no gira únicamente alrededor del huésped.

Del impacto cero al impacto positivo
La regeneración parte de una idea que puede parecer sencilla, pero es bastante más difícil de ejecutar que instalar paneles solares. Reducir el impacto negativo ya no es suficiente. El objetivo consiste en que la actividad hotelera contribuya a mejorar un ecosistema, revitalizar una economía local o recuperar un patrimonio cultural que corría el riesgo de desaparecer.
Eso implica trabajar con indicadores muy distintos a los habituales. Algunos proyectos financian la recuperación de manglares o arrecifes de coral porque actúan como barreras naturales frente al cambio climático. Otros impulsan programas de reforestación con especies autóctonas, restauran suelos degradados mediante agricultura regenerativa o crean cooperativas para garantizar ingresos estables a pequeños productores de la zona. La experiencia del viajero sigue siendo excelente, pero deja de ser el único centro de gravedad del proyecto.
En muchos casos, la arquitectura también cambia de enfoque. En lugar de construir desde cero, aparecen rehabilitaciones de edificios históricos, utilización de materiales de proximidad, técnicas constructivas tradicionales y paisajismo diseñado para favorecer la biodiversidad.

Los hoteles que están marcando el camino
Uno de los ejemplos más citados es The Brando. El exclusivo refugio creado en el antiguo atolón privado de Marlon Brando en la Polineria Francesa lleva años funcionando como un laboratorio de innovación ambiental. Además de producir gran parte de su energía mediante fuentes renovables y sistemas de refrigeración con agua marina profunda, financia investigaciones científicas sobre biodiversidad y conservación del atolón a través de la Tetiaroa Society.
En Soneva Fushi la regeneración adopta una dimensión diferente. El grupo Soneva ha desarrollado programas de restauración de arrecifes, proyectos educativos y uno de los sistemas de reciclaje más avanzados del Índico. Su Eco Centro convierte residuos en nuevos materiales y parte de los beneficios financian iniciativas ambientales y sociales dentro y fuera de Maldivas. El lujo descalzo, tan asociado históricamente al archipiélago, incorpora aquí una infraestructura poco visible para el visitante, pero decisiva para entender el proyecto.

También hay que hablar del caso de Mashpi Lodge. Situado en plena reserva del bosque nuboso ecuatoriano, el hotel funciona como una plataforma científica desde la que biólogos e investigadores documentan nuevas especies y desarrollan programas de conservación. Los huéspedes pueden participar en algunas actividades de divulgación, aunque la prioridad sigue siendo proteger uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del planeta.
Más cerca de Europa, Borgo Pignano ha convertido una finca histórica en un ejemplo de agricultura regenerativa aplicada al turismo de lujo. Sus huertos, olivares y viñedos siguen principios ecológicos, mientras buena parte del mobiliario, la restauración arquitectónica y la gastronomía responden a una lógica de producción local.

Un nuevo lujo que también exige transparencia
La regeneración suena bien sobre el papel. Precisamente por eso también empieza a despertar cierto escepticismo entre expertos y viajeros. Igual que ocurrió con la sostenibilidad, existe el riesgo de que el concepto acabe convertido en una etiqueta vacía si no va acompañado de datos verificables.
Las certificaciones independientes, las auditorías ambientales y la publicación de indicadores empiezan a ser tan importantes como el diseño firmado por un arquitecto reconocido o una buena carta de vinos. Algunos hoteles publican informes anuales donde detallan consumos, restauración de hábitats o programas sociales financiados. Esa información, hace apenas unos años reservada a los departamentos de sostenibilidad, empieza a formar parte del relato (y el atractivo) comercial.