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Este espectacular spa está en la ciudad más bella del norte de España: tiene vistas al mar
Este espectacular spa está en la ciudad más bella del norte de España: tiene vistas al mar y promete relajación máxima
No solo es gourmet el restaurante de Pedro Subijana, en la ladera del monte Igueldo (San Sebastián). También lo es su Akelarre Hotel. Cuatro volúmenes de piedra con múltiples terrazas y un delicioso spa. Todo mirando al mar.
Hay pocas ciudades como San Sebastián, tan urbana y a la vez tan entrelazada con la naturaleza, ya sea mar, con la playa de la Concha por bandera, o montaña. En la Bella Easo no hay que elegir. Se puede subir a cualquiera de sus cumbres o surfear en su agitado mar. Es en la ladera de uno de sus montes, el Igueldo, un balcón como ninguno sobre el Cantábrico, donde se halla el feudo del chef y maestro de chefs Pedro Subijana (1948), que desde 2017 no solo es culinario.
A la emoción de coger el rudimentario funicular cremallera de 1912 con vagones de madera, que se abre paso entre auténticos bosques de hortensias, o merodear por su parque de atracciones vintage, se suma la tentación de alojarse en el Akelarre Hotel, el proyecto que Subijana concibió junto a su hija Oihana, con la idea de llevar la hospitalidad que practican en el restaurante a un hotel. Y conseguirlo respetando al máximo el medio ambiente.
El Monte Igueldo, un imprescindible de San Sebastián
Naturalmente, tenía que ser así tratándose de un lugar que es patrimonio emocional de Donostia, en consonancia con sus otras dos cumbres: la escarpada isla de Santa Clara y el monte Urgull, entre la Parte Vieja y el Paseo Nuevo, coronado por el castillo de la Mota (s. XII). Hay que subir a Urgull para ver bien Igueldo. Y bajar para encontrarse con la Construcción vacía, de Jorge Oteiza, una ventana abierta al mar y el empuje de sus olas.

El escultor vasco nos lleva de vuelta al Akelarre, no solo porque fue amigo de la familia, sino porque da nombre al restaurante hermano, presentado como «un espacio de encuentro donde disfrutar de platos deliciosos, un buen vino, un snack… y 1.400 m² de fantásticas terrazas desde donde contemplar puestas de sol inolvidables sobre el mar Cantábrico», tal y como enfatizan.
Se puede comer o cenar en sala, en el reservado o en la terraza frente al infinito. Por ejemplo, verduras de la huerta con jugo verde, lasagna de txangurro con berberechos, y pantxineta y helado de manzana asada de postre. También disfrutar de un tartar de salmón ahumado, unos calamares fritos y mahonesa de plancton, o unos mejillones rellenos en el Snack Bar. ¿Cócteles? También, y son de autor, diseñados por Patxi Troitiño.
Hotel Akelarre y Espazio Oteyza: dormir y comer frente al mar
Este Espazio, con Z de Oteiza, tiene su particular historia, que arranca con una pequeña escultura que el artista le regaló al chef. En señal de agradecimiento, Pedro Subijana, uno de los fundadores de la Nueva Cocina Vasca y referente de la alta cocina mundial, decidió bautizar así el espacio, que vino al mundo a la vez que el hotel de cinco estrellas. Todo en la misma propiedad. Desde esta atalaya hotelera se ve la costa vasco-francesa, los puertos de Orio y Guetaria, así como los acantilados de la costa de Vizcaya.

Aviso a navegantes: sus 22 habitaciones tienen algo de barco. Cuentan con terraza y dan al mar. Se enmarcan en tres categorías: la Superior Horizonte, de 45 metros cuadrados, la Junior Suite Panorámica, de 65; y la Akelarre Suite Océano, que llega a los 100. En el caso de las suites, el lujo se redobla porque gozan de una piscina climatizada, que recuerda a las termas de Vals de Peter Zumthor, rodeadas de las montañas suizas, salvando las distancias.
Un spa de lujo con un ventanal panorámico
Al estar vinculado con el Akelarre, que el mítico cocinero capitanea desde 1975, es «uno de los pocos hoteles del mundo que cuenta con su propio restaurante 3 estrellas Michelin». Semejante excelencia se quiso trasladar al espacio wellness, donde los Subijana han abrazado también la innovación y la vanguardia. Aquí, todo invita a la relajación.

Ochocientos metros cuadrados destinados al bienestar holístico, que se traduce en una piscina cubierta con circuito de hidroterapia, una sauna seca, el hammam y tres cabinas para tratamientos; una de ellas doble, para experiencias compartidas. Esas tumbonas puestas ante los enormes ventanales para recrearse en la contemplación del Cantábrico son puro objeto de deseo. Para la actividad física, ya está el gimnasio, abierto las 24 horas.
Innovación, vanguardia y paisaje
La arquitectura la firma el estudio Mecanismo. Cuatro volúmenes de piedra que se funden con el entorno y se abren a él mediante terrazas, que son privilegiados miradores. Solo la piedra, la madera y el metal intervienen, acentuando la atemporalidad y subrayando el perfil contemporáneo del complejo sin alterar apenas el paisaje.

La atmósfera del conjunto es refinada y minimalista, a lo que contribuyen los colores cálidos del interior, donde predominan la madera y los tejidos suaves. No es de extrañar que haya sido reconocido con dos Llaves Michelin, una distinción que lo sitúa entre los alojamientos más excepcionales del mundo.