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Estas islas están en nuestro Mediterráneo y son idílicas: un paseo en barco y el mejor baño
Estas islas están en nuestro Mediterráneo y son idílicas: un paseo en barco y un baño inolvidables
Tabarca y la isla de Benidorm, en Alicante, y el archipiélago de las Medas, en Girona, son nuestro próximo destino veraniego. Un plan de puerto, mar y barco. Otra respuesta más a por qué nos enamoramos de las islas, aunque no estén en el Egeo.
En Naxos abandonó Teseo a Ariadna, en Delos nacieron los gemelos Apolo y Ártemis, y en Íos está, se cuenta, la tumba de Homero. Lo subrayamos ahora que su nombre está en boca de todos por "La Odisea" de Christopher Nolan. Sí, las islas son pura mitología, puro éxtasis poético y pura encarnación literaria. Pero no vamos a poner rumbo al mar Egeo, aunque los vientos quieran llevarnos hasta allí, sino a nuestro Mediterráneo, al Mare Nostrum, literalmente. Frente a sus costas también hay seductoras islas. Y las tenemos a nuestro alcance con un viajecito en barco que promete ser la mar de encantador.
Rodeados de agua, el verano siempre es mejor. El verano y todo. Como dice el poeta Joseph Brodsky, a propósito de Venecia, el agua "proporciona doble belleza". Es lo que pasa en Tabarca, frente a la costa de Santa Pola, en Alicante. Tabarca tiene mucho de isla griega, con su blancura, sus toques en azul, sus flores y su vocación mediterránea. También es lo que se siente en la desconocida isla de Benidorm, siempre identificado con sus rascacielos y nunca con sus rincones pintorescos y su naturaleza, que la tiene. Y, por último, en las islas Medas, un archipiélago en la Costa Brava, frente a frente con Torroella de Montgrí, que es un paraíso del submarinismo. Ellas están en el objetivo de este cuaderno de bitácora estival.
Isla de Tabarca, un paraíso frente a Santa Pola
No hay palabras para describir la emoción que siente cuando se viaja en la Tabarquera, o cualquier otra embarcación, a esta isla por primera vez. Se puede llegar desde cualquier punto de la costa de Alicante, pero es Santa Pola el punto más cercano, a algo más de cuatro kilómetros de distancia. En tiempos estuvo tomada por los piratas, hasta que el conde de Aranda en 1760 decidió fortificarla y poblarla con los italianos que escaparon de la Tabarca genovesa ocupada por los tunecinos. Se llamaba isla de San Pedro y pasó a llamarse Nueva Tabarca.

El mar aquí parece aún más azul. Más allá de sus playas, sus calas recónditas y su pasmosa naturaleza virginal, lo que llama la atención es, precisamente, que está habitada. Ahora bien, solo una mitad de sus 30 hectáreas, con 1.800 metros de longitud y 400 de anchura máxima. Es el coqueto puerto el que divide la isla en dos. A un lado, todo horizonte, un espacio de alto valor ecológico, o sea, protegidísimo, por el que aventurarse hasta llegar al faro. A otro, el pueblecito, al que se accede por la puerta de San Rafael, de solo dos calles con sus casas en blanco y azul, donde apenas viven sesenta personas todo el año.
Para redondear la estampa, conserva el muro de defensa y la iglesia de San Pedro y San Pablo, levantada en el siglo XVIII sobre la capilla anterior, que mira hacia la plazuela sin dejar de vigilar el proceloso mar. Junto al templo, la puerta de San Miguel, que antaño fue la puerta principal. Tiene salida al pequeño cabo donde estuvo el puerto. Alrededor, la reserva natural marina, con poblados fondo marinos que piden a gritos buceo o snorkel. Es fácil sentirse un Robinson en esta isla plana, sobre todo fuera de temporada.
Isla de Benidorm, una joya paisajística en la meca del turismo
En Benidorm no todo son torres que irrumpen en el paisaje imponiendo la certeza de su verticalidad, ni todo locales de ocio con espíritu meramente vacacional. Nuestra localidad turística por excelencia, con permiso de Torremolinos y otros enclaves de referencia de la Costa de Sol, también tiene su isla. Es la isla de Benidorm, a solo 3,7 kilómetros desde el puerto, una joya paisajística y medioambiental habitada por las gaviotas y compañía. Más que isla, es islote por su tamaño: una superficie de siete hectáreas, 400 metros de largo, 260 de ancho y un altura de 73 metros.

Como la de Tabarca, cayó en manos de los piratas, que la utilizaban para sus ataques a las poblaciones costeras. Y sirvió igualmente de refugio. En esta ocasión, a familias llegadas del mismo Benidorm o de Villajoyosa que escapaban de la epidemia de cólera. De la misma manera tiene un fondo marino privilegiado, que se muestra desde los barcos con visión submarina. Es proverbial su gran riqueza piscícola. Por fortuna, no cayó en manos privadas, pues hubo hasta dos intentos de venta en los años 30. La salvaron los pescadores y los ayuntamientos de los dos municipios.
Curiosamente, se la conoce también como la isla de los Periodistas porque fue un grupo de estos quienes, mediado el siglo XX, la visitaron y hablaron al mundo de sus múltiples bondades. Antes ya estaba atravesada por la mitología, según la cual es un fragmento que un gigante encolerizado arrancó de la montaña y lanzó al mar. La versión real es que se trata de un afloramiento rocoso del Parque Natural de la Serra Gelada.
Las Medas, una reserva natural en la Costa Brava
Las Medas (o Medes, en catalán) constituyen un archipiélago compuesto por siete islotes en la Costa Brava (Girona). A saber: la Meda Gran, la Meda Xica, el Carall Bernat, los Tascons Grossos, los Tascons Petits, el Medallot y Les Ferranelles. Son los últimos contrafuertes del macizo del Montgrí, que va a desembocar al mar. De hecho, integran el Parque Natural del Montgrí, las Islas Medas y el Bajo Ter, con una extensión de 21,5 hectáreas terrestres. Como cabe imaginar, de incalculable valor ecológico. El Espai Medes, en el Port de l’Estartit, es el sitio ideal para hacer una inmersión en su cultura marinera.

Este archipiélago, situado a menos de dos kilómetros de la playa de L'Estartit, municipio integrado en Torroella de Montgrí, en el Bajo Ampurdán, se revela como una meca para los amantes del submarinismo, que tienen aquí una de las reservas de flora y fauna más relevantes del Mediterráneo occidental.
No falta su peso en la historia, casi leyenda, como que sirvió de necrópolis; y que alojó -concretamente, la Meda Grande- una fortificación construida por los caballeros del Santo Sepulcro en el siglo XV, aprovechada después por los piratas y, más tarde, como cárcel y alojamiento de una guarnición militar. El hecho de estar deshabitada y de gozar de especial protección medioambiental desde los años ochenta permitió mantener a salvo su fondo marino, de más valor aún por estar próximo a la desembocadura del río Ter.